¡Un año entre nosotros! Todavía nos parece escuchar de labios de Raúl aquel memorable 17 de diciembre la tremenda noticia que se día hizo estremecer los corazones de los cubanos: Gerardo, Ramón y Antonio estaban en la patria, pronto los veríamos junto a René y Fernando. Los Cinco se habían reunido de nuevo para recibir el abrazo de su pueblo, ese mismo por el que habían sacrificado años de su juventud para evitar que sus vidas fueran segadas por el terrorismo.
¡Volverán! Había asegurado Fidel y esa convicción la hicieron suya hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos de esta tierra, que lucharon por hacerla realidad, y trascendió nuestras fronteras para convertirse en una causa universal contra las injustas y desmesuradas condenas impuestas a cinco patriotas, alentadas por el odio anticubano. Nunca se mencionó entre nosotros la palabra imposible, aunque las dificultades para del retorno de los tres que aun quedaban retenidos eran inmensas, la fe en la victoria que siempre nos ha caracterizado y el aliento de tantas personas solidarias del mundo, incluso del país que los mantenía prisioneros, los hizo libres.
“Ninguno de los Cinco Héroes realizó sus tareas en busca de aplausos, premio o gloria. Recibieron sus honrosos títulos porque no lo buscaron. Ellos, sus esposas, sus padres, sus hijos, sus hermanos, y sus conciudadanos, tenemos el legítimo derecho a sentirnos orgullosos” Así escribió el líder histórico de la Revolución cubana en su reseña titulada Cinco horas con los Cinco, en la que reseño el emotivo encuentro con esos hombres para los cuales la mayor gloria se encierra en el sencillo cumplimiento del deber.
Se sucedieron una tras otra las emociones: su presencia días después en el concierto multitudinario ofrecido por Silvio Rodríguez en el parqueo del estadio Latinoamericano fue el reencuentro con las melodías que les llevaron a la cárcel amor, esperanza y reafirmaron sus convicciones: la canción El Necio, convertido en himno de su resistencia, entonada a coro con el cantautor, demostró que a ellos nadie lo podía convidar a arrepentirse, ni a indefinirse porque habían decidido “ser a la zurda más que diestros” y que habían hecho suyo para siempre el estribillo de “yo me muero como viví”.
El propio Raúl prendió en sus pechos la medalla de Héroes de la República de Cuba, en el acto por el 120 aniversario del, inicio de las guerras de independencia, en el que Gerardo, a nombre de sus compañeros, resaltó que la dura experiencia vivida era solo un episodio en sus existencias de revolucionarios: “ Cuente la Patria con estos Cinco soldados que hoy, ante todo nuestro pueblo, reafirmamos el compromiso de servirle hasta el último de nuestros días y de ser siempre fieles a las ideas de Martí, del Che, de Fidel y de Raúl”.
Y llegó la cita mayor con sus compatriotas, en ese Primero de Mayo que los tuvo juntos por primera vez, tal vez la mayor de las emociones al ver a tanto cubano alegre por su regreso y crecido por su ejemplo.
Doce meses han transcurrido con los Cinco y en ese breve lapso de tiempo sus vidas se han enriquecido en contacto con los suyos y con todos aquellos que en otras latitudes los sintieron como suyos . Estos cinco cubanos son la prueba de que el mérito surge del pueblo, de hombres como tantos otros que cuando momento lo reclama son capaces de empinarse y de convertirse, sin proponérselo, en héroes, y hoy marchan, seguros, como un cubano más, hacia el porvenir.
El General de Ejército Raúl Castro condecora con el título de Héroes de la República de Cuba a los Cinco
