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Sueños y obras de un precursor

Doctor Rodrigo Álvarez Cambras, director del Complejo Científico Ortopédico Frank País. Foto: Ariel Cardoso.

Doctor Rodrigo Álvarez Cambras, director del Complejo Científico Ortopédico Frank País. Foto: Ariel Cardoso.

Cuando hace unos años se realizó en la ciudad de Cienfuegos el Congreso Internacional de Ortopedia tuve la posibilidad de conversar con el doctor Rodrigo Álvarez Cambras. Por ese extraordinario carácter humilde que lo caracteriza, había dejado a un lado en ese momento los encuentros con sobresalientes especialistas nacionales y extranjeros para preocuparse por algo tan sencillo como la merienda para los periodistas que dábamos cobertura al evento. Por no tener un cuestionario bien concebido a mano dejé escapar la posibilidad de entrevistarlo.

Pero “nunca es tarde si la dicha es buena”. Hace solo unos días hice —se puede decir— “un disparo al aire”, pues conseguí su dirección de correo electrónico y le hice la propuesta de enviarle unas preguntas relacionadas con su vida y obra gigantesca. Una semana después, cuando las esperanzas ya casi se habían esfumado, llegó un mensaje de él a mi buzón, con una disculpa por la demora en contestar y la aceptación de la entrevista. Ni corto ni perezoso le envié las interrogantes y estas son sus respuestas.

Según he leído, su padre quería que usted estudiara Ingeniería. Sin embargo, se inclinó por la Medicina. ¿A qué respondió esa decisión?

La enfermedad de mi padre comenzó cuando yo tenía 10 años y falleció teniendo 14, de una tuberculosis pulmonar, complicada con asma y diabetes.

Lo vi morir con hemotisis (expulsión de sangre en el esputo o flema*) y de una forma horrible. La enfermedad arruinó los pocos recursos que teníamos mi madre y yo, ya que soy hijo único.

Mi padre, de nacionalidad española, quiso ser ingeniero, pero a consecuencia de la Guerra Civil y tener que salir huyendo de España por ser republicano, no se lo permitieron, por lo que me inculcó la idea de ser ingeniero de puentes y caminos.

Yo había aceptado esa idea, pero debido a la enfermedad de él, a su muerte decidí hacerme médico, con el objetivo de curar la tuberculosis en otras personas que pudieran padecerla. Al terminar la carrera de medicina, se había encontrado la solución a la tuberculosis, a través de antibióticos.

Siendo alumno de segundo año recibí varias lesiones durante una manifestación estudiantil en contra de la tiranía de Batista y me llevaron a la sala Gálvez, del hospital Calixto García, donde comencé a ayudar a los otros heridos, poniendo yeso, y me enamoré de la especialidad de Ortopedia.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida del Profe?

Cualquier día de mi vida es de trabajo, estudio, atención a mi familia y de preocupación por la salud de mi pueblo.

¿Considera al Complejo Científico Ortopédico Internacional (Ortop) Frank País su obra mayor?

En el hospital Calixto García, antes del triunfo de la Revolución, durante la dictadura, en la propia sala Gálvez, que era la de los pobres, cuando llegaban los enfermos teníamos que conseguirles los medicamentos, los clavos, los tornillos, porque no tenían para pagarlos; hasta se acostaban dos pacientes en una misma cama e inclusive, en frazadas en los pasillos.

A todos los jóvenes que éramos revolucionarios eso nos dolía en lo más profundo de los corazones.

Desde entonces, tuve un sueño: que un día nuestro país contara con un hospital donde el 100 % de la población tuviera asistencia médica de excelencia y gratuita.

Ese sueño se realizó con el triunfo de la Revolución, cuando un día nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz me orientó hacer en el municipio de La Lisa, un gran hospital de Ortopedia y Traumatología. Eso me permitió construir esta obra, que pienso, es la obra de mi vida.

El acercamiento y tratamiento a los atletas, ¿a qué vocación responde más, a la de amante de los deportes o a la de especialista en Ortopedia y Traumatología?

Responde a ambas. Por una parte, fui atleta en varias modalidades durante mi juventud, y ya como ortopédico, por una preocupación del Comandante en Jefe, en el año 1970, debido a que muchos deportistas tratados en distintos lugares del país, a pesar de ser bien atendidos, no regresaban al deporte.

Él me orientó recorrer un grupo de países, durante 45 días, para desarrollar el Departamento de Traumatología Deportiva del Hospital Frank País, que tantos éxitos ha brindado en el tratamiento de los atletas.

Los fijadores externos Ralca se aplican en más de 40 países del mundo y han beneficiado a unos 125 mil pacientes. ¿Los considera su principal aporte científico?

Los fijadores surgieron después de mi estancia de dos años en París, haciendo el grado de Profesor Asistente en Ortopedia en la Universidad de La Sorbona. Allí conocí algunos que utilizaban en Europa, muy rudimentarios y que resolvían solamente la estabilización de la fractura, pero me enamoré de la idea y decidí que a mi llegada a Cuba resolverían las ocho posibilidades, para que fuera un fijador óseo universal.

Con un compañero aprendí tornería y junto con él, en los talleres de la cervecería La Tropical, que nos prestaban por las noches, comenzamos los trabajos.

Posteriormente seguimos en los talleres de Ciudad Libertad y por último en Antillana de Acero, hasta que surgió el primer fijador modelo No. 1. Pusimos un taller en el hospital y allí trabajamos hasta el modelo 4000 que utilizamos hoy, logrando todas las posibilidades del fijador, por lo que le nombré fijador universal Álvarez Cambras-Ralca, que hoy se aplica en toda Cuba y en muchos países del mundo.

Creo sinceramente que fue uno de los principales aportes científicos que realizamos.

Muchos jefes de Estados y personalidades han preferido su atención, por lo que de hecho, se ha convertido en un embajador de Cuba en no pocos países del mundo.

Nuestro hospital fue cogiendo prestigio internacional desde el inicio del año 1969, que comenzó, y coincidió con que muchos presidentes de Gobierno, primeros ministros, emires y dirigentes africanos y árabes demandaban mis servicios.

Pienso que detrás de mi labor está el enorme prestigio que ha ganado la medicina cubana con el impulso internacional que le dio nuestro Comandante en Jefe.

Considero siempre que en mí están todos los médicos que durante años se han formado y han sido mis colaboradores.

De las 28 páginas de su currículo subrayo una línea: Héroe del Trabajo de la República de Cuba, 1992. ¿Cómo valora ese reconocimiento?

Desde muchos años, nuestro hospital recibió diferentes banderas y diplomas de la CTC nacional, por lo que en el año 1992 me sorprendieron con una citación al Palacio de Gobierno, donde Fidel me entregó el título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, junto con la Orden Lázaro Peña y la Carlos J. Finlay.

Fue uno de los momentos más importantes de mi vida, que nunca olvidaré. Ese reconocimiento lo recibí a nombre de todos aquellos que con el tiempo me ayudaron a desarrollarme y en honor a todos los que dieron su vida en la lucha revolucionaria para lograr una patria libre, soberana y socialista.

Muchos coincidimos en reconocer que a pesar de sus extraordinarios méritos y logros, es una persona muy sencilla (el haber concedido esta entrevista así lo evidencia). ¿Qué consideración puede hacer al respecto?

En general, me niego a las entrevistas por modestia personal. Un compañero periodista lleva seis años tratando de escribir mi biografía y me cuesta trabajo responder a su deseo, pero cuando leí las preguntas de esta, me pareció, que si puede ayudar a nuestra juventud, debía concederla.

Nota del autor:

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