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Abril, el Partido y la historia

Foto: Tomada de internet
Foto: Tomada de internet

Aquel abril de hace 55 años fue un mes de definiciones para  la Revolución cubana. Así lo destacó Fidel cuando expresó que: “En Girón  se proclamó el carácter socialista de nuestra Revolución, en Girón  prácticamente se forjó nuestro Partido».

Por aquella época trabajábamos precisamente en la tarea de unir las fuerzas revolucionarias  en una sola organización, bajo una sola dirección. Podemos decir por  ello que, coincidiendo con ese momento en que llevábamos adelante  esa tarea, quedó forjado nuestro Partido. Por eso se considera el 16  de abril, fecha de la proclamación del carácter socialista de nuestra  Revolución, como la fecha de la fundación de nuestro Partido”. La organización que recién surgía y que un tiempo después asumiría el nombre de Comunista, se había nutrido del legado de José Martí, que concibió un Partido, nacido “uno y de todas partes a la vez”, en otro abril de 1892, basado en la unidad  de acción y de pensamiento, con el propósito de preparar la lucha por la independencia y cerrarle el paso al imperialismo en América.

Y nuestro actual Partido tuvo como antecedente también las luchas de los  comunistas que en 1925 fundaron la primera organización de ese tipo en Cuba, y a pesar de los prejuicios y de la persecución policial a que estaba sometida realizó una intensa labor en defensa de  los derechos de los trabajadores y el pueblo.

Por esos abnegados militantes sintió un profundo respeto la nueva  hornada de luchadores  encabezada por Fidel, en cuyos principales dirigentes halló terreno fecundo la ideología marxista-leninista.

Foto: Tomada de internet

Como subrayó el propio Comandante en Jefe, si se producía una verdadera y definitiva revolución en nuestra patria, tenía que ser con esas ideas,  las más justas y científicas. Y así un día se integraron  el Movimiento 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el Directorio Revolucionario, las tres fuerzas que habían contribuido a la victoria, para constituir todas, bajo esas banderas, no dos ni tres partidos sino uno solo, como lo fue el fundado por Martí. De dicha fusión nació  el Partido que hoy nos guía, obra de la Revolución y garantía de la continuidad de su obra.

Las más de cinco décadas transcurridas desde el surgimiento de nuestro Partido han demostrado el valor de la unidad de los cubanos  en torno a su vanguardia, que les ha permitido sortear los mayores obstáculos.

Haber logrado en medio de un bloqueo implacable, emprender un proyecto social socialista, con avances que para otros en el mundo son todavía sueños, es el fruto de ese andar junto a la dirección revolucionaria, que nos ha infundido confianza en el porvenir.

A los cantos de sirena con que hoy pretenden seducirnos quienes nos invitan a dejar atrás el pasado y construir un futuro diferente, respondemos con aquella máxima de que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.

No olvidamos que en la primera lid independentista los patriotas no fueron vencidos por las armas españolas, sino por la desunión. Y cuando el pueblo se vio privado de sus organismos revolucionarios después de concluida la guerra del 95, irrumpió en nuestra tierra la penetración estadounidense.

Tenemos también muy presente aquella pregunta hecha por Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana hace más de una década: “¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?, ¿cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario?  Cuando los que fueron  de los primeros, los veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a  nuevas generaciones de líderes, ¿qué hacer y cómo hacerlo?”

16 de abril se declara el carácter socialista de nuestra  Revolución . Foto: Tomada de internet

 

La Revolución cubana será irreversible mientras cuidemos como la niña de nuestros ojos la unidad, que resultará mayor en la medida que se apliquen métodos absolutamente democráticos en todo el desenvolvimiento político de la nación, desde un núcleo del Partido hasta el  órgano supremo del poder del Estado, como expresó Raúl.

Nuestro proyecto social perdurará si los pinos nuevos de estos tiempos  asumen su papel de herederos de sus mayores para continuar enriqueciendo lo que ellos edificaron, y ya lo están haciendo, en  todas partes, fieles a los principios que hemos defendido.

La continuidad del liderazgo constituye  uno de los mayores desafíos de cualquier organización política y lo es para nuestro Partido.   Comandante en Jefe hay uno solo, pero el enemigo olvida  que lo ha  seguido todo un pueblo  de cuyas filas continuarán surgiendo los dirigentes de esta admirable epopeya que ha sido y será por siempre la  Revolución cubana.

Para saber qué hacer y cómo, tendrán como fuente nutricia nuestra rica historia, lejana y reciente, aprenderán de sus aciertos y errores, y atesorarán en su memoria aquel abril que nos hizo grandes.

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