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Sin hacerse el sueco

Evelio Quevedo Fernández. | Foto: René Pérez Massola

“Las llaves de las prisiones donde se encuentran Gerardo, Ramón y Tony son la solidaridad. Llegar a los norteamericanos e incorporarlos a la lucha por la liberación de nuestros hermanos será decisivo; han pasado más de 15 años encarcelados y el tiempo apremia”, afirmó Evelio Quevedo Fernández, un cubano que vive en Suecia y se toma muy en serio esta lucha.

“Debemos intensificar las acciones dentro del territorio de Estados Unidos: las manifestaciones, las campañas mediáticas, el envío de cartas al presidente Obama, los plantones frente a la Casa Blanca. Tenemos preparadas las condiciones para repetir actividades como las realizadas en mayo y junio del pasado año en Washington.

“Nuevamente trataremos de romper el muro de silencio en torno al caso; esa primera vez nos manifestamos en las calles, repartimos propaganda para que los norteamericanos conocieran el caso de los Cinco, y sucedieron cosas impresionantes que demuestran el desconocimiento de los estadounidenses sobre el tema, pero no vamos a cansarnos, seguiremos luchando hasta que regresen”.

Los negros fueron más sensibles

“Estaba en Cuba cuando el Comité Internacional por la Liberación de los Cinco convocó a todos los que tuviéramos posibilidades económicas y de visado para viajar a Estados Unidos. Como tengo pasaporte europeo accedí inmediatamente. Fuimos a Washington con nuestro dinero, nadie nos paga nada; vivimos en un albergue con literas, nada de lujo, estuvimos una semana; vamos porque lo sentimos de corazón.

“Hicimos una gran marcha hasta la Casa Blanca el primero de junio, pero la prensa derechista no le dio cobertura; solo lo hizo TeleSur. Nos manifestamos durante una hora, era el permiso que nos dieron. Allí no podíamos estacionarnos, rotábamos todo el tiempo, porque de lo contrario nos podían sacar del área que teníamos en aquel lugar.

“La sociedad norteamericana se sume en la propaganda comercial, del consumo. En una ocasión estuvimos más de una hora frente a la entrada de los Metros tratando de repartir propaganda, pero nadie cogía una postal, ni una foto, ni un afiche, ni un periódico. No nos hacían caso.

“Decidimos entonces ponernos en las salidas. Gritábamos ¡Free the Five!, ¡Cuba! y enseñábamos que nuestros anuncios no eran de champú, ni queso, ni pan, sino algo para Obama, sobre los Cinco, y solo los ciudadanos de la raza negra tomaron todas nuestras informaciones. Ellos fueron quienes nos dieron el mayor apoyo. Me llamó la atención que las personas blancas no se acercaran a nosotros. Quedó mucha información y la repartimos en las cafeterías.

“Encontré a un hombre haciéndose el que no entendía, preguntaba de qué se trataba todo aquello; esperó a que le explicara quiénes eran los Cinco, qué hacíamos en Washington y al final era un cubano de la derecha. Estrujó el periódico que sostenía en sus manos, me lo lanzó a la cara y me dijo ‘que se pudran en la cárcel’.

“Esa fue una de las cosas negativas que me sucedieron, mas lo positivo era que él sí sabía quiénes son ellos, fue una vivencia muy importante para mí, y estoy dispuesto a seguir haciéndolo sin miedo a los riesgos”.

Cubanos por Cuba

“Cuando estoy en Suecia, sigo colaborando con el grupo Cubanos por Cuba y apoyando al Comité Internacional por la Liberación de los Cinco; mensualmente hacemos actividades culturales para recaudar fondos y enviarlos a Washington, que es donde realmente se necesita más.

“Todos los años organizamos el Encuentro de Cubanos en Europa; en el 2013 fue en Atenas y en cada período lo realizamos en un país distinto. Es una manera de unirnos, de hacernos sentir y de buscar iniciativas para continuar la ayuda a los Cinco y a nuestro país. La labor de solidaridad depende de un esfuerzo personal muy grande; al principio casi todos tenían miedo, pero la situación ha cambiado increíblemente y en estos momentos somos muchos los que nos integramos a estas labores.

“Vivo en Suecia pero no me hago el sueco; llevo a Cuba conmigo, estoy vinculado a nuestra embajada en Estocolmo, desde donde también coopero con los grupos de solidaridad con la isla. Vengo con bastante frecuencia, por lo que siempre me siento como en casa. En mi caso no he perdido las raíces: no me gusta la comida que hacen allá, ni la cultura, ni el clima, veo la televisión en español y me relaciono con la comunidad cubana.

“Por etapas la vida allá ha sido difícil. Suecia es un país muy derechista; la prensa no menciona a Cuba ni a los Cinco, cuando lo hacen es para decir cosas en contra, todo es malo; ahora se conoce un poquitico más gracias a nosotros que estamos en las calles con pancartas, en manifestaciones. Nos mantenemos informados a través de la embajada y de lo que dicen nuestros periodistas.

“Las demandas más importantes en las actividades que hacemos en Europa son el cese del bloqueo y la liberación de nuestros hermanos. Queremos demostrarle al mundo que no todos los cubanos que vivimos fuera somos enemigos de la patria”.

El paraíso que no existe

“Salí de Cuba a los 21 años; pude comprar un pasaje para ir a Moscú, y como decían que Suecia era un país de buena economía brinqué y me radiqué allí. La emigración existe en todo el mundo, pero aseguro que la mayoría sale como yo, no lo niego, soñando con un paraíso que nunca encontré, y para valorar y querer a mi patria —muero por ella— tuve que salir de aquí. Luego uno se da cuenta de que muchas cosas son banales y es cuando empiezas a añorar a tu pueblo, sus playas, su comida, su cultura, andar descalzo, mataperrear por la calle, y viene el choque.

“Yo fui amenazado de muerte por la contrarrevolución en Suecia después que nos dimos a la publicidad como los delegados que nos reunimos en Europa todos los años, y participamos en los encuentros La Nación y la Emigración, que se realizaron en el Palacio de Convenciones, invitados por Fidel; de ahí sacaron nombres y fotos y están en la Internet. En su propaganda nos llamaban ‘Cubanos pagados por Castro’.

“Las amenazas las hacían a través de llamadas telefónicas, entonces los grupos de cubanos en Europa empezaron a apoyarnos con cartas, a decir que no tuviéramos miedo, nos dieron fuerza, al final terminó en nada. En estos momentos somos tan sólidos los cubanos en las calles, en las embajadas, que la derecha anticubana va quedando opacada. Es la manera de amar y respetar a Cuba.

“Por todas estas cosas es que los Cinco significan tanto o todo para mí. Y si fuera necesario haría lo mismo que ellos hicieron por nuestra tierra.

“Tenemos que seguir luchando para que se mantengan las conquistas de la Revolución. Llevo 20 años en Suecia y cuando vengo, veo a los cubanos felices, sin expresar esa palabra tan cruda que usamos en Europa que es depresión; hablan de situaciones reales, pero los niños ríen, juegan en las calles, y soy feliz al escuchar a las madres llamándolos a la hora de comer o de dormir, sin temor a que les pase nada.

“Tengo cuatro sobrinos que viven en Europa y ninguno tiene contacto entre sí, todos están en la computadora, con los juegos, en facebook, cada uno en su cuarto, no hablan con sus madres, no hay espíritu, no hay alma. Nacieron en Cuba y se criaron juntos hasta que emigraron. Su familia es un ordenador, un celular.

“Yo soy cubano hasta la muerte, nada me va a hacer cambiar”.

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