Icono del sitio Trabajadores

Idalis Ortiz, ¿una veterinaria en el judo?

La judoca cubana Idalys Ortiz cuando alcanzó la gloria olímpica en los Juegos Olímpicos de Londres. FOTO: Marcelino VAZQUEZ HERNANDEZ/
La judoca cubana Idalys Ortiz cuando alcanzó la gloria olímpica en los Juegos Olímpicos de Londres. FOTO: Marcelino Vázquez Hernández

Idalis Ortiz llegó a La Habana un viernes, cuando la selección femenina de judo realizaba su tope semanal. Tenía 14 años y había sido captada tras un exitoso campeonato nacional juvenil. El profesor Ronaldo Veitía le preguntó sin rodeos: ¿trajiste kimono? Y ahí mismo la puso a combatir.

La hermana que le acompañó estaba nerviosa. “Idalis, ¿tú quieres estar aquí seguro?, vámonos, que esas mujeres están muy fuertes”. Al otro día regresaría a traerle ropas y algunas cosas más, pues la niña se quedó en el equipo. Desde entonces ha vuelto a la casa solo de visita o vacaciones. Han pasado 11 años desde entonces.

“Empecé el judo por embullo en el municipio Candelaria. Tenía 9 años y el primer entrenador Miguel Chamizo fue claro al explicarme en qué consistía este deporte: se trata de tirar a la gente y que no te tiren. Y eso lo he seguido al pie de la letra”, comenta la doble titular mundial (2013 y 2014)

“Tras aprender a romper caídas y algunas técnicas gané una competencia municipal al mes de haber llegado al gimnasio, pero no había concientizado que podía ser una gran deportista. En menos de un año estaba ya en la Eide Osmani Arenado, donde realmente di un salto de calidad con el entrenador Juan Inés López”, sigue contando con sonrisa complaciente la campeona olímpica de Londres 2012.

Invitada al equipo nacional desde el 2004, Idalis no perdió tiempo en los entrenamientos. Su estreno internacional en el Villa del Paris lo recuerda como si fuera hoy: 12 febrero del 2006 y derrota en el primer combate ante una búlgara. “Lo asumí tranquila, pero en esa gira no perdí más la primera pelea. Llegué a discutir medallas, aunque no alcancé ninguna”.

La presea inaugural en su largo aval llegaría meses después en un torneo juvenil en Martinica. En el 2007 debuta en un campeonato panamericano en la división libre y regresa también con el título. “En ese momento me fijaba mucho en Driulis González, que siempre fue mi ídolo. Estaba también Yurisleidis Lupetey, campeona mundial y bronce olímpica. Inspirada en ellas deseaba ser una gran figura”.

Su aparición en un torneo universal sobrevendría en Río de Janeiro 2007, con un quinto lugar en la categoría abierta. Meses después le darían esa oportunidad que uno espera muchas veces y es vital no perderla: clasificación a los Juegos Olímpicos. “La gané invicta en  Estados Unidos y mi única preocupación era si podía subir al podio en Beijing 2008. El profesor Armando Padrón me dijo: claro que sí”.

“Era algo diferente, que nunca había visto, pero los rivales eran iguales. Tenía 18 años y cualquier lugar estaba bien porque no estaba en los planes. Solo perdí con Wen Tong, la campeona olímpica y terminé con bronce. Es la medalla que más marcó mi vida. Si no fuera por ella no estuviera aquí. Me dejó ver que podía llegar a donde me lo propusiera”, reconoce ldalis, siete veces entre las mejores deportistas de Cuba.

Cuando habla del ciclo del 2008-2012 bromea con una expresión que le decían: “titán de bronce”, a partir de que no se quedaba fuera de las preseas, pero le era esquivo la dorada. Al arribar a Londres la presión aumentó porque en el sorteo salió por el pool más difícil.

“Todas las noches me acostaba a mirar películas mexicanas. Las únicas que fue a verme el día antes de competir fueron Bermoy y Lupetey. Pensaban que regresaría temprano y fui la última que viré a la Villa con el oro. Todo el cuerpo me dolía”.

Le pido alguna interioridad de ese último combate. Y la suelta en ráfagas. “Estaba tranquila cuando terminó la regla de oro. El árbitro del centro era una mujer y me sonrió. Interpreté que quería decirme: lo has hecho bien, pero desconocía qué pensaban los otros. Dos días atrás habían virado una decisión unánime de hantei. Sin embargo, confiaba en ese momento que había ganado. Me tiré en el piso, pero me levanté rápido y pensé: cómo debe estar Cuba”.

Con una educación formal fuera de lo común para una deportista, Idalis revela que su fanatismo por dos mascotas: las perritas Linda y Pelusa, responden a la vocación de ser médico veterinaria. En los minutos finales deja una confesión única: “Cuando mi oro olímpico conocí de una persona que se infartó viendo mi pelea. Al regreso fui a visitarlo y por suerte, todo pasó. Hoy somos grandes vecinos y amigos”.  Esa es la Idalis Ortiz más auténtica, cubana y feliz.

Compartir...
Salir de la versión móvil