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De la luna a la tierra

La minería a cielo abierto es sumamente agresiva al medio.
La minería a cielo abierto es sumamente agresiva al medio.

La minería a cielo abierto es la más agresiva para el medio ambiente, pues las labores previas de tala, desbroce y escombreo implican devastar por completo la floresta natural y la capa de suelo vegetal para dejar el yacimiento en condiciones de extraer el mineral.

Cuando los mineros concluyen su trabajo dejan el lugar convertido en un verdadero paisaje lunar, donde la roca viva aflora a la superficie y no se aprecian vestigios de vida animal o vegetal, como venía sucediendo en el nordeste de la provincia de Holguín.

Para contrarrestar esta situación, desde principios de la década de los 70 del siglo pasado se comenzó a trabajar en la reforestación de áreas minadas de la empresa niquelífera René Ramos, de Nicaro, en Mayarí, labor que luego se extendió a la Pedro Sotto Alba, de Moa.

Sin embargo, durante los primeros años la preparación del terreno y la siembra de árboles estuvieron muy por debajo del ritmo requerido, a causa de la falta de medios y fuerzas, y lejos de disminuir, aumentaban las zonas desforestadas.

Pero a pesar de los daños medio ambientales, resulta necesario mantener o incrementar los niveles de extracción del mineral laterítico para la industria del níquel, convertida en uno de los principales sostenes de la economía cubana.

Rehabilitacion integral

En enero del año 2007 se creó la Empresa de Rehabilitación Minera (Remin), ante la necesidad de unificar estas labores y darle el requerido impulso para minimizar el impacto ambiental y restablecer el equilibrio ecológico en el menor tiempo posible.

El licenciado Arleydis Gamboa Cueto, especialista principal de la Dirección Técnica, dijo que el objetivo principal de esta entidad es completar los trabajos de restauración de las áreas minadas y devolverlas al patrimonio forestal.

Perteneciente a la Unión del Níquel, presta servicios completos de rehabilitación a las empresas de Moa y Nicaro, los cuales abarcan desde la siembra de plantas y preparación del suelo hasta la reforestación y cuidado de los nuevos bosques.

Las actuales exigencias implican lograr posturas no solo de casuarina como regeneradora de suelo, sino también de pinos cubensis, ocuje, marañón, icaco y otras especies autóctonas que le devuelvan al entorno sus características originales.

Impulsan también la conservación del suelo mediante la construcción de terrazas y barreras muertas, rellenado de los hoyos con materia orgánica, corrección de cárcavas y protección de taludes con retenedores de rocas, madera o biomantas de fibras vegetales.

La subdirectora técnica de Remin, ingeniera Sara Aponte Suárez, dio a conocer que en seis años de labor han logrado sembrar cerca de 30 millones de posturas de árboles con un nivel de supervivencia, de más del 90 por ciento.

Destacó que junto con la reforestación, trabajan con intensidad en la rehabilitación de los terrenos minados y el mantenimiento de las plantaciones, gracias a lo cual han devuelto al patrimonio forestal mil 174 hectáreas con bosques formados.

En la protección de taludes utilizan diferentes técnicas y materiales.

No enterrar la madera

El aprovechamiento de millones de metros cúbicos de madera, la mayor parte de los cuales se han estado enterrando durante años por el desbroce ante el avance impetuoso de la minería, es otro de los grandes desafíos que tienen por delante los factores involucrados en esta actividad.

Con ese objetivo se creó la Unidad Extractiva Industrial, perteneciente a la empresa agropecuaria de Moa y que cuenta con un aserrío en Quemado del Negro y una brigada de extracción que labora en zonas contempladas en los planes futuros de la minería.

Su director, Rolando Rodríguez Guach, informó que cuentan con tres brigadas de taladores y una de carboneros, las cuales laboran en las serranías, y un aserrio que montaron con viejas máquinas recuperadas, algunas con más de un siglo de explotación.

“Nosotros, precisó, estamos aprovechando una parte de la madera porque no tenemos el equipamiento requerido y por eso solo procesamos de 40 a 50 metros cúbicos en bolo y alrededor de 20 aserrada, cantidades que pudieran incrementarse.

“La minería no para, aunque queramos no damos abasto, más de la mitad de la madera, buena parte de ella dura y semidura (preciosa) se pierde, es amontonada o enterrada durante el escombreo sin que podamos hacer nada.

“Esta situación se ha planteado en varias ocasiones y no hemos recibido repuesta, nos faltan equipos especiales para extraer los bolos desde las zonas montañosas de difícil acceso”, apuntó por último el director del establecimiento forestal.

Ante la imposibilidad de aprovecharlo todo, los trabajadores de las brigadas de extracción aplican la tala selectiva, es decir, cortan los mejores árboles, de mayor valor comercial y que están situados en lugares más accesibles.

Con la experiencia que le brindan más de 40 años en estas labores, Quintillo Matos Zúñiga aseguró que ellos van cogiendo los mejores palos, “no podemos con todo, porque es mucho lo que tumba la minería.

“La verdad que es un crimen, recalcó, aquí no solo se ha tapado mucho pino, sino también cantidades de majagua, caoba, cedro, roble, azulejo y ahora mismo están tumbando un cayo grande en la zona de Canta Rana y no hemos podido sacar ni uno”.

La producción de posturas se ha incrementado.

Detrás de la minería

Incrementar el ritmo de las labores de recuperación, hasta ponerla detrás de la minería, constituye el principal objetivo de la Empresa de Rehabilitación a fin de evitar que las áreas explotadas permanezcan desforestadas por mucho tiempo.

Pero para materializarlo requieren disponer de mayores medios y equipos especializados y comprensión de los clientes que contratan los servicios, como bien apuntó la licenciada Geisa Cuenca Torres, técnica de obras ingenieras.

Explicó que quienes pagan estos servicios son las empresas niquelíferas, las cuales priorizan, lógicamente, las actividades productivas y en ocasiones reducen las contrataciones para no afectar los presupuestos.

Quiere decir que a pesar de los pasos dados, resulta imprescindible establecer una política integral de aprovechamiento de los recursos forestales y de rehabilitación y protección de las áreas afectadas por la minería a cielo abierto.

De lo que se trata es de cumplir al pie de la letra lo estipulado en la Ley 76 de Minas y la 81 de Medio Ambiente para minimizar el impacto de la extracción y acarreo de mineral y las pérdidas de madera, de gran valor en el mercado internacional.

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