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Periodismo ciudadano: El valor del azúcar

Industria azucarera cubana.
Industria azucarera cubana.

 

Hace tiempo que quería escribir sobre este tema, pero no fue hasta ahora que me decidí, con la partida de un compañero y amigo entrañable hacia otro sector de mejor remuneración. Ya una vez rechazó una ubicación “más tranquila y mejor pagada” para venir entre hierros “a ser ingeniero”, como solía decirme. Hoy espera un hijo y debió emigrar porque su salario no le alcanzaba.

Me llamo Alién Acosta Álvarez, soy el ingeniero a cargo del diagnóstico técnico en el central Siboney de Sibanicú, Camagüey, y me preocupa mi industria.

Históricamente, la rama azucarera ha impulsado este país en los tres aspectos fundamentales de cada civilización: economía, política y sociedad. Hasta hace poco, el azúcar era el único producto cubano garantizado en el mercado internacional, y por eso me duele, pese a mi juventud, que algunos dirigentes menosprecien el sector con declaraciones que casi anulan el papel de nuestra labor.

En la escuela nos enseñaron que los azucareros fueron los primeros y más numerosos de los que se levantaron en armas contra el colonialismo y en cada una de nuestras luchas. Jesús Menéndez luchó y murió reclamando retribuciones más justas para los trabajadores del sector.

Por eso me cuestiono, ¿cómo es posible que mi unidad, Vanguardia Nacional y la única de la provincia que cumplió su plan de producción, no tenga dinero para las reparaciones? ¿Cómo se explica que la tonelada de azúcar cueste 450 USD en el mercado internacional, con tendencia al alza; los costos de producción no llegan a 1 200 CUP, y al central le den menos de 70 CUP/tonelada para formar el salario de más de 300 personas?

¿Cómo es posible que en el 2015 no nos pagaran por la Resolución 17 por un “error de interpretación” y porque “la empresa tuvo 4 millones en pérdidas”? Sin embargo, ese año renovaron el parque automotor de la jefatura provincial con vehículos modernos.

¿Cómo se explica que este año nuestra unidad tenga 600 mil pesos de ganancia para repartir, pero no los pueda tocar porque no se cumplió la comercialización de bloques multinutricionales, que las vacas no comen y los ganaderos no compran, pero aun así hay que hacerlos porque es la orden dada?

¿Por qué las empresas de servicios han aumentado sus tarifas de 2 mil a más de 11 mil pesos por una actividad de mala calidad, mientras que nosotros seguimos en el mísero valor diferido por Tecnoazúcar? ¿Por qué debemos contratar esos servicios, si tenemos trabajadores calificados para hacerlos más barato y con mejor calidad, a veces subcontratados por estas mismas entidades? ¿Por qué encarecer nuestra producción guardándola por largos períodos en almacenes de terceros, donde hay que pagar transporte, estiba, custodios, pérdidas; y que al finalizar la zafra no se contabilice como ventas porque la Empresa Mayorista de Productos Alimenticios no ha sido capaz de asumirla?

En pleno período especial vi a mi madre trasnochar a menudo, haciendo malabares para cubrir asignaturas de profesores que abandonaban Educación en busca de mejores salarios. Hoy presencio un fenómeno similar entre los técnicos azucareros. Hasta los aniristas debemos pagar los premios, a pesar de que nuestro esfuerzo supone ahorros sustanciales a la economía de la entidad. También resaltan esos maratones previos a la arrancada, cuando los obreros entran de madrugada y se retiran tarde en la noche, pero no les reportan más de ocho horas, con la consiguiente disminución de su ganancia, y no reconocerles ni siquiera trabajos terminados.

Tal como mi amigo, amo mi trabajo; me gusta lo que hago y lo que me aporta como profesional, pero al igual que él me pregunto cuál será el verdadero valor de nuestros esfuerzos y si algún día será reconocido.

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