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El último lance de Raúl el pescador

raul-proenza-copiaAcostumbrado a realizar lances de todo tipo en busca del nutritivo botín que esconde el mar bajo su superficie, Raúl Proenza Pérez no pudo con el último, el que le impuso su corazón, desgastado por el paso del tiempo y una insuficiencia cardiaca crónica.

Ya octogenario se detuvo de forma definitiva el poderoso músculo, que nunca se cansó de bombear suficiente sangre para cumplir la fatigosa faena diaria, y dejó de existir quien por derecho propio se había ganado la condición de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Nacido el 26 de marzo de 1934 en el cercano poblado de Fray Benito, de pequeño vino con la familia a residir en Gibara, donde echó raíces para siempre y aprendió, como pocos, los secretos del único oficio al alcance de los pobres por aquel entonces en la villa.

Raúl nunca olvidó que cuando llegaron al poblado costero, sin industria alguna y un elevado índice de desempleo, tuvo que dedicarse, como los demás, a pescar, que era la única forma de buscarse la vida en aquella época.

Eran tiempos difíciles, en que la necesidad obligaba a los gibareños a embarcarse en pequeños botes de madera y remos, aprender a manejar anzuelos, redes o el arte que apareciera y salir mar afuera, sin importar los peligros.

Tenían que coger pescados de calidad, pargos, bonitos, dorados y venderlos a precios irrisorios a los intermediarios y a veces ni eso, se veían precisados a regalarlos a personas hambrientas que deambulaban por el muelle.

La situación no cambió hasta la llegada del Enero triunfante, cuando esta labor fuera reivindicada y elevada a planos merecidos, en correspondencia con su aporte para mejorar la alimentación de la población en general.

A partir de entonces empezó a escribir una valiosa historia de abnegación laboral como pescador y patrón de barco en su querida cooperativa pesquera Luis Hernández, de Gibara, donde se mantuvo activo mientras tuvo fuerza.

Productivas y prolongadas faenas en el mar, durante las cuales acumuló millares de horas de trabajo voluntario y de toneladas de pescado, lo llevaron a hacerse merecedor de las más altas condecoraciones, entre ellas la de Vanguardia Nacional, Orden Lázaro Peña de Primer Grado y el Título Honorífico de Héroe del Trabajo.

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