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Las recompensas del trabajo

Quizás la manera callada de hacer y la consagración a toda prueba fueron las claves para que la vida laboral de Evelio Reyes Parada trascendiera desde su colectivo hasta la nación, y un día, 23 años después de ganarse consecutivamente la condición de Vanguardia Nacional, lo seleccionaron en el presente año, Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

“Nunca pensé ser un Héroe; siempre disfruté el trabajo, sin mirar las horas para terminar la jornada; no me gusta que me llamen la atención, y me ocupo del equipo que estoy arreglando para que no esperen por mí. Desde muy joven me incorporé a laborar y creo que todo eso me ha valido para obtener este título”.

Sus palabras son dulces como el azúcar. No hay asomo de grandilocuencias ni altanería, por lo que una conversación con el jefe del taller de mecánica de la unidad básica de producción cooperativa (UBPC) Alcides Parada, del central Chile, en San Luis, Santiago de Cuba, gira alrededor del taller, de los equipos que arregla, de las innovaciones, de su colectivo y de la familia.

“La comprensión de mi esposa y de mis hijos son muy importantes para llevar una vida como la mía: no tengo hora para irme ni para llegar y lo mismo estoy en el campo, arreglando un equipo, que en el taller, guapeando con los repuestos e inventando piezas para que todo funcione. Tengo 61 años, y me siento muy bien de salud”.

Pelencho o Evelio

La condición de Héroe no cambia la estirpe de los hombres, por lo tanto a Evelio hay que llamarlo Pelencho, porque según cuenta su propia mamá, él se puso ese sobrenombre cuando era pequeño; si solo escribiéramos el propio puede que algunas personas de su entorno ni siquiera lo reconozcan. “Ella cuenta que me lo puse y no sé por qué, lo cierto es que todos me dicen Pelencho”.

Aún siendo adolescente comenzó a trabajar en la empresa pecuaria Raúl Palomo, de San Luis, lo cual duró muy poco, pues llegó su edad para el Servicio Militar Obligatorio y allí perfiló su vocación haciendo de auxiliar de mecánico.

“Estoy en el mismo taller, de lo que ahora es la UBPC, desde 1973, realmente este ha sido mi único centro de trabajo; al principio pasé la escuela de mecanización agrícola, y he cumplido con diferentes tareas: ayudante de mecánica, jefe de pelotón de las KTP, mecánico para los equipos de preparación de tierra y cultivo de la caña, hasta que me designaron jefe de taller.

“¿Innovaciones? Tengo unas cuantas: hice una trituradora de abono porque se pasaba mucho trabajo con el fertilizante lleno de pelotas, fueron tantas que durante un tiempo me dediqué a hacerlas para la empresa; también adapté mangueras hidráulicas y he sustituido piezas de repuesto.

“¿Cuánto le he aportado a la economía? Bueno, para eso sí soy bastante malo, no llevo la cuenta. Todo esto de la Anir es en reconocimiento al esfuerzo; nunca estoy satisfecho con lo que hago y sigo inventando para que no se paren los equipos”.

Hay que sembrar más caña

“Para que los rendimientos crezcan lo fundamental es sembrar más caña y hacerlo con calidad; pertenezco a un colectivo de 152 trabajadores, que cuando llega la etapa de las plantaciones cesan todas las demás actividades y se va para el campo, igual sucede durante el cultivo. Habíamos logrado 55 toneladas por hectárea (t/h); el huracán Sandy afectó mucho a la caña, cuando llegaba al central no pesaba nada, bajamos a 32, y con un trabajo técnico muy riguroso hemos podido subir ya hasta 42-43 t/ha.

“Tengo toda esta información porque soy militante del Partido y en las reuniones discutimos los problemas que atañen a nuestra labor, tratamos de buscarles solución a los problemas, o de sugerirla para que otros centros la pueda adoptar.

“Mi entorno es totalmente cañero, hay un río, extensas llanuras que siempre están verdes y algunas irregularidades, unas lomitas para que la vista no se canse de mirar siempre lo mismo. ¿Las medallas? Las tengo en la casa, esas son las recompensas del trabajo”.

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