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Vilma, de todo el pueblo

Foto: nataliaeguiluzarte.blogspot.com
Foto: nataliaeguiluzarte.blogspot.com

Este martes le regalaría una  azucena; sencilla, fina, de un  olor perdurable. Así ha quedado  el recuerdo de Vilma  Espín Guillois, imperecedero,  eterno. Cumpliría 85 años  este 7 de abril y para el pueblo,  y en particular las mujeres,  es evocar la vida de un  ser querido, que por muchas  razones entró en nuestros corazones.

¿Qué cubana o cubano no  la recordaría? ¿Quién puede  olvidar su inteligencia, humanismo,  entrega y pasión  por las causas nobles? Para  las que pasan los 70, fue como  la hermana mayor que les  abrió los ojos para que descubrieran  cuánto podían hacer  por cambiar sus vidas y alcanzar  sus derechos luego del  triunfo de la Revolución. Para  aquellas de cuatro décadas,  fue la guía, la visionaria de  una transformación posible,  formadora de cultura para  vencer obstáculos, a pesar de  los prejuicios.

Las más jóvenes la vieron  y la ven como una leyenda de  la Revolución, como la voz de  las mujeres en todos los escenarios  nacionales e internacionales.  Vilma fue y es de todos  los cubanos, de mujeres y  hombres, de niños y jóvenes,  de adultos y ancianos.

Sensible, de honda vocación  patriótica, en ella se  forjaron desde muy joven los  valores decisivos para su vida.  Participó en las lides estudiantiles  y fue preclara su  visión de los peligros para la  patria, luego del golpe de Estado  del 10 de marzo de 1952.

Su amiga entrañable,  Asela de los Santos, en el  prólogo del libro Vilma, una  vida extraordinaria, aseguró:  “Aquella joven reflexiva,  muy serena, con un sentido  ético en todas sus acciones y  relación con sus amigos, que  lo eran más por afinidad de  valores que por posición social,  fue sin proponérselo  una líder natural para todos  sus compañeros. La clave de  aquella personalidad estaba  en ser una preclara inteligencia  sustentada en una ética,  en unos inconmovibles principios  morales”.

Esa definición la caracterizaría  para toda la vida. Su  legado es tan grande y profundo,  que Vilma permanecerá  por siempre viva. Para  ella era natural hablar de valores,  del papel de la familia,  de los padres, de los niños. Y  en ese sentido fue ejemplo y  paradigma.

En su decir, le tocó nacer  en los días en que los jóvenes  crecían “oyendo las historias  de las luchas obreras y campesinas  de aquella etapa y las  posteriores, viendo con honda  vergüenza a los viejos mambises  con sus medallas gloriosas  sobre la ropa raída, y mujeres,  niños y ancianos pidiendo limosnas  en las calles”.

Después del triunfo de  la Revolución no dejó de ser  guerrillera. Asumió muy  pronto, con firmeza y entusiasmo,  la tarea encomendada  por Fidel Castro Ruz  de crear la Federación de  Mujeres Cubanas, hecho que  se concretó el 23 de agosto  de 1960. Desde ahí cumplió  otras grandes misiones.

¿Cuál sería la batalla más  difícil? ¿La que tuvo que enfrentar  en la clandestinidad,  con los esbirros persiguiéndola?  ¿Las complejas contiendas  en la Sierra Maestra, los riesgos  para cumplir misiones en el  Segundo Frente, o aquella que  tuvo que librar contra siglos de  desigualdades e inequidades  hacia las mujeres?

No sin razón es esa frase  de Fidel de que se hizo una  Revolución dentro de la propia  Revolución. A esa causa  se entregó en cuerpo y alma. Fue preclara en cuanto a la  concepción de la verdadera  cultura de la igualdad y de  la necesidad de implementar  leyes, programas y acciones  solo posibles de lograr gracias  a la voluntad del Estado.

Así se crearon los círculos  infantiles para que la mujer  pudiera trabajar, y ellas accedieron  a la educación, comenzaron  a formarse como maestras,  doctoras, ingenieras,  constructoras, arquitectas.

Vilma lidereó la lucha  contra la prostitución, propuso  la creación de los centros  para niños sin amparo filial,  y entre tantas acciones, en  1989, creó el Centro Nacional  de Educación Sexual.

En los eventos internacionales  abogó por la igualdad  de derechos hacia la  mujer, denunció el trabajo  infantil y la violencia doméstica.  El impacto de la obra  cimentada por Vilma Espín  Guillois —fallecida el 18 de  junio del 2007— es tal, que  pasarán muchos abriles y su  pensamiento, su legado, permanecerá  por siempre entre  los cubanos. Por los años de  los años habrá flores para  ella, porque sin pretenderlo,  es y será paradigma de  la mujer cubana en todos los  tiempos.

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