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La lucha contra el tabaquismo

Las advertencias siempre están; continuamente oímos que el “humo ajeno mata”. Pero… ¿realmente somos conscientes de la gravedad del asunto? En esta lucha las cifras impactan un poco más.

Ilustración: Yoan Manuel Figueredo Llanes

 

Según los reportes, casi la mitad de los niños respiran diariamente aire contaminado por humo de tabaco en lugares públicos y esto causa alrededor de 890 mil muertes prematuras cada año.

El tabaquismo empobrece a las familias y debilita las economías nacionales, con independencia de edad, raza, sexo, cultura y educación.

Este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) enfocó su campaña contra el hábito de fumar y hacia la toma de conciencia sobre el grave problema de salud pública que acarrea; la epidemia del tabaquismo constituye una amenaza para la humanidad.

Bajo el lema El tabaco, una amenaza para el desarrollo, el documento de la OMS explicó la urgente necesidad de aplicar y fortalecer las medidas de control desde el trabajo con niños, adolescentes y jóvenes.

Una de las prioridades y objetivos de desarrollo en Cuba es lograr la no iniciación tabáquica en dichos grupos etarios, consolidar las diferentes regulaciones institucionales establecidas, y llamar la atención respecto a los ambientes libres de humo de tabaco, aclaró la doctora Elba Lorenzo Vázquez, coordinadora nacional del Programa de Prevención y Control del Tabaquismo.

Este se traduce en una estrategia con la que cuenta el país desde 1986. Se pretende actualizarla con un nuevo estudio de tabaquismo en adolescentes y jóvenes para comparar la evolución de prevalencia en el territorio nacional, la cual según observaciones del Ministerio de Salud Pública, se ha incrementado. En América Latina, Cuba ocupa el tercer lugar en prevalencia de tabaquismo, con un 24 % de la población que fuma activamente, subrayó la experta.

“En determinados grupos de edades como el de los adolescentes, ha aumentado el consumo de tabaco, de acuerdo con los resultados de la encuesta nacional de tabaquismo en jóvenes de entre 13 y 15 años, realizada en el año 2010; la cual nos está alertando sobre la necesidad de ser más directos en las acciones preventivas”.

El control conduce a caminos más sanos

La lucha antitabáquica —incluida en la Agenda para el Desarrollo Sostenible— es una de las formas más eficaces de contribuir al logro de la meta hasta el 2030. Reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles en todo el mundo, incluidas las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las pulmonares obstructivas crónicas, es la prioridad máxima.

Los reportes internacionales anuncian que casi 3 millones de personas han muerto en lo que va de año por causas atribuibles a tal droga, la cual es paradójicamente la más prevenible.

Elba Lorenzo comentó que en Cuba las leyes están un poco dispersas sobre las acciones regulatorias. “Aún no contamos con una legislación que abarque a toda la sociedad. Solo contamos con normas jurídicas para la regulación y el control del consumo del tabaco en diferentes espacios de la vida cotidiana.

“La principal problemática radica en que el fumador no respeta el derecho de la persona que no fuma, y este último no defiende siempre el suyo a no exponernos a ese humo”, continuó la especialista.

Según datos ofrecidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), más de la mitad de los integrantes de las familias cubanas están expuestos al humo del cigarro; el 55 % de los niños, el 51 % de las embarazadas y el 60 % de los adolescentes están sometidos a este agente contaminante. Tales datos nos ubican en el primer país de América con exposición de humo de tabaco en el hogar.

De ahí el papel que debe desempeñar la familia dentro de casa, donde los más afectados son los niños. En los hijos pequeños de padres fumadores aumenta el riesgo de infecciones en el sistema respiratorio inferior, hasta causar neumonía y bronquitis. Además, aumenta la posibilidad de los infantes de que sufran una disminución de la función pulmonar, provocando catarros frecuentes y hospitalizaciones evitables.

La doctora Lorenzo detalló que no solo perjudica a los más jóvenes por las afectaciones directas que producen los componentes tóxicos del tabaco. “Los cigarrillos se consideran como droga de iniciación, lo que significa que su consumo suele preceder al del alcohol o de drogas ilícitas”.

Saber controlar desde la educación

Desde el año 1974 existe la normativa que prohíbe fumar en instituciones y entidades estatales, entre ellas, los centros educativos. La Máster en Ciencias Yanira Gómez Delgado, jefa del Departamento Independiente de Salud Escolar, del Ministerio de Educación, destacó que fumar en las instituciones educativas es considerado una indisciplina grave, y hay normas que prohíben el consumo de tabaco en estos espacios.

“Las regulaciones están concebidas para que sean efectivas, teniendo en cuenta las particularidades de cada sistema de enseñanza; y a pesar de la literatura en uso, es necesario fomentar también iniciativas que aporten, desde lo metodológico, a lo estipulado en el marco legal ya establecido.

“Ninguna persona que labore en los centros educacionales puede fumar en sus áreas, no solo para evitar que los alumnos padezcan los efectos de ser fumadores pasivos sino también para promover con su conducta una posición antitabáquica”, argumentó.

El Programa de Prevención y Control del Tabaquismo es una prioridad dentro del tratamiento curricular en las instituciones docentes como parte de la labor educativa para la prevención de las adicciones, y estimular la conducta de rechazo al consumo de sustancias tóxicas.

Gómez Delgado, además, precisó que hay materiales impresos y en formato digital para la capacitación de los docentes en todos los niveles de enseñanza y que con esa preparación deben ser capaces de convertirse en agentes preventivos del consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, así como identificar de manera precoz signos y síntomas del consumo en sus estudiantes.

Hoy la creación de espacios libres de humo de tabaco es el único medio eficaz y reconocido para proteger a los niños, adolescentes y jóvenes, y alcanzar la meta de reducción del 30 % en la prevalencia del tabaquismo para el año 2025, según el compromiso de los gobiernos adscritos en la Agenda para el Desarrollo Sostenible.

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