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En Camagüey, rostros del homenaje a un hombre bueno

Alicia y Francisco. Foto: Leandro Pérez Pérez
Alicia y Francisco. Foto: Leandro Pérez Pérez

 

Por Yanetsy León González y Amaury M. Valdivia Fernández

A ratos, Alicia piensa que no es verdad, que él solo se ha ido un momento y regresará pronto. Aún le cuesta aceptar lo sucedido. Tampoco a Francisco, su esposo, le resulta fácil asumir emociones que ahora lo dominan.

Luego de más noventa años de vida, de medio siglo casados, ambos se sienten dependientes entre sí, se necesitan más que nunca para enfrentar la noticia de lo que un día debía ocurrir pero que todavía “duele muy dentro”.

Sobre silla de ruedas, ella, con paso lento, él; así, atravesaron el centro histórico de la ciudad de Camagüey para rendir tributo al Comandante. “Nosotros hemos sentido mucho esta muerte de Fidel; tanto, que cuesta hablar de ella”, dice Francisco mientras conduce a su inseparable Alicia por sobre el pavimento de hormigón y ladrillos de la Plaza de la Revolución Ignacio Agramonte. Allí, en el Salón Jimaguayú, está su foto rodeada de flores traídas desde los cuatro puntos cardinales de la provincia.

Han llegado de la mano de miles de camagüeyanos, en ramos lujosos o como un simple atado de margaritas arrancadas en un jardín; alguien dejó también una pequeña bandera cubana.

Afuera, la fila se mantiene inalterable. Para que las personas no tengan que pasar tanto tiempo esperando, el tributo se ha organizado por los cuatro distritos que conforman la ciudad; dos ayer lunes, los restantes en el transcurso de este martes. Incluso, ha sido necesario extender los horarios. “Es que también han venido personas de otros municipios”, explica Roger, un floridano que viajó desde su pueblo para “ratificarle el compromiso que siempre tendré con él”.

Foto: Leandro Pérez Pérez

 

Un poco más allá aguardan estudiantes del centro mixto Máximo Gómez, el antiguo preuniversitario vocacional que Fidel inaugurara en septiembre de 1976, la escuela que en su momento calificó como anticipo del Camagüey que soñaba con llegar a ver.

Sandra Pérez Palacios no estuvo presente en su visita de entonces. Sus 16 años no le permitieron siquiera verlo cuando, por última vez, acudió a la provincia, en febrero de 1996; pero lo sabe presente y por eso está aquí.

“Fidel es el ejemplo. Todo  lo que hagamos será en cierta forma una continuación de su obra. Los jóvenes de hoy tenemos el reto de luchar y defender sus ideas de justicia social y libertad plenas. Ese será el mayor tributo que podremos hacerle”.

Foto: Leandro Pérez Pérez

 

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