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Siria: ¿Patrimonio sentenciado?

Zoco de Alepo. Foto tomada de internet
Zoco de Alepo. Foto tomada de internet

 

Una parte considerable del patrimonio construido por el hombre en la zona del Medio Oriente, y específicamente en Siria,  ha sido destruido o está en peligro. Hace unos meses el zoco de Alepo, por ejemplo, quedó en ruinas tras un incendio que las balas cruzadas no permitieron, siquiera, intentar extinguir. Del minarete de la mezquita de Umayyad solo quedan piedras rotas. Las piezas del museo de Hama están en manos de traficantes o coleccionistas inescrupulosos. Igual destino corrieron unas 30 obras de arte que eran exhibidas en Maarrat.

Al menos seis lugares declarados Patrimonio de la Humanidad en Siria están afectados, entre ellos el castillo Crac de los Caballeros, en la frontera con Líbano; la ciudad de Apamea, que era una de las ciudades romanas mejor conservadas del Mediterráneo y la ya mencionada Alepo, atravesada por las líneas del conflicto.

Según estimaciones de Naciones Unidas, la situación que vive en Siria desde marzo del 2011 ha dejado más de  25 mil muertos; 2,5 millones de personas han quedado a expensas de alguna ayuda humanitaria y otros 50 mil se han marchado para provocar una de las crisis migratorias más serias que ha vivido Europa.

Lo que quedó del Zoco de Alepo. Foto: Stanley Greene

 

Pero la batalla de hoy en esa región no es solo por el control de los yacimientos de combustibles fósiles, sino también por dominar algunas de las zonas de mayor valor arqueológico pues el contrabando de estas piezas se ha convertido en una de las fuentes de financiamiento del terrorismo, según ha denunciado Mamun Abdulkarim, director general de Antigüedades y Museos de Siria, quien antes había declarado que Alepo, Dura Europos, Mari y Daraa son algunos de los enclaves más afectados y expuestos a la destrucción y al vandalismo.

Damasco, la capital de Siria, es una de las ciudades continuamente habitadas  más antiguas de la Tierra. Se dice que sus muros hablaban de al menos cinco mil años de historia humana, aunque algunos historiadores afirman que sus orígenes  se remontan al siglo VII antes de Cristo.

Una reciente publicación aseguraba que en Jobar, uno de los barrios más poblados de Damasco, vivían más de 300 mil personas antes de la guerra. Hoy, cuando ha sido prácticamente destruido por las acciones bélicas, permanecen allí 200 mil personas que no encuentran hacia dónde huir.  Conviven con los humeantes monumentos históricos afectados, como la Sinagoga Verde, considerada la más antigua del mundo; la Gran Mezquita Jobar; la tumba del Profeta Elías, y los baños antiguos construidos en la época otomana.

«Hablamos de un patrimonio milenario que es la clave de la cohesión de una nación y de su capacidad para reconstruirse», afirmó Irina Bokova, directora de la Unesco, quien a mitad del 2015 presentó la coalición mundial Unidos por el Patrimonio, cuyo propósito es “lograr que todos los interlocutores comprometidos en esta lucha trabajen juntos: los cuerpos de policía, las aduanas, los museos, los gobiernos, el mundo de la cultura, los organismos humanitarios y de seguridad, la sociedad civil y los medios de comunicación. Para responder a los nuevos desafíos del extremismo violento hay que crear nuevas alianzas”, dijo entonces.

«No sabemos quién ha hecho qué y dónde. Por el momento estamos intentando informarnos y prevenir, porque si empezamos a decir quién ha sido, la situación se vuelve ingestionable», explicó el subdirector general de la Unesco, Francesco Bandarin.

Es decir, que no habrá culpables ni sentencias aunque «más allá de la destrucción material, los movimientos extremistas y terroristas toman como blanco el patrimonio y atacan el propio concepto de la dignidad humana». Al menos así lo entiende Fréderic Vacheron, también funcionario de la organización internacional, quien apeló al compromiso ciudadano para no adquirir objetos de contrabando y ayudar a la Interpol (policía internacional) y otras autoridades a identificar bienes obtenidos de manera ilegal en conflictos bélicos.

Es decir, que cada vez son más frecuentes las denuncias de que elementos vinculados al llamado Estado Islámico (EI) utilizan la venta de obras de valor patrimonial, histórico y artístico como vía de financiación. Se estima en unos 10 mil millones de dólares las ganancias obtenidas por el EI gracias a esta vía.

El  pasado 4 de diciembre Bokova se reunió en Rusia con Vladimir Putin, presidente de esa nación que ha tomado parte en el conflicto bélico en Siria. Ambos inauguraron el IV Foro Cultural Internacional de San Petersburgo, dedicado al 70º aniversario de la UNESCO.

En ese contexto la directora general de la Unesco dijo que “Cuando la cultura es atacada y cuando los extremistas pretenden destruir el patrimonio común de la humanidad, debemos responder a la ignorancia, el odio y la violencia con más cultura, con más conocimiento”.

Tras la sesión plenaria, la Directora General y el presidente Putin coincidieron en la necesidad de intensificar los esfuerzos internacionales para proteger el patrimonio y prevenir el tráfico ilícito de bienes culturales, especialmente los que han sido expoliados durante los conflictos armados.

Desde el inicio del conflicto en Siria no ha faltado quien nos remite a la fatídica profecía bíblica de Isaías 17: 1-3:  “He aquí que Damasco dejará de ser ciudad, y será montón de ruinas”.

Espero, desde mi más profunda fe,  que el Profeta se haya equivocado y no estemos viviendo la ejecución del patrimonio sirio.

 

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