Icono del sitio Trabajadores

La apasionada Locomotora de Colón

La madre despertó a Raulito temprano y solo le pidió que no hiciera bulla. Se vistió rápido, a pesar de que no entendía por qué tanto apuro y sigilo. Abandonó su Corralillo natal de madrugada y con solo 5 años. Cuando llegó a Colón se percató de que su padre no había ido con ellos, estaba esperándolos allá. La policía batistiana lo perseguía por sus actividades revolucionarias en Las Villas para la familia y se hacía imposible vivir allí.

Así arribó la más puntual y apasionada Locomotora al hoy municipio de Colón. Y todos los días Raúl Vázquez soñaba con una bicicleta, aunque se despertara llorando porque solo era un sueño. En 1963 alguien pasó vendiendo una bicicleta china por la obra donde laboraba junto a su padre como ayudante de albañil y ante la aprobación de este, la compró con una sonrisa de oreja a oreja.

“Eso fue a los 15 años. Luego me compré una mejor, una Diamond alemana, a la que le quité los guardafangos y le cambié el timón por otro para romper el aire. Con esa bicicleta me presenté en una competencia local y gané”.

Y a puro pulmón, la Locomotora comenzó a pitar…

En la tercera Vuelta Ciclística a Cuba terminé en el lugar 19 y poco tiempo después fui seleccionado para los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Puerto Rico al ganar las eliminatorias en el malecón habanero. Tenía 18 años y perdí el bronce por una décima de segundo con un venezolano. Pagué la novatada y el cambio de multiplicación que me pusieron los entrenadores en el piñón fijo (51-15) me afectó.

La referencia, la imitación, el padre y el amigo.

Entre Luis Gaínza y yo se abrió una gran amistad. Todo lo que aprendí se lo debo a él. Más que un entrenador fue un padre, un maestro. Sin embargo, nunca se imaginó que siempre traté de imitar su estilo, único en los años 60, por su forma rítmica y pareja de pedalear.

Se acerca a la estación del triunfo…

El quinto puesto en la cuarta Vuelta y el tercero del año siguiente me dieron confianza de que podía ganarla algún día. Era una época de ciclistas duros y donde Pipián sobresalía por encima del resto. En 1971 iba de líder Aldo Arencibia hasta que en la contrarreloj me puse al frente de la general individual por cuatro segundos. Y así terminó la historia. Fue la mayor y más grata experiencia en mi carrera deportiva. También recibí el premio de la combatividad.

Una parada para un imbatible, para Pipián.   

Es obvio que el más completo de nosotros en esos momentos era Pipián. Nunca se va a escribir cómo era El Guajiro sobre la bicicleta porque para eso había que estar con él en la carretera. Su valentía, arrojo y vergüenza lo hacían imbatible. Contribuyó, en gran medida, a mostrar el adelanto de los ciclistas cubanos al mundo.

Fuannnn, Fuannnn, anuncia su partida la Locomotora.

“Me distinguí siempre por ser un caballero dentro del pelotón. Nunca tumbé a nadie, ni siquiera por accidente. Respetaba la camiseta de líder si estaba en mi equipo y la cuidaba hasta el final. Trabajé mucho para el colectivo, porque en la carretera no se puede triunfar si no existe una labor de conjunto.

El ABC del ciclismo, disciplina y recuperación.

“Sí, conozco esa encuesta en la que se puso entre las virtudes para el rutero ideal mi disciplina y recuperación en la competencia. Mucho le debo a Reinaldo Paseiro esos aspectos, pues no se cansaba de darme consejos en un momento donde estábamos aprendiendo. Lo fundamental era cumplir la disciplina táctica.

Y la “Locomotora” no frenaba en la Carrera de la Paz.

“Nunca me ha gustado  retirarme de un evento. En la Vuelta a Cuba jamás lo hice y en el extranjero solo una vez, en una Carrera de la Paz. Ese año había 2 o 3 grados de temperatura en Europa y la gente del equipo se fue retirando poco a poco y el único que persistía era yo. Un día los labios se me congelaron y aunque quería darle a los pedales no podía. Esa noche lloré muchísimo porque fue la única justa que no terminé.

¿Un último viaje de la “Locomotora”? 

El sobrenombre de Locomotora de Colón lo creó el periodista Elio Menéndez al ver mi fuerza en los remates finales y el empuje que daba en momentos cruciales. Con el tiempo se hizo famoso y me gustó, porque modestamente identifica también a mi Colón querido.

Le pregunto por Corralillo y la anécdota inicial vuelve a salir. “Lo que quedó en la memoria es que mis padres deseaban la felicidad de su hijo, que se despertaba llorando por el sueño de una bicicleta”.

Compartir...
Salir de la versión móvil