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Thalía Fung Riverón: “Soy adicta al trabajo”

La Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana, Thalía Muklan Fung Riverón, lidera una nueva disciplina científica que rompe con el pensamiento occidental para representar a nuestros pueblos. Foto: Heriberto González
La Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana, Thalía Muklan Fung Riverón, lidera una nueva disciplina científica que rompe con el pensamiento occidental para representar a nuestros pueblos. Foto: Heriberto González

A la pregunta de cómo se ve a sí misma, no dudó en responder con una sonrisa: “Soy adicta al trabajo”. Nos atrevemos a agregar que también al estudio, porque tal parece que la capacidad intelectual de Thalia Muklan Fung Riverón, santiaguera de madre cubana y padre cantonés, siempre fue más aprisa que los años. Aprendió a leer a los tres y a los 12 se sometió a exámenes e ingresó en el bachillerato.

Era un buen comienzo para quien conquistó el primer expediente en la carrera de Derecho. Después se hizo licenciada en Lengua y Literatura Francesa, Doctora en Ciencias Filosóficas y en Ciencias, y de sus casi seis décadas de trabajo —incluyendo los 8 años que ejerció como abogada— ha dedicado medio siglo a la profesión del magisterio, la cual le aseguró a su madre que no desempeñaría. Sin embargo, hoy es Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana, donde ha formado a más de 30 doctores cubanos y extranjeros.

A sus ochenta recién cumplidos, Thalía acompaña a su apariencia delicada y amable una energía que se desata en los debates teóricos dentro y fuera del país, y en la defensa apasionada de la Revolución desde los más complejos escenarios (como los eventos de la Federación Internacional de Sociedades Filosóficas de cuyo comité de dirección es miembro), hasta las habituales y no menos importantes discusiones de actualidad en su barrio.

Esta fundadora del Partido Comunista de Cuba nos recibe en la acogedora sala de su casa del Vedado capitalino, rodeada de recuerdos de sus visitas a países de Europa, Latinoamérica y Asia, donde ha representado a Cuba en reuniones y eventos científicos, he impartido cursos y conferencias.

¿Cómo fue su desempeño como abogada en el convulso Santiago de Cuba de finales de los años 50` del pasado siglo?

Recuerdo la Causa 67, proceso judicial que se realizó en abril de 1957 en la Audiencia de Santiago de Cuba contra los participantes del levantamiento del 30 de noviembre de 1956 y expedicionarios del Granma. Entre los acusados estaba Frank País a quien yo conocía aunque no teníamos relaciones cercanas porque éramos de facultades universitarias distintas: él de Pedagogía y yo de Derecho. Todos los abogados recién graduados —en solidaridad— acudimos al juicio, nos pusimos la toga y nos sentamos en la barra de los juristas.

Mis actividades con el Movimiento 26 de Julio fueron entre 1957 y 1958, ya que hasta ese entonces apoyaba lo que hacían otros. Algo importante fue la defensa de los combatientes de Acción y Sabotaje que caían presos. Tuve alrededor de 30 causas y solo dos condenas , que sentí como si fueran mías: un muchacho que condenaron a seis meses y un día, y otro, a un año y un día. Los demás los puse en libertad en sus defensas respectivas o apelando al habeas corpus.

Asumí como abogada la defensa de compañeros de Manzanillo, Bayamo, Guantánamo y, por supuesto, de Santiago de Cuba. En ese período fui elegida diputada al colegio de abogados de la provincia.

Cuando triunfó la Revolución fui nombrada, junto a otros colegas, instructor-auditor del Ejército Revolucionario 26 de Julio para instruir los crímenes del ejército de la tiranía contra la población. En eso trabajé solo dos meses, pues en marzo vine para la capital como secretaria del juzgado del Sur de primera instancia de La Habana; después me añadieron la jurisdicción del Norte.

¿Fue entonces que se vinculó a la Universidad, la docencia y la Filosofía?

Seguí trabajando y matriculé en la universidad en el primer curso de la carrera de Letras, en la especialidad de Lengua y Literatura Francesa. Empecé en 1962 y terminé en 1966 pero ya desde antes daba clases porque me destaqué en Filosofía, materia que venía estudiando desde el bachillerato a partir de las obras originales en particular por contradicciones con el profesor de Filosofía y Lógica. Era todavía alumna de Letras cuando dos docentes me recomendaron para el departamento de Filosofía de la Universidad. Hice las oposiciones y lo integré como auxiliar.

De allí pasé a subdirectora docente de la escuela de Ciencias Políticas y cuando se reformó la estructura del Comité Central y se crearon los departamentos, me solicitaron para el de Ciencia, Cultura y Centros Docentes, al cual me incorporé como funcionaria en 1975, aunque no me aparté de la docencia porque seguí dando clases de Historia del pensamiento leninista, en la Facultad de Humanidades, y participé en los tribunales de la Escuela Superior del Partido Ñico López, sin cobrar como profesora.

Dejé la Sección de Ciencias cuando me designaronpara el departamento de Filosofía de la Academia de Ciencias, que solo contaba con diez trabajadores y, en poco más de un año, devino en el Instituto de Filosofía. Soy, por tanto, fundadora de esa institución, de la Revista Cubana de Ciencias Sociales y de la Sociedad Cubana de Investigaciones Filosóficas.

Foto: Heriberto González

Tanto en la Facultad de Superación de Ciencias Sociales como en la escuela de Ciencias Políticas tuve vivencias muy interesantes y enriquecedoras. Durante la zafra del 70` profesores y alumnos partimos a realizar actividades productivas de entrenamiento en el central Camilo Cienfuegos en Santa Cruz del Norte,en tanto otros fueron a Camagüey, y personalmente también trabajé en el Urbano Noris de Oriente. Hicimos actividades en la Isla de la Juventud y en Pinar del Río. Cuando los muchachos terminaron la encomienda se sometieron a exámenes orales, con tribunales… y fue una sorpresa el conocimiento que adquirieron, ya que estudiaron por originales, y sucedió algo simpático: debatieron a nombre de “círculos” y “escuelas filosóficas” a los que les pusieron los nombres de los centrales donde habían laborado.

En esa época realizamos investigaciones en Santiago de Cuba y antes de terminarse ya se estaban aplicando, ya que se tomaban en cuenta nuestros criterios. Las experiencias nos daban posibilidades para la toma de decisiones en un país subdesarrollado y en tránsito a una sociedad nueva, germen de lo que sería después nuestro pensamiento sobre una Ciencia Política de enfoque Sur, tomado de la propia realidad cubana.

Usted es la fundadora de esta nueva disciplina científica que rompe con el pensamiento occidental para representar a nuestros pueblos. ¿Puede hablarnos de su surgimiento y principios?

A fines de los años 80`, cuando Fidel alertó de que era necesario pensar en la posibilidad de la caída del campo socialista y la desaparición de la Unión Soviética, comenzamos a reflexionar y constatamos que la ciencia política occidental se vanagloriaba de haber logrado un tendido de puentes teóricos con los países socialistas para penetrar en esas sociedades.

Era lógico, porque el objetivo era que nos asemejáramos a ellos, quienes consideran perfecto su sistema e imperfecto el nuestro. Nunca tuvieron dentro de su objeto de estudio el pensamiento, la acción, ni los intereses de los de abajo. Se necesitaba para ello una ciencia nueva.

Volvimos a estudiar a Marx y ahí encontramos la clave. Además tuvimos en cuenta la teoría de la verdad de Lenin que señala que cuando hay cambios en la realidad se deben reflejar en el pensamiento y debíamos construir ese pensamiento. Teníamos una historia y un mundo diferentes. Nuestros pueblos no vivieron la revolución industrial, somos de la periferia. Concluimos que si hasta ahora el Norte ha pensado por los de abajo, por qué estos no pueden reflexionar sobre sus propios problemas. Es un sur geográfico pero fundamentalmente político. Entonces nos propusimos construir una Ciencia Política de enfoque Sur, tercermundista, de sujetos plurales, excolonizados.

Se acordó que la Sociedad Cubana de Investigaciones Filosóficas asumiera una sección de Ciencia Política. Ya teníamos la sociedad pero necesitábamos que la academia formara nuevos cuadros y así constituimos el grupo de esa disciplina en la Facultad de Filosofía e Historia.

Propusimos la creación de una maestría. En el 2000 se inició la ,edición y ya se abrió la séptima. Como resultado de ella ya contamos con doce doctores en Ciencias Políticas de enfoque Sur, y otros, cerca de una veintena,── cubanos y extranjeros de América Latina, África y Oriente Medio,── que han defendido de forma directa.

¿Es cierto que en una ocasión el Departamento de Estado consideró que usted afectaba la Seguridad Nacional de Estados Unidos?

Sí, yo iba de delegada al congreso de la Federación Internacional de Sociedades Filosóficas a celebrarse en Boston y me impidieron participar con ese argumento, que escribieron a mano en mi pasaporte. La medida generó, además de las lógicas protestas de los académicos, una gran expectativa. En vez de anularme, todos querían conocer a esta “amenaza”. Simplemente, me volví popular.

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