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Se precisan días más dulces para el azúcar

foto: Roberto Carlos Medina
foto: Roberto Carlos Medina

Poco a poco la zafra va destilando algo del aroma y sabor de las zafras de antaño; un ambiente que contagia en los campos, en los ingenios, en los bateyes y hasta en la forma en que se comunican para elogiar, alertar o incitar. Despierta el espíritu competitivo que estaba dormido entre los agroindustriales y hace diferentes los pitazos, el baile de las cañas, el paso de las combinadas, los arcoíris en el agua del regadío.

Poco a poco, y como resultado del esfuerzo de los hombres, las inversiones, nuevas estrategias productivas y la constancia científica, el sector recobra un lugar en la economía nacional, en la credibilidad de sus trabajadores, de la gente. Incentivos morales y materiales, dígase un precio superior para la caña, pago por resultados y mejores condiciones de trabajo, rinden frutos que trascienden a la vida familiar y social.

La zafra no es perfecta. Todos los centrales no tienen molidas estables, debido esencialmente a las roturas (la norma potencial se aprovecha al 68 % en el país), y el tiempo perdido de la cosecha es alto (6,93 %), lo que necesariamente hay que resolver en cada entidad con mejor organización y disciplina tanto en el corte como en la transportación, los dos factores que inciden en ese indicador. Estas causales determinan el incumplimiento del 8 % de la producción de azúcar, la cual es vital recuperar en los días que quedan de marzo y abril, porque el resto de la campaña ya no será segura para tal empeño.

Las provincias de Camagüey, Artemisa, Holguín, Villa Clara y Granma tienen que ajustar los eslabones de la cadena de corte y tiro de la caña para revertir el ritmo de entrega de materia prima a los basculadores, mientras se precisan mejores resultados fabriles en el Héctor Molina, México, Mario Muñoz, José María Pérez, 5 de Septiembre, Amancio Rodríguez, Ramón López Peña, Arquímedes Colina y Grito de Yara.

Hay que buscar incentivos para los macheteros, quienes sienten el cansancio por tantos días de labor, han menguado la productividad y ponen en riesgo el cumplimiento de la molida en Artemisa, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo, donde la geografía hace imposible la entrada de las combinadas y es imprescindible el aporte de los del corte manual (representa el 8 % en el país).

Marzo es decisivo para la agroindustria azucarera, pero la intensa sequía y la desidia de los hombres están conspirando contra ella: los incendios son la causa esencial de que cerca del 20 % de la caña llegue atrasada y quemada a los basculadores, con las consiguientes afectaciones que ello provoca a las cepas, a la inhibición del efecto residual de los fertilizantes y a los ecosistemas locales. Esos altos volúmenes de caña —se planifica el mínimo en lugares donde la pica-pica impide la entrada de los hombres— atentan contra el rendimiento industrial y pueden descompensar el ritmo de la campaña azucarera, al imposibilitar el seguimiento de la estrategia de corte por darle prioridad a la cosecha en las zonas afectadas. El fuego incide en todos los territorios, pero es menos significativo en Matanzas, Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila y Holguín; ¿cómo pueden atajar este mal en unas provincias y en otras no?

Aunque existen factores negativos en el cumplimento del plan de producción hasta la fecha, hay otros muy positivos que sostienen a los azucareros en la creencia de que es posible llegar a la cifra pactada para esta zafra: se incorporaron dos ingenios más al proceso fabril (50 en total), hay más caña y logran un rendimiento industrial de 10,29 %, cifra que supera a la planificada y a la alcanzada en igual período del año anterior.

Sin crear falsas expectativas, es válido reconocer que hasta el momento la mayoría de los indicadores de la zafra superan a lo alcanzado hasta el 20 de marzo del año anterior: mayores producciones de alcohol y de alimentos para los animales, la generación de electricidad y el aporte a la red nacional es superior, y se ha obtenido 27 % más de azúcar y con mejor calidad.

Las lumbreras siguen siendo las provincias de Ciego de Ávila, Cienfuegos y Sancti Spíritus (muelen al 79, 78 y 74 %, respectivamente, cuando la media nacional es de 68). Sus claves y estrategias deben irradiarse al resto de los territorios, donde pueden sacar partido también a una mejor organización de las operaciones y al buen clima que acompaña a esta zafra.

Faltan por venir jornadas decisivas. Urge la respuesta de aquellas provincias, centrales y productores que están obstaculizando un mejor desempeño de los indicadores nacionales. Se precisan días más dulces para el azúcar, para aliviar las tensiones del final.

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