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Dale cómo é…

Adalberto Álvarez | foto: René Pérez Massola
Adalberto Álvarez | foto: René Pérez Massola

Adalberto Álvarez lleva más de 40 años haciendo bailar al mundo. Primero lo hizo con Son 14 (Santiago de Cuba, 1978) y desde hace tres décadas con la agrupación que enlazó para siempre su nombre al del son.

Elocuente conversador, este hombre nacido en La Habana y criado en Camagüey, ha fomentado lazos comunicantes con esa cubanía diversa que nos trasvasa, de oriente a occidente. No rehúye los temas polémicos y de ello dan fe los fragmentos de una conversación que, en momentos diferentes, sostuvo con esta reportera.

Son 14, oficio, vocación y fama:

“A finales de 1979 nos presentamos en La Habana por primera vez. Muchos pensaban que éramos venezolanos, nadie nos había visto en la capital. Tocamos en el Salón Mambí, de Tropicana, para entonces el espacio bailable más importante. Cuando terminamos, la policía nos tuvo que sacar en carros jaula como medida de protección. Luego, en Radio Progreso, rompieron los cristales por vernos. Solo había ocurrido eso antes con Beny Moré. No sabíamos si eran muestras de cariño o nos decían que nos fuéramos. Desde entonces he vivido experiencias parecidas con las dos orquestas. Con la actual recuerdo el estreno de Y qué tú quieres que te den, en la Plaza de los Trabajadores, en Camagüey. Son reacciones que a veces asustan, pero es lindo. Trabajamos para sentir ese afecto y respeto de la gente”.

¿Siempre el primero?:

“En términos de popularidad lo importante no es ser siempre el primero, es imposible en una carrera tan larga. Prefiero mantenerme en el pelotón de avanzada. Si son 10, estar entre ellos”.

Difusión de la música:

“No estoy en contra de ningún tipo de música siempre que esté dosificada. Hay que darle al público la oportunidad de escoger, que cada cual diga qué es lo que quiere y para eso hay que difundir por igual a Barbarito Diez, Los Van Van, Celina González y el reguetón…”

La música cubana en el mercado internacional:

“Ese es un terreno que perdimos hace rato y actualmente es difícil recuperarlo. En todo negocio hay que invertir para ganar y el marketing marca el acceso al mercado, a veces más que la calidad. Quizás debió escogerse a un grupo de artistas emblemáticos y colocarlos, con lo que llevan, en el circuito de la música internacional, pero no se hizo. Ahora, con Internet y las páginas web que cada artista se hace, se abren algunos espacios pero son mínimos.

“La comercialización en el resto del mundo es increíblemente diferente. Solo un ejemplo: Hace unos meses estuvimos en los carnavales de Panamá, junto a Los Van Van y la Aragón. Cuando sumamos el caché de las tres orquestas, no llegamos ni a la mitad de lo que recibió el Gran Combo por un concierto. La gente nos vio tocar y enloquecieron, pero faltó marketing, no hubo temas en la radio y muchos nos desconocían. Encima llegas, tocas y te vas. El público te olvida pues solo existes en los días en que estás allí. Otras agrupaciones tienen gente trabajando en la difusión constantemente”.

Las disqueras:

“Las grandes orquestas del mundo tienen sus disqueras pero aquí eso no ha dado resultado. Esas empresas tienen que ser solventes, si reduces sus presupuestos no podrán hacer los 10 mil afiches que lleva Adalberto, solo 2 mil. Lo mismo con los discos. A veces no llegan cuando el tema está pegado, sino después. O las tiradas son mínimas y cuando mayor es la demanda, se acabaron los discos”.

Espacios para bailar:

“No sirve cualquiera. Las plazas, por ejemplo, son para conciertos pues la gente se aglomera para escuchar. Muy pocos bailan, el espacio no te invita a eso. Los salones de baile son al estilo de los círculos sociales de las playas de Marianao, cerrados y no de tanta capacidad. Me consta que existe la voluntad política de responder a esa necesidad de crearlos. Se están manejando algunas propuestas, pero aún no hay una decisión al respecto”.

¿Prensa cubana?:

“Me alegró la invitación a tocar en saludo al Día de la Prensa cubana. El trabajo de los periodistas es imprescindible para combatir lo mal hecho, lo mal escrito, la chabacanería… Estamos en eso desde hace tiempo pero la varita mágica no existe. Si hay un hueco en la esquina, le toca a la prensa decir que está ahí, no arreglarlo. Pongo ese ejemplo sencillo para explicar que son otros los que deben buscar las soluciones a los problemas y no culpar a la prensa como a veces se hace. Cada día se habla con mayor claridad y esa es la misión del periodismo en la sociedad”.

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