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Nicolás Guillén: poeta solidario

Nicolás Guillén (de pie con el saco debajo del brazo) en Valencia, junto a otros intelectuales participantes en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. A su lado, Juan Marinello, nombrado jefe de las delegaciones hispanoamericanas.

 

“España es la experiencia más rica de nuestro tiempo, y asomarse a esa experiencia, participar en ella de algún modo, es tocar de cerca la carne de la Revolución en marcha”. Así valoró Nicolás Guillén la heroica lucha del pueblo español que tuvo lugar entre 1936 y 1939 en defensa de la república contra la sublevación militar falangista apoyada por Hitler y Mussolini.

Quiso el azar que Guillén celebrara en España sus 35 años, en el transcurso del histórico evento que lo llevó a esa tierra: el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, efectuado en la primera quincena de julio de 1937 en ciudades españolas como Barcelona, Valencia y Madrid; y también en París.

En esa cita, que reunió a lo mejor de la intelectualidad mundial para manifestar su apoyo a la causa de los republicanos españoles, la delegación cubana estuvo integrada además por Juan Marinello, al que nombraron jefe de las delegaciones hispanoamericanas, el poeta Félix Pita Rodríguez , el novelista Alejo Carpentier y el escritor Leonardo Fernández Sánchez.

En el documentado y profundo estudio de la vida y obra de nuestro poeta nacional, realizado por Ángel Augier, quien fue su amigo y compartió con él labores políticas, periodísticas y literarias, este califica como determinante en la existencia y el quehacer de Guillén su contacto con la España republicana en lucha contra la versión peninsular del fascismo.

Sobre la trascendencia que ello tuvo en la trayectoria poética del bardo camagüeyano, destacó Augier: “De lo particular negro de Motivos de son, llega a lo general cubano de Sóngoro cosongo, para seguir enseguida a la dimensión antillana de West Indies. Ltd y alcanzar luego la americana de Cantos para soldados y sones para turistas.

“Pero inmediatamente después, cuando aún resonaban los ecos de esta última hazaña continental poética, logra Guillén el pleno sentido universal con España, poema en cuatro angustias y una esperanza, que escribió en mayo de 1937 en México, y que constituye la culminación de una limpia actitud humana y una henchida plenitud lírica”.

Los versos, que ensamblan con singular maestría la posición política revolucionaria del poeta con un alto vuelo poético, reflejan dentro de los más diversos moldes expresivos la tragedia que vivía aquel pueblo. Así lo describe en la Angustia primera: ¡Miradla, a España, rota!/ Y pájaros volando sobre ruinas,/ y el fachismo y su bota,/ y faroles sin luz en las esquinas,/ y los puños en alto,/ y los pechos despiertos,/ y obuses estallando en el asfalto/ sobre caballos ya definitivamente muertos; / y lágrimas marinas,/ saladas, curvas, chocando contra todos los puertos;/ y gritos que se asoman a las bocas/ y a los ojos coléricos, abiertos, bien abiertos/ miradas de metales y rocas.

Y junto al dramatismo de las escenas, la solidaridad del poeta expresada en La voz esperanzada: “Yo,/ hijo de América,/ hijo de ti y de África,/ esclavo ayer de mayorales blancos dueños de látigos coléricos;/ hoy esclavo de rojos yanquis azucareros y voraces;/ yo, chapoteando en la oscura sangre en la que se mojan mis Antillas;/ ahogado en el humo agriverde de los cañaverales: sepultado en el fango de todas las cárceles;/ cercado día y noche por insaciables bayonetas;/ perdido en las florestas ululantes de las islas crucificadas en la cruz del Trópico;/ yo, hijo de América,/ corro hacia ti, muero por ti.

El Congreso comenzó el 4 de julio en la Sala Consistorial (Ayuntamiento) de Valencia, luego pasó a Madrid, retornaron los debates a la primera ciudad y se clausuró en Barcelona el día 10, coincidente con el cumpleaños de Guillén, quien había nacido en esa fecha en 1902. Profunda emoción había causado en los delegados la visita, en medio de las deliberaciones, de combatientes que acababan de vencer en algunos de los frentes.

En el transcurso del encuentro, Guillén se refirió a un tema que era motivo constante de su obra, el negro, en el contexto de las ideas de superioridad racial del fascismo. En otras dos sesiones del Congreso que se efectuaron los días 16 y 17 de julio en París, insistió en el asunto, cuando al abordar lo que significaría en su patria el triunfo de las ideas fascistas, explicó que el negro “forma parte de la mayoría de las clases trabajadoras, esclavizadas, de Cuba y está ligado, por tanto, dolorosamente, a todo el sombrío proceso de aquella sociedad semicolonial saqueada por el imperialismo norteamericano. ¿Cómo no va a sentir en lo más hondo de su tragedia la tragedia del pueblo español? La siente y comparte con el blanco del pueblo los mismos ardores de liberación y lucha que conmueven a todos los hombres del mundo, sin más raza que la humana”.

A través de sus entrevistas y crónicas enviadas al semanario Mediodía, cuyo comité de redacción integró junto con otros intelectuales de izquierda, el poeta dio a conocer sus impresiones de primera mano sobre esa heroica gesta, que fueron reproducidas por numerosas publicaciones del continente.

Mucho más haría Guillén a favor de esa causa. Aquellas vivencias lo marcarían profundamente no solo como creador sino como revolucionario, y una muestra de ello fue que en ese mismo año de 1937 se produjo su ingreso al Partido Comunista.

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