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Alternativas con sentido de familia

Los más recientes Decreto-Leyes y resoluciones publicados en la Gaceta Oficial  acerca de las nuevas garantías a la maternidad,  instituyen beneficios económicos para la mujer trabajadora y fortalecen el papel de la familia en el cuidado de los menores a la vez que reafirman la voluntad del Estado cubano de seguir protegiendo a las cubanas.

El beneficio llega hasta las trabajadoras por  cuenta propia, pues la Resolución No. 26 del Ministerio de Finanzas y Precios, modifica  la Ley número 113 Del Sistema Tributario, del 23 de julio del 2012.  A partir de ahora, a las cuentapropistas que sean madres de dos o más hijos menores de 17 años, se les reducirá el 50 % el pago de las cuotas mensuales del Impuesto sobre Ingresos Personales.

En correspondencia con el escenario actual del país, en el que existe un acentuado envejecimiento de la población y una baja fecundidad, las autoridades gubernamentales establecen estrategias que estimulen y favorezcan a las familias que tienen hijos e hijas en las edades comprendidas en los decretos y resoluciones.

Vuelve de nuevo a estar en el centro de las políticas la mujer trabajadora, principal destinataria de estos beneficios.  Revolucionario en su esencia fue el Decreto Ley 234, cuyos principios estuvieron dirigidos no solo a la protección de la mujer que estaba inmersa en el proceso de maternidad, si no, que reforzó la responsabilidad compartida “como principio de las relaciones paterno-filiales redimensionando el rol de la figura paterna en la educación, cuidado y atención de los hijos e hijas”.

Promulgado el 13 de agosto de 2003, el mencionado Decreto Ley mantuvo la esencia del anterior, pero incluyó  importantes adiciones. Para los expertos, la más significativa fue la planteada en el artículo 16, que daba la oportunidad, una vez concluida la licencia postnatal, así como la etapa de lactancia materna, que la madre y el padre decidieran cuál de ellos cuidaría al hijo o hija y en qué forma distribuirían dicha responsabilidad hasta el primer año de vida, entre otros elementos.

Sin embargo, tal como constataron las cifras, a lo largo de los años, han sido pocos los hombres que optaron por ese derecho, lo cual demostró que no es suficiente con la voluntad de potenciar y establecer el marco jurídico hacia la igualdad.

Un reciente reportaje de la televisión cubana, reiteró patrones preestablecidos en algunas personas que siguen viendo la crianza de los bebés como una cuestión que corresponde a la madre, pues en el decir de algunos de los entrevistados “nadie como ella para entender y atender  al  pequeño”. Romper los patrones culturales patriarcales prestablecidos impone mayor divulgación de las leyes. Aquellos pocos que se han atrevido ─ rompiendo esquemas sexistas y disfrutando el derecho de la Ley─, demuestran que las niñas y niños necesitan brazos que den amor y oídos  solícitos a responder a sus llamados. Ahora, por demás, también se da la oportunidad a que otros familiares, tan importantes como abuelos maternos o paternos, obtengan ese derecho, lo que proporciona otras disyuntivas a la trabajadora.

En estos días en que se rinde homenaje a las mujeres  ─digo yo que va más allá de una jornada─ preferí comenzar este comentario por lo más actual que desde el punto jurídico aprobó el gobierno. Pero, como ya se ha dicho muchas veces ─ y vale reiterar─ fueron ellas (o nosotras) de las grandes privilegiadas con el triunfo de la Revolución.

Discriminadas y analfabetas en su inmensa mayoría, la población femenina comenzó a disfrutar desde un inicio de un conjunto de medidas que  transformaron su vida e historia. La creación de círculos infantiles, el Código de Familia, la Ley de Protección e Higiene del Trabajo y la de Seguridad Social, por solo citar esos ejemplos, tributaron importantes oportunidades.

Si hoy podemos hablar de que representan el 81,9 % de los maestros, profesores y científicos; más del 70 % de los jueces y fiscales y el 48,86 % de los diputados al Parlamento, es gracias al acceso que desde un inicio tuvieron a la educación y a todos los espacios de la sociedad.

Se sabe que estos Decretos-Leyes y resoluciones no llegan a satisfacer todas las necesidades de las mujeres trabajadoras, pero constituyen un alivio a muchas, que se han visto obligadas a buscar alternativas a su situación para poder trabajar. Es también la certeza de que en el proceso de actualización, se sigue pensando que en el centro está la familia.

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