La isla en versos

La isla en versos

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IMG_4675“Cien definiciones sobre lo que significa vivir la compleja y atípica insularidad cubana. Cien distintas maneras de verlo, sentirlo y compartirlo”. Así presenta el poeta Arístides Vega Chapú una selección de poemas –escritos por un centenar de autores cubanos—, que proponen una mirada a las realidades y problemáticas que marcan el discurso lírico de las más jóvenes generaciones.

La isla en versos. Cien poetas cubanos (Ediciones La Luz, Asociación Hermanos Saíz, Holguín, 2013, 232 pp) es el título de este volumen que, con selección de los también poetas Luis Yuseff y Yanier H. Palao, era publicado por vez primera en el año 2011 y que ahora aparece en una segunda entrega ampliada.

Los poemas reunidos en estas páginas permiten, como es fácil advertir, conocer, en su más amplio y diverso espectro, esos temas que preocupan y ocupan a la joven lírica cubana. Textos todos, de una u otra manera, tamizados por esa condición insular que, indudablemente, ha signado tanto los destinos de la nación como la propia vida de sus habitantes.

“Había una vez”, poema que firma Mae Roque (Jagüey Grande, Matanzas, 1972), es un certero ejemplo de tal característica:

Érase una vez el mar
y un barco y la muerte.
Érase un hombre doliéndole
la prontitud del naufragio.
Érase mi historia contada
por la sal y el sol
que el viento dejó
fuera de la isla.
Érase la mordida de la serpiente,
el olor a tierra.
Érase la sombra,
los ojos mutilados,
el silencio del fondo.
Érase una vez tu cuerpo
y mis labios.
Érase una vez el mar.

Otro elemento que aflora en esta selección es la diversidad de formas, estilos, tendencias, que identifican el ejercicio lírico de las más jóvenes promociones. Hecho que reafirma el vasto caudal de un discurso que, asentado en la sólida tradición poética de la isla, no deja de renovarse, para así enriquecer el panorama literario de entre siglos.

Sirva para ilustrar ese empeño, este poema en prosa de la autoría de Michel Trujillo (La Habana, 1977):

Questos clamores que de viento en viento antiguo soliloquio de isla conjuran, aún sin conocerse, tras muchos sucedidos crepúsculos, en el islario de la misma soledad absoluta, entonan el canto de un común afán como acoplando todos en una única garganta la tonada del desasosiego: cantan las glorias de las penas del hombre. Cántico de una vetusta fe que cada uno desde su peñón escucha ignorando si el viento les trae solo la lastimera música que al oído del adentro susurra el ansia con los sutiles dejos de la tristeza. Nadie sabe que ese canto es el canto común de la espera y de los días. Nada oímos mientras cantamos, las notas de nuestro íntimo clamor apagan las voces que de otras orillas claman en una fe sinónima. Y negamos que exista el eco fantasmal e impreciso del himno que a lo lejos repite con exacta entonación la gemela esperanza, y esperamos en una playa solitaria un son distinto e imposible para izar al viento nuestro velamen amarillo.

Se incorporan a esta segunda edición de La isla en versos. Cien poetas cubanos los textos que, en varias provincias del país, sirvieron para presentar el libro publicado originalmente en el año 2011, en ocasión del veinticinco aniversario de la Asociación Hermanos Saíz; así como las fichas bibliográficas de los autores reunidos en estas páginas.

En las palabras que, a manera de prólogo, acompañar el volumen, el poeta e investigador Roberto Manzano acertadamente escribe:

Aquí, en esta hermosa muestra lírica, palpita esa vena profunda, ese modo de dialogar con las aguas, esa infinitud de habla que exhibe nuestra angustia. Aquí están los testimonios de las pérdidas, las lamentaciones del silencio, las increpaciones y fas reconciliaciones, la sostenida conversación de nuestro espíritu con los litorales de todo orden que nos han rodeado siempre.

Los que han reunido las voces han ensamblado con sabiduría catauro tan diverso, y la dramaturgia escondida de nuestra poesía más reciente asoma en la secuencia como una bordadura espiritual de nuestro ser. Y la poesía cubana parece decir, en lo freático, en lo sumergido de los tonos, que el sujeto de su imaginaria enunciación continúa, a través del coro multiforme, con alta calidad discursiva, el diálogo infinito que hemos entablado con las aguas que nos enemistan y enlazan.

La poesía es siempre el diálogo vivo, la brotazón de lo entrañable, la denuncia de lo que sucede en el silencio, la lucha contra lo real desde el sueño, la esperanza de que un mundo mejor nos habite definitivamente en el pecho. La poesía construye de continuo puentes aéreos forjados con las manos de lo íntimo, arcos de solidaridad que fundan en los individuos que la consumen el cónclave multitudinario y compartido de los deseos.

No resulta novedoso afirmar que La isla en versos. Cien poetas cubanos es una fiel y nítida radiografía de la joven lírica cubana de hoy. Lo novedoso de esta selección es, en realidad, poder comprobar que, a través de su lectura, se llegará sin sudas a conocer, apreciar, valorar, el rumbo que, de seguro, tomará la poesía insular en el tiempo por venir.

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