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Armando Hart: No puede haber socialismo sin democracia

Sociedad Civil
Foto referencial

Por Milena Recio*

En el verano de 1996 solicité esta entrevista para la cual el entonces ministro de Cultura de Cuba, Armando Hart Dávalos, mostró un entusiasmo casi comparable con el mío. Yo empezaba con esa conversación la parte más animada de mi tesis. Y él acababa de publicar en Granma, los días 23 y 24 de agosto, un artículo en dos partes titulado «Sociedad civil y Organizaciones No Gubernamentales». Hablaríamos sobre sociedad civil. Un año antes, los días 9 y 10 de ese mismo mes Hart había colocado, quizás por primera vez en Granma, esas dos palabras que a más de uno le generaban sospechas en la Cuba asaeteada por la crisis y «defendida» desde trincheras ideológicas. Lo publicado en el «órgano» del PCC en 1996 se trataba de otra entrega en dos partes: «Lo jurídico y lo ético. Nuestra sociedad civil», y «Lo jurídico y lo ético. Responsabilidad individual, conciencia social». En su despacho, sentado detrás de una amplia mesa, parecía estar preparado para una larga conversación. Delante de él, sobre el tablero, tenía disponible un bulto de hojas blancas y, en su mano, un lápiz escolar con el que se dedicó a rayar el papel mientras respondía mis preguntas. Con aquellos trazos enfatizaba o distendía, graficaba el tono de sus oraciones, sus pausas y sus torrentes, preparaba algoritmos, como si quisiera derivar los enunciados abstractos de la teoría política a un plano «práctico». Me llamó tanto la atención que lo recuerdo perfectamente así, 18 años después. Lo primero que hice fue tratar de hacerle rememorar cuándo había tenido contacto por primera vez con el término «sociedad civil». Se tomó un tiempo. Me causó sorpresa su sorpresa. Al fin y al cabo yo estaba ahí porque el concepto de «sociedad civil» parecía haber caído como un meteorito sobre el discurso público/político cubano en esa década. Pero para el ministro de Cultura cubano y ex dirigente del Movimiento 26 de julio, era aparentemente algo común en su pensamiento, gestado en las aulas universitarias antes de 1959. Finalmente empezó a responder como quien devela una obviedad: «Ese momento se pierde en mi vida personal, en mi vida cultural, yo no podría decir exactamente. Pienso que debe haber sido en la Escuela de Derecho en la Universidad, quizás en la secundaria. Ese era un término bastante usado. Sí recuerdo que me llamó mucho la atención, más adelante, ver que también Marx había utilizado la expresión. Claro, era una idea que formaba parte de la cultura universal. Marx retoma esa expresión que ya venía utilizándose desde el siglo XVII o XVIII». 

Milena Recio: Existen dudas respecto a lo que se entiende hoy como sociedad civil…

Armando Hart: Yo creo que cualquiera que sea la discusión, lo que se pretende expresar con este término es la diferencia establecida entre el Estado y el gobierno, de una parte, y la organización de la sociedad general de otra. Con este sentido es con el que utiliza Marx el concepto. La sociedad civil solamente puede ser sustituida, a mi juicio, por el comunismo. Mientras no haya comunismo habrá sociedad civil, porque habrá Estado. El punto de vista de la nueva concepción materialista que Marx elabora, es el de la humanidad socializada o la sociedad humana. La gran aspiración, si se quiere utópica, del comunismo es lograr una relación humana sin intermediarios, sin intervención de los factores económicos, sin intervención de la división de clases.

M. R.: ¿A qué atribuye usted que en el pensamiento marxista posterior a la Revolución de Octubre desapareciera la discusión sobre el tema de la sociedad civil?

A. H.: Porque se impuso una concepción estatalista del marxismo. Triunfaron algunas teorías sobre el fortalecimiento del Estado, pero siempre en detrimento de la sociedad en general. La sociedad civil es la vía que tiene el Estado para promover la democracia. Hay que garantizar que las formas de organización de nuestra sociedad civil sean de carácter socialista. Por eso he dicho que el centro, el motor de nuestra sociedad civil son, primero, los sindicatos, las organizaciones sociales y de masas, y a partir de ahí todas las que se inscriban y que sean legalmente aceptadas. O sea, hablo de las Organizaciones No Gubernamentales. Yo no les tengo ningún temor si se atienen a los principios de la Constitución de la República. Si en Cuba se organizan instituciones de la sociedad civil que sigan los principios de la Constitución, seguirán el socialismo. Si nosotros establecemos eso como principio y lo exigimos en la práctica, y hacemos conciencia alrededor de eso, nos libraremos de muchos de los problemas. Si en Cuba la Constitución fue aprobada por un plebiscito popular por elecciones democráticas, entonces este principio es inviolable. Lo que pasa es que nuestros enemigos no quieren reconocer que eso existe. Entonces, nos formamos una confusión enorme si nosotros no definimos explícitamente el carácter de nuestra sociedad civil. Creo que una de las cosas que más me interesa del documento presentado ante el V Pleno del Comité Central es que no rehuye la expresión de sociedad civil, sino que la caracteriza: sociedad civil socialista.

M. R.: En las nociones más comunes sobre este asunto se establece una relación inversamente proporcional entre los poderes del Estado y los de la sociedad civil. De manera que no se concibe una sociedad civil fuerte sin un Estado débil…

A. H.: Por ahora el Estado es necesario. En Cuba, en primer lugar, para defendernos de nuestros enemigos. En segundo lugar, para establecer la legalidad en el país, y velar por que se sancione a quien viole esa legalidad. En tercer lugar, digamos que para asegurar la democracia. El carácter democrático del Estado cubano ha quedado demostrado en muchas ocasiones; se demostró cuando se discutía qué cambios económicos se promoverían en el país, y de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y de los Parlamentos Obreros emergieron las propuestas de medidas que después el Estado mismo articuló y ejecutó dentro de un cuerpo legal que solo su autoridad y su poder permitiría establecer con orden y eficiencia. Ahora, este Estado solo no puede realizar toda la labor social y de masas que le corresponde; para eso existen otras entidades que en Cuba tienen, por cierto, una tradición de más de 35 años. No es posible a veces trabajar en una acción de tipo estatal o gubernamental si no es a través de un movimiento social. La Revolución misma fue un ejemplo de movimiento social.

Cuesta mucho pensar que algo anda separado e independiente de lo otro. Hace falta en Cuba, en este momento, un fortalecimiento del Estado en esta dirección, conservando su naturaleza, y un fortalecimiento del trabajo social y de masas de la Revolución que se dará a través del conjunto de organizaciones que existen. Podríamos, si quisiéramos, no mencionar nada de sociedad civil. Pero en la cultura, en la academia, en las universidades, se entiende lo que es la sociedad civil y nosotros no tenemos por qué renunciar a esa palabra. Uno de los grandes errores del socialismo que desapareció fue renunciar a las palabras. Tenían miedo a las palabras derechos humanos, democracia, libertad, cuando en realidad esas son palabras nuestras, de revolucionarios, y son además, parte de la herencia cultural de la humanidad. En los países socialistas se pensó mucho en el poder del Estado, en el poder del Partido… y el Partido acabó perdiendo todo el poder. Se incrementó con tal fuerza el poder del Partido de manera burocrática, que se disolvió. La perestroika y Gorbachov fueron las consecuencias dolorosas de estos males. El Partido se hizo desaparecer a sí mismo durante años por el carácter antidemocrático que adoptó el proceso soviético. No se logró entender que el socialismo o es democrático o no es socialismo. Y lo democrático no es lo formal, significa sobre todo, participación de las masas, y no de una diversidad de partidos que pugnan por el poder, con mínimas diferencias entre sí.

Mucha gente se pregunta qué es la sociedad civil y es como cuando uno percibe que hay muchos que no se dan cuenta de que hablan en prosa y no en verso… La gente está funcionando, está viviendo, dentro de mecanismos sociales que suponen la existencia de la sociedad civil y del Estado. Hoy estamos asistiendo a una crisis de la superestructura política, jurídica, en el mundo. Se puede revisar país por país y se podrá constatar cómo se niegan continuamente las bases de la propia civilización capitalista. La ley Helms-Burton es un ejemplo reciente. Esa ley no es posmoderna, es premoderna, porque se fundamenta en los códigos de la irracionalidad, no respeta ninguno de los postulados fundamentales de la concepción política moderna: viola el derecho a la soberanía, se inmiscuye poniendo límites al comercio, intenta erigir a los Estados Unidos como el único país que puede decidir los destinos del planeta… La caída del muro de Berlín no significó solo la ruptura del «socialismo real», sino la crisis de todo el sistema político vigente a partir de la Segunda Guerra Mundial. Como ha dicho Eduardo Galeano, se han equivocado de muerto.
M. R.: La discusión sobre el tema de la sociedad civil puede ser más compleja para Cuba teniendo en cuenta que el modelo económico, político y social al que se aspira puede llegar a ser considerado un híbrido.

A. H.: Lo primero es decir que nosotros no aspiramos a un híbrido, aspiramos al socialismo. Y lo segundo es que el socialismo es una meta, una aspiración, un proceso, un movimiento y no un esquema rígido. Engels decía algo así: la llamada «sociedad socialista» —y creo que lo ponía entre comillas— se consigue a través de un movimiento, y estará siempre sujeta a cambios… Siempre es siempre, siempre es a cada minuto. Para eso hay que tener en cuenta la sociedad civil existente. Ahora, en Cuba ha habido un avance prodigioso en relación con la sociedad civil y el Estado, que se expresa en el carácter socialista de ambos. Pero recordemos una frase de Martí que dice: no nacen en la historia pueblos nuevos sin una larga gestación. Si en Cuba la unidad no se asegura en el marco de un fortalecimiento de la sociedad civil socialista cubana y de la autoridad del Estado, se crea el caos. Puede ser que perdamos mucho de lo que hemos logrado hasta hoy. La gran originalidad de la Revolución cubana debe seguirse expresando en la sociedad civil.

M. R.: ¿Usted percibe algún objetivo práctico en establecer la discusión sobre ese tema en Cuba?

A.H.: Yo creo que es una necesidad del momento, y será mayor en el futuro. Porque la cohesión, la unidad del pueblo cubano frente al imperialismo se ha logrado en buena medida en torno a la personalidad de Fidel y mañana -yo no lo voy a vivir- Fidel dejará de estar y la historia demuestra que el proceso de formación de líderes tan honestos, carismáticos y revolucionarios como él es lento y está cargado de contradicciones. Y si la unidad no se asegura en el marco de un fortalecimiento de la sociedad civil socialista cubana y de la autoridad del Estado, se crea el caos. Puede ser que perdamos mucho de lo que hemos logrado hasta hoy. (…) Hay que consolidar las bases para el futuro fortaleciendo y democratizando la sociedad civil y el Estado. La gran originalidad de la Revolución cubana, debe seguirse expresando en la sociedad civil.

*Esta entrevista fue realizada como parte de la tesis de licenciatura en Comunicación Social de la Máster Milena Recio, Sociedad civil en los 90: El debate cubano, defendida en la Universidad de La Habana en 1997. La autora incluyó fragmentos que fueron publicados como parte del “debate provocado” sobre sociedad civil que acogió la revista Temas. Ver en: Milena Recio, et.al. “Sociedad civil en los 90: El debate cubano”, Temas, nos. 16-17, 1998-1999.

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