Elecciones presidenciales en Costa Rica: ¿Un punto de giro?

Elecciones presidenciales en Costa Rica: ¿Un punto de giro?

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De izquierda a derecha Luis Guillermo Solís y Johnny Araya.  Fotos: Noticias 24
De izquierda a derecha Luis Guillermo Solís y Johnny Araya / Fotos: Noticias 24

La segunda vuelta de los comicios presidenciales de Costa Rica, en los cuales se perfila como potencial ganador el candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC), Luis Guillermo Solís, un político distanciado del partido de Gobierno y que hasta hace muy poco no aparecía como una figura presidenciable, puede marcar un momento de potenciales cambios en el accionar político de la nación, según opinan numerosos analistas.

Tras sorprender al declararse puntero en la primera vuelta, efectuada el pasado 2 de febrero, el candidato del PAC entrará en la ronda definitoria del 6 de abril con todas las posibilidades para alcanzar el éxito. Su más cercano contendiente, el candidato oficialista Johnny Araya, renunció a su pretensión de ser presidente una vez derrotado por Solís hace 50 días, con lo cual entregó virtualmente el Gobierno a su adversario.

Al estar obligado por la Constitución a mantenerse dentro de la campaña, Araya dejó claro que su posición de no participar en actividades se mantiene, pero avala los movimientos que está realizando su partido, con tal de salvar votos el próximo 6 de abril.

Solís, historiador de profesión y experto en Ciencias Sociales, es caracterizado por analistas como un político de línea centrista, aunque algunos lo encasillan en una posición de centro izquierda. Desde hace una década se separó del Partido Liberación Nacional (PLN), donde había militado, y aseguró que lo hacía descontento por las tendencias hacia posiciones ideológicas negativas que asumía esta organización y la corrupción interna que la envolvía. Durante su campaña como candidato del PAC proclamó que su propósito, si gana las elecciones, es “acabar con el desgobierno” del PLN.

El Partido Acción Ciudadana es un fenómeno de crecimiento récord en la vida política costarricense. En solo seis años de existencia ha logrado ser la organización con el segundo mayor número de diputados y regidores; en las elecciones presidenciales del 2010 obtuvo el 25 % de los votos y se colocó también como la segunda fracción parlamentaria más numerosa.

Solís tiene a su favor la creciente impopularidad del Gobierno del PLN, que durante los últimos 10 años ha visto crecer la desigualdad social, mayor hoy que en numerosas naciones de la región. La pobreza en Costa Rica está estancada en un desfavorable 20 % y el desempleo en alrededor del 10 por ciento.

A despecho de un crecimiento económico aceptable y una creciente apertura económica, estos indicadores revelan la desigual distribución de la riqueza que ha llevado a la inconformidad popular cada vez más acentuada y a la demanda de soluciones por parte de la población.

Al desfavorecimiento que estas realidades proporcionaron al candidato del oficialista PLN, Johnny Araya, se suma que dentro de esa agrupación política nunca ha tenido apoyo suficiente. Sus antecedentes como alcalde de la ciudad capital durante muchos años, donde lejos de haber sido una fortaleza deja huellas que podrían ser más bien su talón de Aquiles, tampoco le permitieron el respaldo requerido en su aspiración a la primera magistratura. Los pobladores de San José de Costa Rica no han visto soluciones a casi ninguno de sus grandes problemas desde que Araya ingresó a la alcaldía un par de décadas atrás.

Es una clara evidencia, según analistas locales, que la actual administración no cuenta con simpatía popular ni respaldo debido a la ineficacia de su desempeño que, además, se ha visto ensombrecido por sucesos muy sonados de corrupción. Este lastre tendrá, a juicio de los entendidos, un inevitable costo en las urnas.

Con el antecedente de un abstencionismo del 32 % en la primera vuelta, dada la desconfianza de buena parte de los ciudadanos ante las promesas de los candidatos, ahora solo queda esperar al 6 de abril, momento en el que se determinará el futuro político del país durante los próximos cuatro años.

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