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Rendimientos cañeros: Con el favor de la ciencia

La siembra de base amplia permite un uso más racional de la fuerza de trabajo. Fotos: Jorge Pérez Cruz
La siembra de base amplia permite un uso más racional de la fuerza de trabajo. Fotos: Jorge Pérez Cruz

Los agroazucareros de Las Tunas terminaron la pasada  zafra con el 109 % de cumplimiento del estimado de caña por moler y sobrepasaron en 0,71, las 40 toneladas por hectárea, todavía muy separado de las 54 que constituyen el propósito trazado  por el grupo empresarial Azcuba en el país.

No obstante el crecimiento experimentado, que sobrepasa en 4 toneladas el real de la campaña 2012-2013, el resultado no es parejo, pues del total de unidades productoras, 62 no llegan a las 40 toneladas por hectárea y ocho de estas a penas logran las 30.

De acuerdo con criterios especializados, los bajos rendimientos que todavía persisten en muchísimas unidades productoras están asociados a las llegadas a destiempo de los insumos, y falta de maquinaria y de equipos de riego.

Sin embargo, hay otras causas asociadas a la actuación de los hombres que obstaculizan la obtención de mejores dividendos: reiteradas violaciones técnicas en la siembra y la resiembra, problemas en la capacitación, mal aprovechamiento de la jornada laboral y deficiente atención a los trabajadores.

Así lo demuestran estructuras como las UBPC   La Pedrera ( promedia 71 toneladas por hectárea) y Velasco 20 (67), sus similares 30 de Noviembre y La Horqueta, y las CPA  Frank País, todas con cifras que superan las 60.

En esos colectivos  también se padecen muchos de los problemas objetivos mencionados, pero los hombres asumen las tareas con mayor entrega y dan esmeradas atenciones culturales a las plantaciones, hacen buena selección de las semillas y preparan a conciencia las tierras, entre otras medidas que contrarrestan las carencias materiales.

El ingeniero José Luis Jomarrón muestra uno de los implementos adaptados por el propio colectivo para asimilar las nuevas tecnologías.

El hombre y la ciencia pueden

El hombre y la aplicación consecuente de la ciencia y sus tecnologías pueden revertir cualquier imponderable, esa realidad es  tangible en la UBPC Diego Felipe, del municipio de Puerto Padre, donde del 1996 a la fecha los rendimientos cañeros han crecido un 20 %, y hoy exhiben 43,8 toneladas por hectárea, el 99 % del potencial agroproductivo de sus suelos.

“En 1996 a duras penas se alcanzaban 23 toneladas por hectárea”, recuerda el ingeniero Agrónomo Pedro Rodríguez Herrera, económico de la unidad,  y significa el mérito de los 217 trabajadores, quienes han roto mitos y se han sobrepuesto al reto que significa enfrentar la poca fertilidad de los suelos y el escaso régimen de lluvia, cuando se fomenta este cultivo en secano.

“A la infertilidad del suelo se unen otras características que hacen más difícil el cultivo”, sentencia y relaciona la existencia de piedras, cañadas y pendientes pronunciadas, grandes desniveles… que han obligado a multiplicar los esfuerzos y a la aplicación consecuente  de los métodos certificados por  especialistas e investigadores para contrarrestar estos males.

Por esos campos andan el ingeniero Agrónomo José Luis Jomarrón Cera y el resto de su tropa como poseídos por los poderes de la ciencia, con la que han ido convirtiendo a la tierra en un verdadero centro de experimentación.

“Hemos aplicado   diversas técnicas para detener el deterioro de los suelos y procurar su recuperación”, afirma José Luis y reseña el arrope, las siembras en contorno, la desosbtaculización y el uso de los residuos de cosecha como abono orgánico.

Hace alrededor de dos años dieron los primeros pasos  en la aplicación de tecnologías que ya rinden halagüeños frutos: “Comenzamos con la siembra de base amplia en 38,6 hectáreas y tuvimos que  cortarla en la zafra 2012-2013 – por un incendio- a los nueve meses de plantadas, el rendimiento fue de 41 toneladas. En la pasada campaña azucarera esa misma extensión cosechada a los 12 meses alcanzó las 51, y una población comprobada que superó el 95 por ciento”.

Actualmente esa tecnología se extiende a casi 70 hectáreas, de las cuales 39,3 acogen otras novedades  en estos parajes –la siembra por yemas pregerminadas en canteros-, las que son trasplantadas directas al surco entre los 20 y 25 días de nacidas; y, la de yema directa.

“Estas serán cosechadas en la venidera zafra, pero utilizamos de esas semillas para la siembra de primavera de este año y para eso hicimos un corte en cerca de cinco hectáreas con solo nueve meses  y el rendimiento sobrepasó las 40 toneladas; además, las cepas demuestran un gran vigor y fortaleza”, refiere José Luis.

La siembra de base amplia aumenta la productividad en el corte.

Las ventajas del lote

“Aquí atendemos bien a las plantaciones y a los hombres”, enfatiza José Luis y pondera el retorno a lote como una opción de valor en el intento de humanizar el trabajo, aprovechar mejor la jornada laboral y aumentar la productividad.

El patrimonio de la UBPC es de 2 mil 39 hectáreas, de las que dedican a la caña mil 176,2 y tienen en su estructura tres lotes dotados de una infraestructura que incluye casa de descanso con cocina-comedor, nevera, módulo pecuario y área de autoabastecimiento, que permite ofertar desayuno, merienda y almuerzo, y en casos excepcionales merienda y comida.

“El retorno al lote  ha sido decisivo, porque da autonomía económica y los trabajadores se sienten más dueños de lo que hacen”, reconoce  el trabajador Salvador Rojas Pupo.

El acatamiento de esta tradición aquí alcanza ya sus objetivos esenciales, que incluyen entre otros: aumentar la producción sobre la base de una mayor identificación del trabajador con el área y la vinculación del salario con los resultados finales; crear las condiciones para que los hombres produzcan su alimentación y de la familia; hacer realidad la doble jornada laboral: por la mañana en las atenciones a la caña y en la tarde a las producciones de autoconsumo; y, lograr que el lote se convierta en una fortaleza económico-productiva ante situaciones de crisis.

Norberto Hidalgo Reyes proclama que “el lote volvió para bienestar de todos. Aquí mismo, argumenta, muy cerquita del surco esta la casa de descanso, donde los obreros tienen asegurados alimentos y sombra suficientes para ´cargar las pilas´ y volver a sus faenas. Ahora es más fácil asumir la doble jornada.”

El impacto

Las ventajas de estas estrategias son visibles: “Desde el punto de vista económico en la zafra pasada tributamos a los ingenios Antonio Guiteras y Majibacoa 33 mil 418 toneladas de caña, de las 31 mil 477 planificadas y tuvimos 338 mil 650 pesos de utilidades. El salario medio por trabajador sobrepasó los 728 pesos y en el mes de mayo saldamos todas las deudas con el banco”, refiere Pedro Rodríguez, el económico.

También, a partir de las tecnologías aplicadas, son halagüeños los índices de ahorro de combustible en las atenciones culturales y la cosecha de la caña, el uso más racional de la fuerza de trabajo y el aumento de la productividad por hombre.

 

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