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Oros a punta de pistola

Por: Julio Batista Rodríguez y Javier Perera, estudiante de Periodismo

Sheyla González, la integrante más joven del equipo, tratará de conseguir una de las plazas para los
Panamericanos de Toronto 2015. Foto: César A. Rodríguez

Laina Pérez, Sheyla González y Claudia Hernández asaltaron los podios de los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe, literalmente a punta de pistola. Veracruz las vio acariciar cuatro medallas en su especialidad: tres de ellas doradas.

Las integrantes del equipo femenino cubano de pistola (a 10 y 25 metros) dominaron entonces las dos competencias colectivas, en tanto que Laina —primera figura del plantel— consiguió el oro individual en la prueba de mayor distancia y plata en pistola de aire comprimido.

Llegar hasta el apartado polígono de entrenamiento en la periferia habanera, disciplinar el oído al constante estruendo de los disparos, respirar el olor de la pólvora recién quemada en los casquillos… todo ello vale la pena por verlas entrenar. Allí, rodeadas por la semioscuridad de las naves y las máquinas remendadas hasta la saciedad, estas mujeres también son reinas. Allí, y no sobre los podios, comienzan a construirse las medallas.

“Los entrenamientos son diarios, de lunes a viernes desde las 8:30 de la mañana y durante cinco horas seguidas en las que estamos de pie. La preparación física es por etapas, en la primera no vemos las armas, la cuales se incorporan luego. Lo que pasa es que después todas tenemos claro que necesitamos estar bien físicamente para soportar las competencias”, explica Claudia.

Ella y Sheyla son las más jóvenes del equipo, reto compartido con sus estudios en la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo. Ambas reconocen en Laina la líder natural del grupo, “es la tiradora de mejores resultados y la que más experiencia tiene, ha sido una suerte tenerla aquí por todo el apoyo y los consejos que nos ha dado siempre”, asegura Claudia mientras Sheyla sonríe y asiente a su lado.

Por su parte, Laina —es claro al verlas juntas— trata siempre de balancear esta posición, “tenemos una relación muy buena, pues existe gran amistad entre nosotras. Además, es un compromiso ser la mayor y la más experimentada. Hay que saber guiarlas y es un poco complicado cuando son muchachas jóvenes. Siempre tienes que dar el ejemplo, no puedes fallar en los momentos claves porque se supone que te están siguiendo”.

A pesar de sus sonrisas, no todo es color rosa en los entrenamientos, pues las tres coinciden en que las municiones aún son insuficientes. Laina tiene garantizados los disparos necesarios, pero para Sheyla y Claudia la situación no es la misma: disparos “en seco” y numerosas estáticas son parte de la cotidianidad de estas mujeres.

“Es lógico que sea así, pues necesitamos una puntera en la competencia y eso es esencial en las aspiraciones de los próximos Juegos Panamericanos. Esperamos que allá Laina consiga su clasificación olímpica para Río 2016”, señala Claudia.

Al tocar el tema de lo sucedido en Veracruz, se ven satisfechas, especialmente Laina, quien pudo reconquistar el cetro de Cartagena 2006.

En tanto, Narciso López, entrenador de las tres chicas, asegura que “eso fue un puntillazo de definiciones para el equipo, que le faltaban dos patas y ya las tiene”.

Narciso llegó a esta selección casi dos años atrás, cuando regresó de un período de colaboración en Colombia. Explica que las cuatro preseas fueron solo el inicio del camino hasta la venidera cita panamericana de Toronto, donde se concursará en individual y Cuba podrá contar con solo dos tiradoras en esa modalidad.

“A Canadá asistirán las dos que se encuentren en mejor forma”, dice el entrenador, quien apuesta por Laina para incluirse entre las medallistas panamericanas. Según el profesor habanero, Pérez tiene posibilidades en las dos modalidades, pero su mayor fuerza radica en la pistola a 25 metros. Ser padre de una joven de 24 años ha ayudado a Narciso a entender algunas de las particularidades, emociones y hasta flaquezas de sus discípulas. Opina que las mujeres son más complicadas de dirigir que los hombres, pues hay que elevar el rigor y la disciplina, pero también son muy sacrificadas y sentimentales.

La relación entre los cuatro se comprende en los entrenamientos: las palabras de precisión se mezclan con consejos y conversaciones sobre cualquier tema. Sin embargo, la imagen tomada en Veracruz, a los pies del podio, es reveladora. En estas, apenas unos minutos después de conseguir la tercera medalla de oro, estaba Narciso con los metales al cuello, abrazado por tres hermosas muchachas sonrientes.

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