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Diamantes para el lector

portada diamante (Large)La clave de funcionalidad de la narrativa de ficción histórica —entendiendo como tal una trama de sucesos no ocurridos realmente, insertados en el contexto de otros que sí lo fueron— es la organicidad con que los primeros se integren a los segundos.

Cuando esto sucede con eficacia, el lector podrá sumergirse en una aventura —que él sabe urdida por la imaginación del escriba— al tiempo que puede incorporar detalles, para su saber, acerca de un acontecimiento dado de la Historia.

Si una y otra secuencias —la real y la inventada— además son escritas con seriedad documental la primera y con seductora verosimilitud la segunda, entonces ya podemos hablar de una obra que posee luz aportadora al conocimiento y a la espiritualidad.

Eso pasa, a mi modo de ver, con Diamantes para el Duque, novela de J. Hernández presentada por la Editora Política en la reciente Feria Internacional del Libro Cuba 2014.

La sustracción de un volumen considerable de piedras preciosas en una mina diamantífera angoleña es la punta del hilo que a seguidas teje un tupido entramado de trasiegos.

La valiosa carga es arrebatada una y otra vez por personajes, enemigos entre sí por la ambición, que muy a su pesar se ven arrastrados a implicarse en las acciones bélicas que precedieron y sucedieron al 11 de noviembre de 1975, proclamación de la independencia de Angola por las fuerzas de liberación de ese país, apoyadas por combatientes internacionalistas cubanos, en cruenta lucha contra tropas armadas de la reacción angolana, del colonialismo portugués y de los Gobiernos vecinos de Zaire y Sudáfrica.

J. Hernández —Jorge Luis García Hernández; La Habana, 1945; teniente coronel retirado de las FAR; ingeniero químico— ya nos había dado muestras de su talento para engarzar ficción y realidad histórica con sus novelas Los fantasmas del don (Editorial Verde Olivo, 2007), Los hijos de Glorian (Editorial Extramuros, 2010) y Proyecto Sicklemia-E (Editorial Capitán San Luis, 2011).

Con Diamantes para el Duque, nos conduce por un hilo dramatúrgico in crescendo —en medio de un conflicto bélico que transcurre entre la injusticia opresiva y la heroicidad justiciera— mientras la preciada carga pasa de un criminal a otro, hasta un inusitado final, tras el cual algo de esas joyas habrá quedado, definitivamente, en el ánima del lector.

 

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