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De una moneda dos caras

 

La ciencia puede ser aquel conjunto de conocimientos racionales, verificables y falibles obtenido a través de un determinado método  que se considera sistemático.  En él se incorpora la observación metódica y un grado determinado de razonamiento en consonancia con el objeto que se estudia, para llegar  a identificar el razonamiento del cual deducir  principios y leyes, que pueden contribuir a explicar el comportamiento de distintos fenómenos.

La ciencia no existe como fuente de contemplación divina o para la satisfacción exclusiva de quien la ejerce.  Esta no se realiza como tal si no se plasma en un quehacer concreto, en el que se demuestra la validez del resultado alcanzado, al tiempo en que abre espacio para nuevos derroteros.

Hay por tanto una clasificación de la ciencia en correspondencia con los asuntos de que se trate, aunque cada vez es más difícil identificar la pureza de alguna, dado el entramado y complejidad de los procesos que el desarrollo del conocimiento ha ido abarcando.  Sin embargo, con independencia del área en que se catalogue dicha pureza, la ciencia al final impacta sobre la sociedad y por ende en la economía.

Desde esa óptica, el método para el ejercicio de la actividad científica  influye por sus resultados inexorablemente sobre las condiciones bajo las cuales la sociedad evoluciona y resuelve sus necesidades fundamentales, en primera instancia.  He ahí un engarce que debe revertirse en la elevación del bienestar humano y que tiene el reto de satisfacer dichas necesidades, broten del estómago o de la cabeza.

Pudiera decirse que no hay ciencia sin economía ni economía sin ciencia.  Una y otra andan entrelazadas, ya sea para explicar un fenómeno social, como para propiciar el incremento de la eficiencia, de la productividad, del ingreso, de las exportaciones y  del bienestar general. Como se plasma en el Decreto-Ley No. 323 De Las Entidades De Ciencia, Tecnología e Innovación, lograr mayor aprovechamiento y racionalidad en la utilización de los recursos, alcanzar una gestión más integral y económicamente sostenible de la ciencia, la tecnología y la innovación, así como propiciar la cooperación entre esas entidades y otras personas naturales y jurídicas que participan en dichas actividades, han de contribuir también a encontrar soluciones económicas, sociales, políticas y ambientales para la toma de decisiones en función de elevar la calidad de vida de la población.

Desde la ciencia, se propicia el ahorro, la efectividad y el resultado más conveniente  cuando se piensa y actúa en función de lograr en cada avance tecnológico, en cada producto o equipo, forma de organización productiva o de servicios, entre otros, al andar de la mano con la eficiencia del gasto para la creación de esos resultados.  En esencia, ambas caras deben mirar en la misma dirección, para avanzar.

*Doctor en Ciencias Económicas

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