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El mundo en medio millar de electores

Foto: Europa Press
Foto: Europa Press

El Colegio Electoral, singularidad del sistema estadounidense, debe confirmar este lunes al magnate Donald Trump como el 45° presidente de Estados Unidos.

Sus miembros, los 538 “grandes electores” votados en las urnas el pasado 8 de noviembre, han estado en la mirilla de los inconformes, y se han convertido en los destinatarios de una campaña que los exhorta a “convertirse en héroes estadounidenses que aparecerán en los libros como aquellos que cambiaron la historia», según afirma un audiovisual secundado por cinco millones de firmas y algunas estrellas de Hollywood, como Martin Sheen.

Pero la iniciativa tiene pocos chances de prosperar, como bien reconocen los medios, pues harían falta 37 «electores infieles» al Grand Old Party (GOP, partido Republicano) que decidan abandonar a Trump para secundar a Hillary Clinton. Hasta el momento solo tienen uno: Christopher Suprun, de Texas.

Según sus críticos, el modelo de elección indirecta de Estados Unidos va contra el principio «un hombre, un voto» y propicia que los candidatos concentren sus esfuerzos en los Estados que les resultan más convenientes, despreciando así la opinión de millones de electores.

El pasado 8 de noviembre los estadounidenses no eligieron al nuevo inquilino de la Casa Blanca, sino a una lista de delegados que deberán asumir el “clamor popular” y serán los encargados de votar verdaderamente por el presidente.

Cada Estado cuenta con un número determinado de grandes electores, y el candidato que obtiene una mayoría de votos en un Estado, generalmente se queda con todos ellos. Es así como funciona el sistema.

No obstante, el sistema está vigente desde la Constitución de 1787, nunca ha sido modificado ni hay indicios de que lo será, a pesar de las propuestas de enmiendas constitucionales llegadas al Congreso para evaluar el tema.

Según los resultados del “super martes”, como se le conoce al día de la elección, Donald Trump ganó el favor de al menos 306 de los 538 grandes electores; si bien su contrincante, Hillary Clinton, captó para sí el llamado voto popular.

Si el Colegio Electoral revertiera ese veredicto, sería la Cámara de Representantes (también ahora en manos republicanas) la responsable de designar al nuevo presidente. Pero ese rol prominente solo le ha correspondido en pocas ocasiones, la última vez ocurrió en 1824, cuando terminó por proclamar a John Quincy Adams como presidente de los Estados Unidos.

Pero ese es el escenario menos probable, lo más seguro es que este lunes, cuando los  “grandes electores” sesionen en cada uno de los 50 estados de la nación, los destinos de buena parte del mundo estarán en manos de algo más de medio millar de habitantes.

 

 

 

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