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Desde la ficción, una historia desgarradora

Los personajes se fueron construyendo a partir de las propias historias, o de la fusión de varias, que vivieron los protagonistas de la épica lucha contra bandidos en varios puntos del país, pero que tuvo su epicentro en las montañas del Escambray.

Alberto Luberta Martínez —al centro— durante su primera dirección general
de una serie. Foto: Cortesía de los realizadores

 

La escenografía semeja aquellos paisajes naturales, mientras el vestuario, el maquillaje y los atuendos de cada grupo (milicianos, oficiales de las FAR y el MININT, campesinos y bandidos) reflejan un ambiente tan cercano a la realidad que hace a muchos dudar de que sea una serie de ficción. La historia está profundamente investigada y recreada en LCB: La otra guerra, que transmite Cubavisión, en el horario estelar de los sábados en la noche.

Sobre una historia verídica

“Tiene mucho de ficción en la medida en que uno les cambia los nombres a los personajes y funde una historia con otra; hay sucesos que ocurrieron en Sierra de Cubitas (Camagüey) o en Santiago de Cuba, pero nosotros los ubicamos todos en una zona del Escambray que llamamos Hoyo de Mayabón, que no existe, como sí están Méyer, Condado, Limones Cantero, entre otros”, explicó Alberto Luberta Martínez, director general de la serie.

“Uno de los personajes centrales: Mongo Castillo (Osvaldo Doimeadiós), se construyó a partir de la fusión de dos prácticos, y el resto de la familia, sus conflictos, son parte de la ficción; está en los 15 capítulos, en unos con más en otros con menos protagonismo.

“El Gallo, que encarna Fernando Echevarría, se centra en las hazañas del Caballo de Mayaguara (Gustavo Castellón), un hombre de pueblo muy importante como muchos otros, mas no podíamos diluir la acción dramática agregando a todos los que participaron; por eso es difícil encontrar un protagonista.

“Lo más loable de la serie es la investigación histórica que había desarrollado Eduardo Vázquez, el coguionista, antes de invitarme a escribir juntos el guion. Yo estaba grabando la primera temporada del policíaco UNO, y me habló de realizar esta inspirada en la lucha contra bandidos; él sabe que me gustan las cosas arriesgadas y trabajosas, y me encantó la historia. Hay otras dignas de llevarlas a la pantalla, que en esta quedaron fuera.

“Eduardo había entrevistado a varias de las personas que participaron en la LCB, incluso trabajando juntos fuimos a Sancti Spíritus, a Méyer, y hablamos con los integrantes de la tropa del Caballo de Mayaguara y con algunos jefes de pelotones que eran muy jóvenes entonces, y siguen viviendo en sus lugares de origen, con gran orgullo de lo que hicieron. “Otro elemento que ayudó a crear ese ambiente realidad-ficción fueron las indagaciones sobre la época que realizaron los escenógrafos, y las entrevistas que se concertaron entre actores y personajes reales. Niusvel Ventura hizo sus propias preguntas a un capitán retirado que tenía las mismas funciones que él asume en el capitán Hugo (de las FAR).

“Igual sucedió con Sergio, que interpreta Raysel Cruz, quien conversó con algunos de los protagonistas de la LCB y con más de un oficial. Otros actores tuvieron sesiones con Eduardo y se fueron adentrando en aquel ambiente”, reconoce Albertico Luberta.

Juntar a un centenar de actores

Para Javier Gómez Sánchez, el codirector, lo más difícil fue asumir un proyecto de esta envergadura, que hacía tiempo no se veía en la televisión, de corte histórico- dramatizado, con una cantidad considerable de capítulos, que reuniera a 102 personajes. “Nos vimos ante muchos retos, pues la experiencia de los realizadores y los mecanismos se van perdiendo por la ausencia de programas como estos, y con ello la fluidez con que las cosas deben funcionar.

“Y aunque los actores se quejan de la falta de trabajo, después de conseguir esa cantidad, por el corrimiento de las fechas de la filmación, a muchos les chocaban los días de grabación con otros programas que estaban haciendo. Fue complicado armar el plan de rodajes, también incidieron las lluvias durante todo el verano pasado, pero una vez que arrancamos, salvo una parada, logramos concluir con los mismos que comenzaron, lo que es un gran logro de la producción y de la dirección.

“Todas las locaciones estaban en lugares agrestes. En la finca de Managua, el campamento estaba en un punto y muy lejos de allí, llegando en carretas tiradas por tractores, estaban los sets de rodajes, y aunque teníamos comunicación era complicado hacer la supervisión de tantas cosas: escenografías, ambientación, maquillaje…, y al mismo tiempo alejarnos de carreteras, fuentes de ruido, cables eléctricos y cosas que no podían aparecer”.

Las insatisfacciones de Albertico y Javier no se centran en el desempeño actoral ni técnico, sino en las relaciones de personajes que debieron haber cuajado más, sobre todo al abordar temas actuales como la cooperativa; “los cambios que algunos no entendían que traía la Revolución, y ahí están conflictos como el de Porfilio (Félix Beatón) y el de Mongo Castillo, y los de otros que querían seguir viviendo su vida anterior. Ese choque entre lo viejo y lo nuevo se debió remarcar más”, dijo el codirector.

Ambos reconocen el éxito que significa haber captado al público desde el primer capítulo, lo cual han observado a través de las redes sociales o los vínculos personales, y aunque algunos cuestionan el alto grado de violencia que transmite la serie, reconocen que los sucesos que le dan pie fueron desgarradores, lo cual no justifica totalmente lo realizado, “quizás fue un error no haber buscado más equilibrio”, comentó Albertico.

Javier Gómez siente la ausencia de la crítica de voces autorizadas que hay en el país, pues a partir de que determinado trabajo toma una connotación política, patriótica, histórica y tiene un éxito social asociado se cohíben. “Nos gustaría que valoraran la obra desde un punto de vista artístico, técnico, televisivo y audiovisual”.

Escenificar o narrar

No hubo disyuntivas a la hora de escenificar o narrar las historias que se cuentan sobre la lucha contra bandidos. Los realizadores tuvieron la convicción de profundizar en los temas menos tratados o menos conocidos, por eso se presentan desde las perspectivas del diálogo o la fábula el caso de Manuel Ascunce y la Operación Trasbordo, que fueron asumidos en emblemáticas películas tituladas El Brigadista y El Hombre de Maisinicú.

Sin embargo, tanto a Alberto Luberta como a Javier Gómez los desconcierta el desconocimiento que tiene la población sobre los sucesos acaecidos durante la llamada Lucha Contra Bandidos, lo cual han evidenciado durante la retroalimentación, y los reafirma en la necesidad de hacer series que cuenten la rica historia protagonizada por los cubanos durante las gestas revolucionarias. “Muchas incidencias de esta misma guerra quedaron fuera de la serie por disímiles razones”, afirmó el director general.

Por estos días el equipo de realización trabaja aún en la edición de los últimos capítulos, con el recuerdo de instantes memorables como los vividos en los cuatro días continuos en la inhóspita loma de Marianao (donde hubo hasta desmayados), bajo la intensa lluvia o en aquel río perfecto para la filmación y cuando llegaron a hacerla estaba cubierto de malanguetas, “de donde ningún bandido podría escapar”, acota riendo Albertico.

Para quien se anota la primera dirección general de una serie televisiva queda la satisfacción por la polémica que esta ha despertado y su acogida en los medios de comunicación. Para los televidentes, el gusto por disfrutar de una obra bien tejida, con excelente dirección, desempeño actoral (mayoría del elenco) y escenografía, que nos mantiene tensos durante los 27 minutos del sábado o el martes (en retransmisión), nos ha hecho levantar de los asientos o hasta sentir correr alguna lágrima. Ojalá sigan apareciendo otras como LCB: La otra guerra. 

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