Universidad Popular José Martí: Siembra de cultura y de justicia

Universidad Popular José Martí: Siembra de cultura y de justicia

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Universidad Popular José MartíNo existía entonces la imponente escalinata que distingue a la Universidad de La Habana, por eso, desde el 3 de noviembre de 1923 en que se inauguró la Universidad Popular José Martí, cientos de obreros ascendieron la colina para acceder a las aulas.

Estas, que no estaban concebidas para la enseñanza nocturna, carecían de iluminación, inconveniente resuelto por los estudiantes de ingeniería quienes realizaron la instalación eléctrica en las seleccionadas para impartir las clases.

Son apenas dos detalles reveladores de que en la casa de altos estudios se estaba produciendo un hecho nuevo, revolucionario. Era la materialización de una idea acordada en el recién efectuado Congreso Nacional de Estudiantes a propuesta de Mella y que tenía como sustento la Declaración de Derechos y Deberes del Estudiante, también aprobada en el cónclave, donde se estableció su deber de divulgar sus conocimientos en la sociedad, principalmente entre el proletariado manual.

Pero el alcance de aquella institución surgida hace 90 años, en una sociedad explotadora aherrojada al imperialismo estadounidense, era mucho más ambicioso. Se trataba de preparar a la clase obrera para que pudiera ejercer su papel como vanguardia transformadora de la sociedad. Instruir para alcanzar justicia social.

De ahí que las materias abarcaran desde clases para analfabetos y la impartición del nivel primario de enseñanza, hasta conocimientos sobre la legislación obrera vigente para que los trabajadores aprendieran el uso del aparato legal de la burguesía; de la historia de Cuba y universal, análisis de la realidad del país; literatura, ciencias naturales, medicina social e higiene, y otros temas.

Además de los cursos regulares se organizaban veladas culturales donde el “plato fuerte” eran las materias sociales y políticas, las que se acompañaban de presentaciones artísticas donde en ocasiones actuaban grupos de aficionados de obreros o de estudiantes.

La institución era dirigida de manera conjunta. La presidencia la desempeñaba Mella y el cargo de secretario lo ocupaba el tabaquero José Manuel Acosta. Cada sindicato designaba a dos delegados y la suma de estos y de parte del profesorado formaba la dirección. Cuadros sindicales de la talla de Alfredo López apoyaron desde los inicios al novedoso organismo docente.

Cuando el ambiente en la colina universitaria empezó a enrarecerse por el avance de las fuerzas reaccionarias y la claudicación de algunos dirigentes estudiantiles, la Universidad Popular se trasladó durante un tiempo al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y después a los locales sindicales como la Federación de Torcedores de La Habana, la Federación Obrera de Bahía, la Hermandad Ferroviaria y otros centros obreros en San Antonio de los Baños, Regla, Guanabacoa, Marianao, la calle Zulueta…

Fue en la escalera del actual Palacio de los Torcedores donde un grupo de profesores se tomaron la foto que acompaña a este texto. Entre ellos se encuentran Mella, Rubén Martínez Villena —quien asumió la dirección cuando Mella tuvo que partir al exilio—, Sarah Pascual, Gustavo Aldereguía, José Z. Tallet, entre otros, incluidos exiliados revolucionarios latinoamericanos que colaboraron con la iniciativa. No solo para los alumnos sino también para los profesores la Universidad se convirtió en escuela de revolucionarios. Por su valiente postura ante cada acontecimiento que lesionaba la conciencia popular y su decidido apoyo a las causas justas en el mundo, la institución se atrajo el odio de la dictadura de Gerardo Machado, que la consideró “un peligroso foco de propaganda comunista” y prohibió su funcionamiento en 1927.

Sobre ello escribió Mella: “(…) la enseñanza de la Universidad Popular José Martí ha insurreccionado a más de una conciencia dormida y domesticada, la ha insurreccionado contra el despotismo político, contra la injusticia económica, contra la dominación extranjera, contra el ‘valor› de la ignorancia. (…) de su lanzamiento a la ilegalidad por la fuerza de los reaccionarios, se desprende que no es su existencia anacrónica ni utópica, sino necesaria y efectiva: ha cumplido una función social”. Pie de foto: Un grupo de profesores de la Universidad Popular José Martí, dentro de los que aparecen Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena.

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