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google-espionajeLa privacidad es ficción en Internet. La NSA y el Departamento de Defensa, desde los años del señor Bush, obraron en conjunto como una orquesta maliciosa

Documentos desclasificados por la Casa Blanca revelaron que el expresidente de Estados Unidos, George W. Bush, también ordenó la vigilancia de comunicaciones electrónicas a nivel global.

La privacidad es ficción en Internet. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA, sigla en inglés) y el Departamento de Defensa, desde los años del señor Bush, obraron en conjunto como una orquesta maliciosa: husmearon llamadas telefónicas y siguieron la comunicación de los usuarios de la red de redes.

Esto fue parte del Programa de Vigilancia de Terroristas autorizado por el expresidente luego de los ataques del 11 de septiembre. Esta fecha ha valido para justificar mucho, tal vez, demasiado.

Los archivos reveladores irrumpen en días tensionados por el escándalo debido al espionaje masivo que dispuso Washington contra líderes mundiales y personas alrededor del planeta, acciones dadas a conocer por el excontratista de la NSA, Edward Snowden.

Fue en junio de este año que llegaron los testimonios de Snowden. Desde entonces, la NSA y la administración del presidente Barack Obama enfrentan un ritmo precipitado de críticas de la sociedad estadounidense y de la comunidad internacional.

La respuesta de Obama radicó en la promesa de que en las próximas semanas comunicaría una serie de modificaciones en el trabajo de la NSA. Se espera que estas personifiquen una regulación de las prácticas de espionaje, no más que eso, un espionaje regulado. El Gobierno seguirá husmeando a fin de cuentas.

El mal ya está hecho y se seguirá haciendo

Al parecer, un grupo de ocho poderosas empresas que incluye a Microsoft, Apple, Yahoo, Facebook y Google quiere limpiar su imagen pidiendo a Estados Unidos regular las leyes de espionaje.

El grupo preponderante que había entregado sin consideraciones la información de sus usuarios a la NSA, ahora exige al Presidente y al Congreso estadounidenses que establezcan nuevos límites a la vigilancia por parte del Gobierno.

“El equilibrio en muchos países se ha inclinado demasiado a favor del Estado y en contra de los derechos de los individuos, derechos que están consagrados en nuestra Constitución”, escribieron las empresas en una carta abierta que fue publicada en forma de anuncio en varios periódicos nacionales.

Llama la atención que el grupo tiene un importante peso en las campañas electorales políticas y profundos intereses en Washington. Además, según el diario The New York Times, la caída que ha habido en la confianza de los usuarios de Internet podría costarle para el año 2016 hasta 180 mil millones de dólares en pérdidas, una cuarta parte de sus ganancias.

La solución al problema no va a ser fácil. El modelo de negocio de esas empresas está sustentado por la adquisición de datos de sus consumidores, y estos datos cautivan a las agencias de espionaje. El espionaje es un fiel amante de los datos. Snowden sacó a la luz lo que debía saberse de antemano. Internet representa un gran negocio, y los negocios grandes los manejan los ricos. Internet es uno de los mayores fisgones de Washington.

“Creemos con firmeza que las leyes y prácticas actuales deben ser reformadas”, dice el grupo. Reformar no significa concluir. En este caso, puede significar un poco más que no hacer nada. Quizá el plan sea optimizar el espionaje, o esperar que haya una resignación universal al hecho de que las vidas personales van dejando de ser íntimas, casi inevitablemente. Una cosa es segura: Internet es un medio muy sustancial en la actualidad, y no dejará de utilizarse solo porque haya quien se sienta vigilado con su uso.

 

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