La historia antigua  y el alcalde incómodo

La historia antigua y el alcalde incómodo

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Foto: AFP
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Por Odette Díaz Fumero, estudiante  de Periodismo

El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, sin tener  a su favor un alto registro en las encuestas  se convirtió de la noche a la mañana, a  comienzos del presente mes, en centro de  atención de los colombianos, a consecuencia  de la desmesura y el abuso de poder del procurador  Alejandro Ordóñez, que decretó su  destitución e inhabilitación por 15 años.

Aun cuando algunos no escatimaban  críticas a su gestión y sin haber mostrado  a mitad de su mandato logros sociales  de mayor trascendencia, su deposición ha  despertado no solo el incremento del respaldo  de muchos bogotanos, sino numerosas  manifestaciones de solidaridad nacional  e internacional hacia su figura.

Un rotativo local describió así el proceso  devenido tras la medida que lo sacó  de la silla de la alcaldía: “El lunes, a solo  cinco horas del fallo, una multitud se agolpó  en la Plaza de Bolívar para oírlo en su  verbo fácil y para avivarlo en su dolor. El  martes era el tema del día de todos los medios  de comunicación del país. El miércoles  su favorabilidad había subido 20 puntos en  los sondeos de opinión y la del procurador  los había perdido”.

Por su parte otro informativo local  evaluaba la situación del siguiente modo:  “Ni el enojo que ha causado el fallo ni la  solidaridad son gratuitos. Las personas  con alguna información, sin graves sesgos  ideológicos, sin intereses económicos  específicos en el cuantioso negocio del  aseo, saben que en el fondo, en la sustancia,  Petro tiene razón en la búsqueda de un  cambio de modelo en la recolección de las  basuras. Saben que tuvo graves fallas en  la planeación y en la ejecución de las medidas,  pero entienden que los operadores  privados se estaban llenando los bolsillos  de dinero y cobrando altas tarifas, entienden  que está agotado el esquema de recoger  desechos y botarlos en la periferia de la  ciudad y ha llegado el momento de meterse  en serio en el reciclaje”.

Opiniones de mayor trascendencia se  refieren a los antecedentes de Petro en la  lucha implacable contra la corrupción, y  no pocos analistas hablan de que el fallo  está manchado por turbias conspiraciones  contra el proceso de paz entre el Gobierno  de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas  Revolucionarias de Colombia- Ejército  del Pueblo (FARC-EP) y por veladas  estrategias para sacarlo del escenario político  y llevar a un político de muy dudosa  conducta a la silla de la alcaldía capitalina.  Sin contar que en la solidaridad popular  evidenciada está presente también el rencor  de muchos ciudadanos contra Ordóñez  y las jugadas sucias del uribismo.

Lo cierto es, como lo ha definido el  propio Petro, que “la acción del Procurador  General tiene todos los visos de un golpe  de Estado…” . Según la ley colombiana  al alcalde de Bogotá sólo lo puede destituir  el presidente de la República.

Hasta el momento, Ordóñez no se ha  pronunciado después de anunciar la destitución.  En la sentencia, el procurador dijo  que Petro cometió faltas “gravísimas” al  cambiar el sistema de recolección de basuras  en la ciudad.

La esencia parece estar en la propia  definición de los hechos enunciada por el  defenestrado alcalde: “No soy cómodo para  una serie de fuerzas políticas muy retrógradas  que ahora están apuntando contra  la paz y contra la posibilidad de una negociación  con las FARC-EP que ponga fin a  la guerra en Colombia”.

Hay quienes aprecian en este proceso  un perfecto engranaje de las fichas que ha  puesto en juego la oligarquía más reaccionaria  y corrupta. Uribe y Londoño sacarían  del camino político con la destitución  de Petro a uno de sus mayores detractores;  a su vez, Ordóñez haría sentir su autoridad  en todos los rincones del país para  una posible candidatura presidencial en  el venidero 2018 con el apoyo del uribismo,  sin tener al frente a un contendiente  de cierta tendencia izquierdista como  Gustavo Petro.

Todo cuanto ha ocurrido tiene mucho  que ver también con las transformaciones  operadas en Bogotá en los años recientes y  enmarcadas en la gubernatura de Petro a  partir del 2012, cuando este capitaneó una  dura campaña contra el robo de los presupuestos  de la ciudad por parte de los anteriores  gobernantes del Polo Democrático  (2008-2012), y que llevó al encarcelamiento  del ex alcalde Samuel Moreno, el senador  Iván Moreno y de varios concejales, altos  funcionarios públicos y contratistas.

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