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Hombres de mar con ideas en la tierra

En cuanto llega la materia prima a la UEB Fábrica de Pienso Alisur  todo comienza a moverse para reiniciar rápidamente las producciones|foto: Otilio Rivero Delgado
En cuanto llega la materia prima a la UEB Fábrica de Pienso Alisur todo comienza a moverse para reiniciar rápidamente las producciones|foto: Otilio Rivero Delgado

En aquella mañana en la que llegamos a las instalaciones de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Fábrica de Pienso (Alisur) en Santa Cruz del Sur, municipio camagüeyano, todo estaba en calma: una rastra por allá, un teodolito por aquí; nadie se veía y tal parecía que era día de descanso. Nada indicaba que en ese sitio se producen las miles de toneladas de pienso que se distribuyen en varias provincias del país para la acuicultura, o sea, el cultivo de organismos acuáticos, vegetales y animales.

Y era que todos se encontraban en el corazón de la empresa porque había llegado un camión con la materia prima esperada, la cual había provocado una ligera parada de motores.

Cuestión de trabajo

“Cuando nos crearon en 1991 íbamos a elaborar pienso para camarones, pero debido a problemas con la maquinaria y de otros tipos se empezó a trabajar para la acuicultura y garantizar el pienso para engorde que se emplea desde las provincias centrales hasta las orientales y el especializado con harina de pescado para los alevines del país completo”, explica Abel Suárez Cabrera, jefe de la planta de producción, mientras controla los sacos recibidos.

El bajo peso de los sacos es la única reclamación que les ha llegado sobre sus producciones, por lo que se convierte en una tarea pendiente para los técnicos y operadores|foto: Otilio Rivero Delgado

A estos hombres, encargados del alimento de la cría de ciprínidos (tenca, amura y carpa), tilapia y claria, en jaulas o estanques, la materia prima para hacer su labor no les quita el sueño como a otros, pues “hace un tiempo nos centramos en los contratos, los cuales hacemos por dos años, no como otras empresas que lo conciben una vez iniciada la contienda, y así no perdemos tiempo”, aseveró Isidoro Leyva Lanes, responsable de capital humano.

Desde Santiago de Cuba y Cienfuegos les llega el trigo, la soya, el afrecho, el fosfato, la premezcla… todo lo que necesite la única fábrica de su tipo en la industria alimentaria. El mayor por ciento llega en barcos y aunque se demore algo, el plan de 9 mil 500 toneladas para el año actual, cifra similar al pasado, se cumplirá, así sea a finales de temporada, aseguran estos hombres.

Ellos solo saben de trabajar, por eso, sin preguntar, hablan con vehemencia sobre su planta de pienso extrusado, única de su tipo en el país, procedente de una línea brasileña que les permite producir el verdadero alimento para la acuicultura: “Este pienso flota y tiene un rendimiento mayor; es más aprovechado por el pez, y como no va al fondo se pierde menos. Incluso lo pueden comer al otro día. Y para hacerlo se necesita la misma materia prima y la misma fuerza de trabajo”, como aseguró Leyva Lanes.

Tropiezos “bobos”

En esta ecuación productiva  el transporte juega un papel protagónico, pues cada carro que sale con elaboración terminada, regresa con materia prima. Pero hay días, como el de la visita, que cuentan con menos: “tenemos tres carros parados por licencia operativa porque la oficina no tiene el modelo, pero cuando haya habrá que cambiar la chapa y será otro proceso.

“A veces amanecemos con un 20% de los equipos porque de buenas a primeras se rompen; sales a buscar los cereales y viras con alguna rotura, eso es rutina aquí” señaló Leyva Lanes.

A esa cotidianidad de roturas, que no los amilana porque las reparaciones las han asumido ellos mismos aunque no tengan la infraestructura para montar un taller, se les une la ausencia de baño para realizar el cambio de ropa, lo cual hacen en un contenedor viejo al que le “echaron garra”.

El panorama ya cambia. Ahora hay dinero y una inversión de 120 mil pesos en moneda nacional permitirá obtener dos silos nuevos con mayor capacidad, que lograrán aumentar la cobertura en fábrica de materias primas y permitirá erigir el baño y un pediluvio.

En el laboratorio, que se encuentra dentro de la fábrica, se realizan pruebas de granumetría, humedad, densidad para conocer la calidad del mismo y se almacena una muestra durante un mes en caso de alguna reclamación|foto: Otilio Rivero Delgado

¿Después del trabajo qué?

Jorge, Felipe, José pueden ser algunos de los nombres que aparecen escritos en la pequeña pizarra acomodada en un rincón. Ahí no molesta, y todos se acercan a escudriñarla. Este acto seguro llamará la atención al visitante primerizo que verá en ella un objeto fuera de lugar, ubicado en medio del proceso productivo.

Pero para los casi 110 trabajadores de Alisur es de las mejores ideas que han tenido porque cuando aparece el nombre de uno de ellos significa que eres de los mejores de la planta y todos lo sabrán.

Mes tras mes trazan planes y el del primer cuatrimestre del año, a pesar de algunas demoras, fue bien, y los obreros lo saben porque cuando tocan sus bolsillos sienten estimulación en ambas monedas.

“El salario medio –asegura Leyva Lanes –  está por encima de los 600 pesos porque se suma una parte, según la producción. Y en cuanto a la divisa un trabajador directo a la producción puede llegar a ganar entre 28 o 30 dólares y el de oficina cerca de 17”.

Son varios turnos de trabajo. Horas de mucho esfuerzo laboral con olores fuertes que quitan deseos. La seguridad de lo terminado, en parte, está en las mismas manos que lo producen y que logra la calidad que les precede, esa que se alcanza gracias al seguimiento de los especialistas de todo el proceso de mezcla de los componentes, para comprobar el valor del alimento.

Pero es poco el tiempo para conversar, los sacos no se bajan solos. Esos hombres tienen mucho que hacer para echar a andar la fábrica y hay que recuperar las horas de espera porque aunque vivan cerca del mar no gustan de soñar despiertos, sino de hacer mucho con los pies en la tierra.

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