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Instituto de Oceanología: medio siglo dedicado al mar

Libertad Rodas y Pedro Alcolado tributaron información sobre el Proyecto Sabana Camagüey, iniciado en 1993 y que culminará en mayo con resultados satisfactorios. Foto: Rita Karo
Libertad Rodas y Pedro Alcolado tributaron información sobre el Proyecto Sabana Camagüey, iniciado en 1993 y que culminará en mayo con resultados satisfactorios. Foto: Rita Karo

Por Rita María Cambara Castillo, estudiante de Periodismo

|Foto: Rita Karo

Un compromiso tiene el Instituto de Oceanología, y es el estudio de los mares y las zonas costeras en todo el archipiélago, en función de las necesidades del desarrollo económico del país y para controlar las amenazas y riesgos de contaminación ambiental.

Asimismo, la declaración de áreas protegidas, análisis de la salinidad y su repercusión en las especies marinas, el cuidado de las playas y líneas costeras más vulnerables del país y las que representan polos turísticos.

Este 28 de enero, el Instituto de Oceanología celebró 50 años de su fundación, en 1965. Desde entonces se iniciaron los estudios oceánicos orientados principalmente a la realización de investigaciones sobre desarrollo de bases de conocimiento científico para un uso sostenible y a la protección de las zonas vulnerables, así como a la formación de técnicos y especialistas.

Sobre esos temas conversamos con Pedro Manuel Alcolado, investigador titular y Doctor en Ciencias Biológicas y con Libertad Rodas, investigadora auxiliar, oceanóloga y Máster en Ciencias Geográficas desde 1987.

“Llevamos toda una vida aquí ─44 años─ sostuvo Alcolado cuando indagamos su extensa permanencia en este centro de ciencias. Nos duele y alegra todo lo que ocurre en la institución. El Instituto hace trabajos muy importantes para el medio ambiente y para la economía, por ello, nos sentimos comprometidos con todas sus tareas e investigaciones.

“El estudio del mar es muy interesante y atractivo. Montarse en un barco durante tormentas, viajar por el océano, bucear ─recordaba el biólogo─. Con rostro de orgullo y satisfacción, agregó que estar allí es una oportunidad tremenda para la superación, por medio de los doctorados, maestrías e intercambios con asociaciones internacionales, que también brindan recursos y métodos modernos para poder cumplir con los servicios encargados por el Estado.

Alcolado ahondó esencialmente en el Proyecto Sabana Camagüey, iniciado en 1993, que tenía como principal finalidad, intervenir en este ecosistema considerado zona frágil y con necesidad de potenciarse debido al acelerado incremento del turismo.

“El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) financiaron el proyecto en cada una de sus etapas de ejecución: elaboración del Plan Estratégico Ambiental, la implementación de las acciones prioritarias para la protección de la biodiversidad y la sostenibilidad, y la focalización de las especies en paisajes productivos de la pesca, el turismo y el sector agropecuario y forestal.

“Los resultados son notables en las cinco provincias que ocupan la sabana, donde se trabaja con el apoyo de instituciones y científicos, distribuidos en grupos, según aspectos  específicos de sus líneas de investigación, así como en la implementación del manejo integrado costero en Cuba, que consiste en un proceso de gobernanza donde el gobierno local va al frente de las acciones en estrecha relación con el resto de la sociedad”.

A fin de evitar daños, educar y promover prácticas alternativas costeras colaboran de manera sostenible instituciones nacionales e internacionales, entre ellas GeoCuba, el Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), el Instituto de Meteorología y la Empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Libertad Rodas, por su parte, señaló que PDVSA tuvo una labor ardua durante el gran derrame de petróleo en el Golfo de México, pues apoyaron a la institución cubana:

“En un primer momento identificamos la capacidad de la deriva del hidrocarburo y diariamente lo modelábamos con un sistema desarrollado aquí en el Instituto y desde Internet bajábamos imágenes de la mancha para estimar la zona de su posible arribo a Cuba”.

Rodas, con visión crítica y preocupada por la ampliación de los horizontes de estudio, afirmó que “aquí abarcamos y sostenemos estudios intensivos, sin embargo, carecemos de proyectos que cubran exámenes sistemáticos de las aguas oceánicas, como era el proyecto Ulises, en la década de los 80, en toda la zona económica exclusiva de Cuba, para analizar el ciclo vital de la langosta.

“Claro, para este propósito necesitamos de una economía que sostenga los gastos de las herramientas necesarias y del mantenimiento permanente de un barco en altamar”.

Según Alcolado, el futuro en el Instituto será siempre avanzar en la ciencia metodológica, mantener los logros y sostener el trabajo en equipo, porque todos los departamentos con sus grupos han demostrado ser cruciales en nuestra misión.

“Reto y perspectiva es el cambio climático mundial, así como el desarrollo impetuoso que pueda ocurrir bajo nuevas situaciones políticas internacionales. En estas circunstancias debemos contar con los recursos preventivos que nos ayuden a monitorear la contaminación medioambiental derivada de proyectos actuales”.

Sin dudas, el Instituto de Oceanología es una escuela para la sociedad, pues a pesar de no tener todos los instrumentos necesarios, sus aportes a la economía nacional han sido valiosos, con repercusión en el turismo y en la creación de una conciencia de cuidado y protección de los mares y las playas, tan importantes para la recreación y bienestar de los cubanos.

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