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Cuba: estallido en primavera

1roMayo¿Por qué Cuba no estalla? se preguntaba hace algunos meses el comentarista de un periódico de los tantos que se cuestionan la realidad de nuestro país o sirven a los que intentan desestabilizarla, y se lamentaba de que aquí no hubiese una “primavera”.

Es difícil entender para los que no conocen la historia de este pueblo, como en medio de grandes carencias y dificultades hemos seguido adelante, unidos, buscando soluciones autóctonas, conscientes de que ese tipo de “primavera” significa para los habitantes de esta Isla el otoño al que no estamos dispuestos a regresar.

Porque en realidad los que reclaman cambios radicales en Cuba lo que buscan es una vuelta atrás, a aquellos años 50 que muchos consideran la edad dorada de la etapa republicana.

En la práctica era una sociedad de vitrina, donde el esplendor de las mansiones del exclusivo barrio de Miramar y de los hoteles de lujo del Vedado capitalino que deslumbraba a los turistas estadounidenses (por cierto atraídos en su mayoría por el auge del juego y la prostitución) encubría los grandes males que agobiaban a grandes masas de la población: cifras alarmantes de desempleo, desigualdad, analfabetismo, una mortalidad infantil superior a los 60 fallecidos por cada mil nacidos vivos y una esperanza de vida que apenas llegaba a los 58 años, por mencionar solo algunos de ellos.

Mediante intencionadas manipulaciones estadísticas, se pretende mostrar una Cuba próspera y a la vanguardia del desarrollo en América Latina, cuando éramos –y los fuimos durante medio siglo- una neocolonia, cuyo “dueño”, Estados Unidos manejaba a los gobernantes criollos del mismo modo que un titiritero a sus marionetas para garantizar la protección de sus intereses en la Mayor de las Antillas.

En aquellos dorados años 50, apoyó sin escrúpulos a un gobierno servil que organizó con su ayuda un poderoso aparato represivo para ahogar en sangre cualquier oposición. Y para que no quedaran dudas, su presidente, el dictador Fulgencio Batista, llegado al poder mediante un golpe de Estado, fue condecorado por el entonces vicepresidente norteamericano Richard Nixon cuando visitó a Cuba en 1955, ocasión en que le reiteró la ayuda militar y política de todo tipo.

Contra ese régimen sí se produjo un estallido popular, fructificado no en primavera sino en enero, hace 55 años, y significativamente los cambios que empezaron a operarse en esta tierra la erigieron en ejemplo y esperanza para otros pueblos del continente.

Los que nos critican no quieren ni que se mencione el bloqueo económico, comercial y financiero más prolongado de la historia a que nos ha sometido Estados Unidos; sostienen que es un argumento que esgrimimos para encubrir nuestras ineficiencias. Si es así, ¿por qué no lo eliminan para que quede en evidencia nuestra supuesta incapacidad de valernos por nosotros mismos?

La interrogante se puede responder con otra pregunta: si en medio de todo tipo de presiones hemos resistido sin doblegarnos ni hacer concesiones durante más de medio siglo ¿qué no podríamos hacer si pudiéramos desenvolvernos libremente?

Si de cambios se trata, la actualización del modelo económico cubano ha demostrado ser un proceso de grandes y trascendentales transformaciones, que acontecen sin improvisaciones ni apresuramientos, de manera ordenada y constante en las más diversas esferas, pero todas para hacer más socialismo y ninguna de las medidas que se adoptan atenta ni atentará nunca contra las conquistas sociales fruto de la Revolución, al contrario de lo que sucede en otras latitudes.

Pero no se preocupe el comentarista que en Cuba habrá un estallido esta primavera. Ocurrirá desde el amanecer, a lo largo y ancho del país, tan poderoso como un movimiento telúrico, porque en esta tierra, la fuerza de la unidad que nos ha hecho firmes en estos más de 50 años, hará que este Primero de Mayo vibren las raíces de la nación.

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