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Congreso estudiantil pensando en los obreros

En octubre de 1923 el Aula Magna de la Universidad de la Habana fue escenario de un acontecimiento revolucionario que no solo apuntó hacia la renovación de la enseñanza en la casa de altos estudios sino además fue expresión de la postura del estudiantado progresista ante los problemas del país y del continente.

Organizado por Julio Antonio Mella, en la reunión participaron delegados representativos de la universidad, centros de enseñanza media, colegios privados y la prensa estudiantil.

El congreso fue la repercusión en Cuba de un movimiento de reforma universitaria que había tenido un gran impacto en Argentina, Perú Chile y México.

Los males de los centros de enseñanza superior en el continente, contra los cuales se enfrentaron los estudiantes reformistas, eran comunes: rutina y verbalismo en la impartición de las clases, carencia de laboratorios, profesores despóticos y anquilosados, que especulaban con los libros de texto y a quienes más que educar les interesaba cobrar sus salarios; ausencia total de participación del alumnado en la vida universitaria, corrupción promovida por el régimen dentro de las casas de altos estudios…

Eran situaciones que  Mella resumió de forma elocuente en su discurso en el Aula Magna, cuando dijo: “…sangre son mis palabras y herida está mi alma al contemplar la Universidad como está hoy.” y subrayó: “vengo a pedir las reformas de la Universidad, declarando que no habré de callarme, ni ante la coacción, ni ante la amenaza, que no claudicaré, y que pondré al descubierto todas las lacras que hay en esta Universidad.”

Además de los acuerdos adoptados para modificar esa situación, el Congreso aprobó la Declaración de Derechos y Deberes del Estudiante, en la cual se estableció el deber del estudiantado de divulgar sus conocimientos en la sociedad, especialmente entre el proletariado manual, “Por ser este – según se polasmó en las actas del evento- el más afín al proletariado intelectual, debiendo así hermanarse los hombres del trabajo para fomentar una nueva sociedad, libre de parásitos y tiranos, donde nadie viva sino en virtud el propio esfuerzo.”

De esa concepción nació la creación de la Universidad Popular José Martí, que se haría realidad días después.

Los jóvenes protestaron además por los atropellos cometidos

contra diversos pueblos latinoamericanos; se pronunciaron contrarios a todos los imperialismos, y en particular contra la intromisión del imperialismo yanqui en los asuntos internos de Cuba y contra la Enmienda Platt, la cual pretendió ser defendida por delegados reaccionarios lo que suscitó un debate en el que resaltó la madurez de los argumentos de Mella sobre el impuesto apéndice constitucional que lesionaba la soberanía cubana.

El líder estudiantil promovió en el cónclave el estrechamiento de relaciones con el estudiantado latinoamericano, la unidad continental contra el Panamericanismo propugnado por estados Unidos y la promoción de acciones a favor de las naciones del continente.

También hubo pronunciamientos contra el régimen imperante en Cuba en aquellos momentos y el capìtalismo universal y se aprobó enviar un cordial saludo a la Federación Obrera de La Habana, “haciéndole presente los deseos de una perfecta unión entre estudiantes y obreros, mediante el intercambio de ideas e intereses, con el fin de preparar la transformación del actual sistema económico, político y social sobre la base de la más absoluta justicia.”

En pleno congreso surgió la revista Juventud, órgano de los estudiantes renovadores, fundada por Mella, y una muestra de que el pensamiento de aquellos jóvenes estaba muy vinculado al de la clase obrera, fue que uno de sus colaboradores fue el dirigente proletario y entonces presidente de la Agrupación Comunista de La Habana, Carlos Baliño, y la revista comenzó a imprimirse en la imprenta de los tabaqueros.

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