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De tal padre, tales hijos

maximo gomez y parte de su_familia en 1904
La presencia de Francisco Gómez Toro en suelo cubano y su trágica muerte junto a su jefe Antonio Maceo ha llevado a pensar que fue él el único vástago de Máximo Gómez que se involucró en los afanes independentistas de Cuba.

Un interesante texto del investigador Antonio Álvarez Pitaluga sobre la familia del Ganeralísimo, derivado de una seria investigación, revela que todos los descendientes de la pareja de Gómez y Bernarda Toro, Manana, salvo los fallecidos antes de 1895, se vincularon a esa causa de una u otra manera, de acuerdo a sus edades.

Así, Urbano y Maxito se convirtieron en fundadores y miembros activos del club dominicano del Partido Revolucionario Cubano Ángel Guerra, trataron en varias ocasiones de venir a la patria a combatir; tuvieron una postura crítica ante el intervencionismo estadounidense, en unión de otro hermano, Bernardo, realizaron una amplia labor proindependentista en las páginas de un periódico concebido por Panchito, bajo el nombre de Las albricias y recolectaron fondos para la lucha.

Una hija, Clemencia, apunta el historiador, se desenvolvió en la dirección de otro club del PRC, denominado Panchito Gómez, que la llevó a enrolarse en una malograda expedición a tierra cubana, organización en la que militó también Bernardo.

La familia fue además víctima del espionaje español y todos, subraya el investigador, rechazaron en varias oportunidades el privilegio político de ayuda financiera de la propia revolución.

Vale recordar las palabras contenidas en una carta de José Martí a Gómez sobre su familia: «Si pienso en compañera virtuosa, pienso en Manana; si en hija, en Clemencia; si en hijos, en todos los de usted».

En carta a Panchito, en 1892, el Apóstol reiteró su admiración: “Sigo contigo, puesto que sigo con tu padre, que te sacó al mundo de su corazón, y te llevo en mí, con tu gracia y tu virtud, como si fueras el hijo mío. Nunca seré indigno de que me quieras, y tengo el honor entre honores el de haberte inspirado cariño, y haber visto de cerca la gloria de tu casa. ¡Ahora entiendo mejor la de tu padre!”

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