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La Habana, el viejo y el mar

Si Papa no detentara varios atractivos para el espectador cubano, ya este sería suficiente: se trata del primer filme procedente de Estados Unidos realizado en Cuba durante los últimos 60 años.

Pero ocurre que la cinta, dirigida el pasado año por Bob Yari (experimentado productor, nacido en Irán, aunque de nacionalidad estadounidense, quien debuta como director aquí) nos concierne directamente como quiera que refleja la última etapa de la vida del Premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway, quien vivió en la Finca Vigía (Cojímar) hasta que se trasladó a Idaho, donde 18 meses más tarde se suicidaría a los 59 años.

La capital entonces, posee en la película una inestimable importancia diegética: no es un simple marco o telón de fondo, sino el escenario donde el mítico autor de Por quién doblan las campanas, El viejo y el mar y otros títulos devenidos clásicos, vivió años difíciles, aquejado por el alcoholismo y consecuentes estados que alternaban la depresión y la ira, en compañía de su esposa Mary y del periodista Denne Bart , así como de otros amigos cubanos que lo visitaban en la regia mansión frente al mar.

Respecto a su veleidosa y fluctuante relación de pareja, el lente del director es matizado: no carga la mano solo contra el intelectual ni presenta a la cónyuge tal víctima indefensa (así enfocada en otros textos) sino como alguien también culpable de excesos e incomprensiones.

En el caso de su joven colega, la obra se detiene en un ítem esencial dentro de esa oscura época hemingwayana, donde una de las falencias más frustrantes era su esterilidad creativa; los intercambios entre maestro y discípulos son muy ricos dentro del relato, y vigorizan las respectivas caracterizaciones de los personajes.

Hablando de ello, si los principales descuellan, no puede afirmarse lo mismo del resto, la mayoría demasiado episódicos e incluso rayanos en la caricatura, sin un mínimo desarrollo que hubiera enriquecido incluso la relación con el protagonista en medio de un contexto conflictivo.

No hay que olvidar que los años reflejados en el filme son también los de la lucha en la Sierra Maestra, los sucesos del 13 de marzo y otros decisivos en la historia nacional, que el lente de Yari enfoca no solo respetuosamente sino con fidelidad histórica y conocimiento de causa, algo que abarca en general la dirección de arte, con su reconstrucción epocal, su ambientación, vestuarios y peinados: algo a destacar entre los méritos indudables del filme.

Es un hecho la colaboración de Hemingway con los rebeldes, lo cual provocó su inclusión en listas negras dentro de su país y la persecución del FBI, de ahí la importancia de un episodio como el lanzamiento al mar de las armas destinadas a aquellos ante una peligrosa emboscada a la embarcación donde el escritor, Mary y Denne pescaban cierta mañana.

Papa demuestra buen pulso narrativo, que genera un crescendo dramático e incorpora elementos de suspense muy bien administrados, algo siempre resaltable en una ópera prima, así como la notable conjunción de elementos técnico expresivos tan significativos como la fotografía (precisa y sugerente lo mismo en exteriores como en espacios más íntimos, y ajena en el primer caso a la postal turística en que pudo caer tentada por los escenarios naturales), la música (discreta pero eficaz, ofreciendo el complemento sonoro de importantes escenas mas sin subrayados ni énfasis) y un montaje que logra empalmar con inteligencia los diversos momentos y circunstancias sin alterar el ritmo general del relato (el cual nos mantiene interesados hasta el final) ni la espesura del discurso.

Dentro de las actuaciones, sobresale la pareja protagónica: el veterano Adrián Sparks es, desde lo tipológico y el carácter, Hemingway 100%; Joely Richardson (popular por su trabajo en la serie Nip/Tuck ) lo secunda satisfactoriamente, aunque le sobran ciertos tics que amaneran un tanto su labor; quien no acaba de ajustarse al periodista admirador del ídolo literario es Giovanni Ribisi (Avatar) al confundir perennemente la ingenuidad e inocencia que va sustituyéndose por la madurez con una presencia rayana en la inexpresividad y el despiste.

Varios actores del patio, aunque en personajes secundarios, subrayan la expresa cubanía del filme (Roque Moreno, Alexis Díaz de Villegas, los hermanos Carlos Enrique y Eduardo Almirante, Jorge Luis López, Orián Suárez y Verónica Lynn).

Exhibida con gran suceso dentro del pasado festival habanero, Papa está ahora en los circuitos de estrenos nacionales, como regalo de la programación veraniega.

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