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La UE e Israel en la alianza de los halcones

UE e IsraelLa decisión de la Unión Europea (UE) de mantener las sanciones económicas contra Teherán, a pesar del acuerdo preliminar suscrito en Ginebra por la República Islámica y el denominado Grupo 5 + 1, Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unidos más Alemania sobre el programa nuclear iraní, se une a la histérica reacción y las amenazas del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, opuesto a esas negociaciones.

Ambas posiciones forman parte de la alianza de halcones que pretende mantener las tensiones que han prevalecido en torno a la decisión y pleno derecho de Irán al uso de la energía nuclear con fines pacíficos y a la exigencia de Occidente de poner fin a ese programa.

El pacto, considerado por la comunidad internacional un importante paso de avance hacia la solución pacífica y diplomática del diferendo sostenido por las potencias occidentales con Teherán, deberá ser implementado a partir de enero del 2014 y prevé la reducción del enriquecimiento del uranio iraní a un 5 % en comparación al 20 % de su anterior procesamiento, y el levantamiento paulatino de las severas  sanciones políticas, económicas y financieras extranjeras, que han causado un notable perjuicio a la economía y al nivel de vida de población del país.

Tiempo atrás, era improbable que un compromiso de esta índole, calificado por Rusia “como una victoria para todos” pudiera concertarse de forma mutua, debido a la intransigente e injerencista política de Estados Unidos y sus aliados respecto al desarrollo nuclear de Teherán, no obstante el derecho que le asiste por el reconocimiento de Naciones Unidas a ese ejercicio y las reiteradas inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), de la cual es miembro, al igual que firmante del Protocolo de No  Proliferación.

La acogida dada a este arreglo y sus perspectivas futuras alientan, sin sobredimensionarla, la posibilidad de que se abran nuevos cauces a  soluciones diplomáticas y reduzcan el tenso clima de confrontación que ha signado el rechazo imperialista al proyecto energético de la República Islámica, y que tanto el grupo europeo, Tel Aviv y los aliados de Washington en el Oriente Medio se empeñan en mantener como medida de presión al Gobierno persa.

En la génesis de este logro se perciben las bases del programa político del nuevo presidente de Irán, Hassan Rouhani, encaminado a mejorar las relaciones con Occidente y hacer colapsar sus sanciones, sin renunciar al programa nuclear, y al propósito de desarrollar la economía del país en beneficio de la población, la exitosa participación rusa, así como un aparente cambio de rumbo de la Casa Blanca en cuanto a lograr por medios no belicistas resolver un contencioso que por sus anteriores intenciones podía derivar en un conflicto armado, capaz de extenderse a toda la ya convulsa región del Oriente Medio.

De una gran importancia es el hecho de que la ciudadanía norteamericana celebre complacida y haya dado su apoyo al acuerdo y a las declaraciones del presidente Barack Obama de retomar la vía diplomática en su política exterior, por su mayoritaria negativa a que Estados Unidos se vea envuelto en nuevas confrontaciones bélicas, como en la de Afganistán, Irak, o Libia, alentadas por los grupos de poder del complejo militar-industrial, sectores ultraderechistas del Congreso y el Comité de Asuntos Políticos de Estados Unido-Israel , el más poderoso lobby israelí.

Sectores que se pronuncian por un aumento de las sanciones a Irán para obligar a desistir de su programa nuclear. A este airado coro se ha unido el premier israelí, Benjamín Netanyahu, líder del ultrarreacionario Partido Likud, que encabeza el Gobierno de coalición sionista, y quien ha reiterado sus amenazas de un ataque unilateral a Irán para destruir sus centrales nucleares.

Según informó el diario israelí Haaretz, Netanyahu, soslayado y sin  ningún protagonismo en las negociaciones del grupo 5 +1 con Teherán, sin ocultar su particular enojo con Estados Unidos dijo a los líderes de esas potencias que el acuerdo con Irán «es malo y hará cuanto sea posible para que no lo firmen”.

Entre partidarios y furibundos adversarios del diferendo transitarán las futuras negociaciones y su implementación, que de forma mayoritaria han sido acogidas con expectativas y mucho beneplácito en el escenario mundial, pero que deberán recorrer todavía un camino plagado de escollos para lograr sus objetivos.

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