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Por la senda de Judas

El más universal de los sentimientos humanos ha inspirado, desde los más remotos tiempos, a los poetas. Son innumerables los textos que, autores de diversas generaciones, estilos, tendencias, latitudes, han escrito como testimonio de las alegrías, tristezas, pasiones, ardores, desengaños, ilusiones, que signan al amor.

Ahora un poeta, Jesús David Curbelo, ha seleccionado y traducido una colección de poemas de amor. Por la senda de Judas (Editorial Arte y Literatura, Colección Lira, 2013, 144 pp), que así se titula el volumen, es una antología diferente, pues el autor ha reunido aquellos “poemas de amor que me hubiera gustado escribir y que otros hicieron antes mucho mejor de lo que podría yo haberlo hecho”.

Se reúnen en esta atractiva entrega un centenar de textos –entre sonetos, canciones, baladas, versos libres y prosas poéticas—, escritos desde la antigüedad latina hasta el presente, ordenados cronológicamente para así presentar al lector como un fresco de las múltiples maneras en que ha sido abordado el tema del amor.

A Cayo Valerio Catulo pertenece el primer texto incluido en este volumen, que se cierra con un poema de Jean-Baptiste Para, y en que aparecen, igualmente, versos, entre otros, de Guillermo de Aquitania, Guido Cavalcanti, William Shakespeare, Pietro Metaslasio, Charles Baudelaire, Rainer Maria Rilke, Edgar Lee Masters, Saint-John Perse, Tristan Tzara, Ted Hughes y Silvia Baron Supervielle.

Son poemas, como inteligentemente apunta el antologador, que, de una u otra manera, reflejan esos estados de ánimo y situaciones que acompañan al amor, como el enamoramiento, la fiebre, el desengaño, el ansia de posesión, el dolor, la angustia, la ironía, los celos, el intercambio carnal, la picardía, la ausencia, la locura y la muerte.

Algunas de esas características son fáciles de advertir en este soneto, escrito por el italiano Giovanni Boccaccio:

Aunque se fuese, con la marcha tuya,

la alta esperanza, la cual yo tomaba

de tus ojos amables, bella joven,

si los veía, casi ya en la fuga,

así alimentó mi enclenque vida

un suave pensamiento, que decía,

al dolerme de aquello en mi interior:

«Pronto será el presente su regreso».

Mas eso no sucede, yo partir

ora debo sin ganas, esperanza

de jamás verte no me queda alguna.

Así me moriré, caro deseo,

y lloraré, el tiempo que me anuncia,

alejado de ti, mi cruel destino.

Como alguien que reescribe un texto y lo adapta a los nuevos contextos culturales y lingüísticos, una especie de co-autor, define Jesús David Curbelo al traductor. En ese proceso “es preciso acomodar el original y se incurre en cierta traición que nace, como en el caso de Judas, de la envidia y de la adoración que suelen anonadar al traductor ante los hallazgos del autor principal, y de los acertijos a que este nos somete cuando queremos transcribirlo a nuestro idioma”.

De ahí el sugestivo título, Por la senda de Judas, dado por el también narrador, ensayista y crítico literario a esta selección de cien poemas amorosos. Un libro que, en verdad, no solo rinde culto a ese hermoso y, a veces, contradictorio sentimiento de los seres humanos. Una antología que también llega, por fortuna, para exaltar el lamentablemente poco valorado arte de traducir.

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