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Hay, ¿pero no te toca?

En el tiempo se nos pierde el origen de una facilidad que la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Ministerio de Comercio Interior pusieron a disposición, sobre todo, de las mujeres trabajadoras: el plan jaba.

De mis años de estudiante recuerdo que en casa no hubo acceso a esa posibilidad porque mi abuela no era empleada estatal y había varios muchachos en edad escolar que asumirían alguna cola mientras mami laboraba.

Desde entonces hubo quienes hicieron mil y una maromas para comprar sin poseer el minúsculo sello presillado en el reverso de su libreta de abastecimiento. Durante años se le cortó el pasodoble a muchos, porque alguna dirigente de la FMC y más adelante, el delegado del Poder Popular o el propio carnicero, velaban por la disciplina en la fila.

Con el tiempo aquella “furia” pasó. Sé de lugares donde hablar del plan jaba es motivo de discusiones y anécdotas nada agradables. Si encuestamos a un sinnúmero de mujeres trabajadoras, de seguro responderán que no existe, aunque, al menos en la capital, hay un reducto en algún que otro barrio.

Confieso que en mis casi 35 años de trabajadora nunca me preocupé por tener el sello ni cuando este fue sustituido por la firma de la funcionaria de la FMC. Se había viciado tanto la cola del plan jaba que en muchas ocasiones la otra estaba más corta y era por donde compraba. Al mudarme para Alamar aquella posibilidad se volvió dinosaurio. Pero llegamos al 2017, y la carta de unas vecinas de la calle Concepción, entre 15 y 16, en Lawton, me obliga a tratar el tema.

Somos afectadas por la indolencia de algunas personas, que de una manera descompuesta insultan, sin ninguna razón, a quienes en la carnicería, la bodega u otro establecimiento piden el último del plan jaba —refieren en la carta—, en la cual subrayan que tienen entendido que ese derecho sigue vigente.

Sin embargo —añaden— no hay quien compruebe la tenencia de la firma, ni vele por el orden de la cola con la consiguiente ganancia de los pescadores ilegales, parafraseando lo de a río revuelto…

Las lectoras aprovechan para incluir en su texto algunas dudas respecto a si los esposos de las trabajadoras pueden comprar por el plan jaba si su pareja está laborando o llega tarde cuando los establecimientos de servicio ya se encuentran cerrados; si es posible que un hombre que vive solo sea autorizado para recibir esa ayuda y si este beneficio tiene validez los sábados, específicamente para los casos de las mujeres que trabajan los domingos.

Hasta aquí una preocupación que, como todas, merece respuesta, en especial para un sector que sigue a la avanzada en todas las tareas de la sociedad y también en el hogar.

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