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Israel, Herodes del siglo XXI

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El genocidio que desde 1948 el Estado de Israel comete contra Palestina, su expulsión, ocupación y colonización de sus territorios, acumula entre sus niños y adolescentes un trágico saldo de muertes, represión, encarcelamientos, pobreza, traumas físicos y sicológicos, peligros y zozobras, que los priva de su estabilidad emocional, de sus risas, juegos y cantos infantiles.

Esta política de cruel extermino tiene su sustrato político e ideológico en conceptos xenófobos como los que en 1962 solía  verter la ultrarreaccionaria primera ministro sionista, Golda Meir, para la cual los palestinos no existían, o en el que afirmaba que su temor no eran los fedayines (guerrilleros), sino el vientre de las mujeres palestinas.

En el mismo sentido se pronuncia hoy la actual ministra de Justicia de Israel, que proclama que las madres palestinas deben desaparecer al igual que sus hogares.

Ideas racistas  como esas fueron puestas en práctica desde la encarnizada masacre de la aldea de Deir Yassin en 1948, cuando los líderes terroristas israelíes Menahem Beguin y Abraham Stern, abrieron a filo de cuchillos los vientres de las palestinas embarazadas, según testimonio de Jaques Renier, entonces delegado de la Cruz Roja Internacional para Palestina, acto que nos recuerda la barbarie del bíblico rey Herodes el Grande, quien ordenó degollar a cientos de inocentes para procurar la muerte del niño Jesús de Nazaret.

El doctor Issam Khawaja, pediatra palestino graduado en Cuba en 1990 y residente en Jordania, donde ejerce esa profesión, refiere que estos pequeños, sobre todo los que habitan en los campamentos de refugiados, están sometidos a un clima de grandes peligros, de extrema violencia y terror producidos por los constantes bombardeos de la aviación, los tanques y la artillería del ejército sionista, en los que ven morir o quedar mutilados a sus padres, hermanos y amigos, o destruidas sus viviendas, escuelas y hospitales.

Esto, señala el especialista, resulta traumático para un menor que requiere de un medio apropiado, sano, tranquilo y seguro que le posibilite estimular el ejercicio de sus potencialidades de inteligencia y su cultura donde no esté privado de recursos para la subsistencia, ni de hogares y centros de estudios, ni de una garantía de futuro que Israel pretende arrebatarles.

Por su parte, el Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza y Ribera Occidental del Jordán, realizado por la Universidad de Chile, describe que la violencia que sufren los niños y adolescentes en los territorios ocupados de Palestina les provocan ansiedad extrema, temores generalizados, pérdida de autoestima, patrones de conducta hostil y agresiva, incremento de miedos y depresión, problemas conductuales y psicosomáticos, tartamudez, irritabilidad e hiperactividad, y otros síntomas de alteraciones físicas y emocionales.

No menos trágicas son las condiciones a las que están sometidos los cientos de menores presos en cárceles israelíes, separados de sus familiares y objetos de crueles tratos físicos y mentales que agudizan sus tormentos y padecimientos.

Promulgada por Tel Aviv el 24 de septiembre de 1967, la Orden Militar 132 decreta que desde los 12 años palestino puede ser perseguido, detenido, encarcelado y condenado por una jurisdicción militar a penas reservadas a los adultos.

El Estado de Israel viola sistemáticamente los derechos humanos en Palestina e ignora su responsabilidad, como potencia ocupante, en la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño en los territorios ocupados, y se niega a reconocer estas obligaciones, normas establecidas por la Organización de Naciones Unidas y el Tribunal Internacional de Justicia.

Hiere la conciencia universal que los gobernantes sionistas del pueblo judío que padeció el horrible holocausto y los crímenes del nazi-fascismo, apliquen hoy los mismos métodos inhumanos a la población palestina, que los convierte en víctimas del odio, el terror y la xenofobia.

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