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Un trabajador incansable por la Patria

El 26 de julio de 2010 fue la última vez que volvieron a saludarse con un estrechón de manos. Foto: Estudio Revolución.
El 26 de julio de 2010 fue la última vez que volvieron a saludarse con un estrechón de manos. Foto: Estudio Revolución.

 

“Creo en Cristo porque fue un revolucionario que trabajó para transformar la vida del ser humano, de la misma manera que lo hizo Fidel”, aseguró el reverendo Pablo Odén Marichal Rodríguez, en la ciudad de Matanzas.

En la intimidad de su casa, mitiga el dolor por la pérdida física desde el convencimiento de que si ayer el Comandante era el líder de la Revolución cubana,  ahora es y será su alma, la inspiración de todos los revolucionarios. “Su mérito fue vivir, pero vivir incansablemente por otros y para otros”.

Recuerda que él siempre se identificó con Fidel, “pero fue el martes 13 de noviembre de 1984 el día en que cambió profundamente la visión que tenía sobre él. Su sinceridad, la manera en la que condujo aquella reunión y el reconocimiento de que los cristianos allí presentes no éramos las únicas víctimas de la preocupación que fuimos a plantear, me convirtió en un auténtico fidelista”.

Ese día, por primera vez, Marichal estrechó sus manos. “Después de aquella ocasión,  nos reunimos muchísimas veces. Nos invitaba al reverendo  Raúl Suárez, al Dr. Sergio Arce, ya fallecido, y a mí a conversa sobre temas relacionados con la religión o los religiosos.

“Recuerdo en particular el momento en que coincidimos Suárez,  Caridad Diego, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central, y yo. Me tocó sentarme a su lado.

“Como estaba tan cerquita de él, me llamaron la atención sus botas,  brillosas, impecables, pero se veían muy usadas, tanto, que noté la rotura, pequeñita, pequeñita,  en la bota derecha, justo donde el dedo gordo del pie hace el doblez. Y había un zurcido, ¡había sido reparada! Me detuve mirando con tanta indiscreción,  que Fidel se dio cuenta, se viró y me dijo: Son muy viejas, pero comodísimas. Era un hombre humilde, un hombre que vivía con total humildad”.

Cerca del estante donde cuida con extremo celo los libros que le regaló, afirma que el concepto de Revolución es como un catecismo. “Son las verdades principales que se deben saber”, un legado que,  reconoce, no es el más importante como algunos consideran.  A su juicio, el legado del Comandante hay que verlo, precisamente, en su ejemplo, en su ideario revolucionario. “Ese legado irá más allá de las generaciones presentes para perpetuarse en la memoria de la Patria, de la que fue un trabajador incansable”.

Marichal dice que se compró otro ejemplar de la Victoria Estratégica para no manosear el que Fidel le dedicó. Foto: Noryis

 

Marichal dice que se compró otro ejemplar de la Victoria Estratégica para no manosear el que Fidel le dedicó. Foto: Noryis
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