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Valorar al delegado en su justa medida

 Foto: tomada de la página web de Radio Rebelde
Foto: tomada de la página web de Radio Rebelde

 

La frase de que “ser delegado no resulta fácil”, más que conocida y recurrente, es un hecho. Sin embargo, desde el momento  en que se asume esa responsabilidad resulta imprescindible  actuar en consonancia con deberes y derechos.

A propósito del primer proceso de rendición de cuenta del XVI período de mandato de las asambleas municipales del Poder Popular  —desde el 1º de noviembre y hasta el 30 de diciembre—  es necesario reflexionar sobre la labor de esta figura, en más de una ocasión objeto de opiniones negativas por parte de la población.

Para ser totalmente justos habría que responder varias interrogantes: ¿son siempre los elegidos los que mejores condiciones reúnen?, ¿colabora la ciudadanía en la solución de los  problemas comunitarios?, ¿responden las entidades administrativas  los planteamientos en tiempo y forma?

Es el delegado quien da la cara a los vecinos, y en él recaen todas las satisfacciones o insatisfacciones. Es verídico que muchas dificultades trascienden su quehacer; no obstante, ellos  están en el deber de ser exigentes y de canalizar con prontitud las inquietudes y preocupaciones. Ese es un eje central para la valoración de su trabajo.

Luego de un proceso preparatorio,  donde se ha tenido presente que el 46, 9 % de los delegados son de nueva elección,  la rendición de cuenta, como un principio de nuestro sistema  político,  debe trascender el mero acto de informar sobre lo  hecho y la marcha del estado de los planteamientos recogidos  en períodos anteriores.

La participación activa del pueblo, con disciplina y seriedad, debe caracterizar estas reuniones barriales que, dicho sea de paso, se realizan ahora luego de un año de que electores y delegados no han tenido contacto alguno. Hay que recordar que  en abril del presente año tuvieron lugar las elecciones parciales y ello conllevó una preparación que extendió el período de  realización de las rendiciones de cuenta.

No se trata solo de asistir; participar implica  aportar ideas, brindar elementos y propiciar debates a tono con lo planteado. De seguro habrá que “tocar” múltiples asuntos, como las respuestas pendientes de las entidades administrativas, la basura, la calidad del pan, de los servicios médicos y de educación;  el incumplimiento de horarios en los establecimientos públicos  y otros muy particulares de los territorios.

El delegado no tiene varita mágica, como se ha expresado otras veces, y necesita de un acompañamiento real para representar eficientemente a sus electores. Muchos  tienen experiencia y reconocido prestigio, y ahora los que recién se inician  requieren  mayor apoyo y comprensión.

Tal y como señalara recientemente Mayra Fariñas Fleitas, presidenta del consejo popular Santa Fe y delegada de la circunscripción 66 del municipio de Playa, “nosotros también somos educadores y debemos trabajar sin esquemas y con realismo”.

En  su  quehacer  cotidiano  los  delegados  encuentran  tropiezos —tengamos en cuenta que una gran cantidad de ellos  son trabajadores en activo—, además de las incomprensiones  y del habitual trato con el público, que en ocasiones no resulta  el más adecuado.  No obstante, tienen espacios donde levantar  la voz en nombre de sus electores, dentro de los cuales el más  representativo son las asambleas municipales, que aunque sus  sesiones son públicas requieren de mayor divulgación.

Mayra Fariñas hablaba  de la importancia de llegar con la verdad a la población, “pero hay que saber hacerlo”, decía. Y en ese cómo, precisamente, está buena parte del éxito de su labor, el cual tiene múltiples reflejos a nivel social.

La Asamblea Nacional del Poder Popular ha diseñado para este proceso una campaña de comunicación bajo el nombre de Con una nueva mirada y ha incorporado —algo novedoso— a los jóvenes como observadores, tal y como se hizo en las últimas elecciones, en aras de recoger experiencias y opiniones. Hoy estamos hablando de 12 mil 589 delegados a las asambleas municipales y de un total de más de 8 millones de electores inscriptos en el momento de las elecciones. Sin duda,  el poder está en manos del pueblo, pero hacer que funcione  depende de la participación de todos.

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