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Crece uso de tarjetas magnéticas en la capital del país

por José Jasán Nieves

Una sucursal bancaria sin clientes en sus salones de espera no es, necesariamente, un lugar donde se desaproveche el tiempo. “Si ese vacío significa que la mayoría de nuestros clientes realizan sus gestiones por vía electrónica, estaríamos más cerca del paradigma contemporáneo de un banco”, comenta a Trabajadores Juan Carlos Donderiz, director de la Red de Sucursales, del Banco Metropolitano.

Es por ello que las autoridades de esa entidad aprecian como un importante paso la existencia al cierre de septiembre del 2014 de 1,3 millones de tarjetas magnéticas en uso, solo en la capital del país, con una población de 2,3 millones de habitantes.

Para prestar servicio a tal cantidad de usuarios funcionan en la urbe 350 cajeros instalados por todos los municipios, los cuales, tras experimentar una renovación tecnológica significativa y pasar a ser controlados por un centro de monitoreo que atiende cualquier interrupción, han conseguido mantener en estos últimos meses una disponibilidad cercana al 94 por ciento.

“Este servicio es muy importante, porque de no funcionar el usuario entra al banco y complica más las colas”, aprecia Marina Torres García, vicepresidenta del Banco Metropolitano, quien confirma una decidida voluntad de seguir creciendo en la instalación de equipos y la entrega de tarjetas.

Es que un acrecentado flujo de personas hacia las insuficientes sucursales bancarias en la capital (mientras en La Habana Vieja existen varias sucursales a 500 metros de distancia, en Regla, Guanabacoa y Cotorro solo existen dos unidades para todo el municipio) junto a las deterioradas condiciones constructivas de algunos locales, mantiene evaluada como deficiente a veces la calidad del servicio que prestan en el Metropolitano.

“Con una tarjeta magnética los clientes pueden de inmediato asociarse al servicio de Banca Telefónica. Desde un teléfono el usuario puede pagar la electricidad, el agua, el teléfono, los impuestos… todo un grupo de prestaciones que evitan tener que ir al banco”, revela Torres García.

“Estos servicios también se realizan en el cajero automático. Pero automáticamente que usted tenga la tarjeta puede solicitar en su oficina bancaria la tarjeta de banca telefónica. Allí recibirá un código y otros elementos de seguridad impresos en el dispositivo, los cuales usará en su interacción con la operadora de la Banca Telefónica”, argumenta por su parte el director Donderiz.

Otro paso conseguido en la descongestión de las oficinas bancarias es la suma de más del 50 % de los jubilados al cobro de su mensualidad a través de un cajero. La cifra puede crecer mucho más pues en la capital el 82 % de los adultos mayores cobra sus chequeras en los bancos, a diferencia del resto del país, donde los carteros, las oficinas de correo y las bodegas participan más activamente en entregar la mensualidad.

No obstante los avances, las representaciones del Banco Metropolitano todavía deben caminar para acercarse al paradigma de la banca contemporánea. Es un proceso en el cual tampoco pretenden aceleramientos, según la vicepresidenta Torres García, pues la emisión de nuevas tarjetas irá paralela al crecimiento en la red de equipos propios, para evitar un colapso de los ya existentes.

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