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Todo se vuelve mercancía

Estatuillas a la venta en Objetos de Arte Toledano. Foto: Tomada de El País.
Estatuillas a la venta en Objetos de Arte Toledano. Foto: Tomada de El País.

El día en que me asesinen la consciencia y los principios, no me ofenderán algunas informaciones y textos que lea. Conseguiré darles el valor de insulsos.

Tal vez sea que no soy bueno entendiendo las cosas o que mi comprensión está a buen recaudo de construcciones individuales, por ejemplo, mi sicología, mis bases políticas, morales o culturales.

Siendo indolente le daría otra lectura al universo. “No es para tanto, tú no eres de allí. El insulto le corresponde a ellos”, me repetiría, tratando de convencerme, de desprenderme de mis consideraciones.

Quizás entonces, cuando lo logre, vea con naturalidad y con buen humor, que en pleno centro de Madrid se venden estatuillas de Francisco Franco con una pistola en la mano; el caudillo, el dictador que hizo una borrasca en la historia española.

Cuesta 120 euros la figurita de la figura que costó a los ibéricos cientos de miles de muertos. Recuerdo la excelente referencia del fuego asesino de obuses en las crónicas que escribió Carpentier de la Guerra Civil Española. El maestro sacó belleza de la monstruosidad que lo rodeaba.

“A cualquier hora, en cualquier instante, los aviones pueden dejar caer sobre estas viejecitas, sobre estos niños, sobre estos modestos empleados ferroviarios, feroces cargas de explosivos”, relata el autor de El reino de este mundo.

Aquel conflicto sirvió de preludio a los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Los enfrentamientos armados son feos. No lo dude nadie.

Volviendo al tema que me ocupa, feo y nada artístico es que se ponga en venta un Franco en miniatura en el país que vivió en carne propia los vejámenes del denominado franquismo, dictadura fascista que fustigó al comunismo, a las manifestaciones de oposición en general; mató inocentes y lapidó la soberanía.

Aun así, quien vaya a la tienda “Objetos de Arte Toledano”, en el número 10 del Paseo del Prado, encontrará a Francisco Franco con una pistola en la mano, impasible, imposible en caso de aplicarle el sentido común.

Cerca de la tienda está el Hotel Ritz, el Museo Thyssen y el Hotel Palace. Madrid recibió 2 millones y medio de turistas en el primer semestre de este año. Alguno que otro, habrá visitado la tienda de Arte Toledano, que tiene un Museo Medieval que  expone armaduras y complementos de esa época.

Luego habrá visto, incoherentemente, al Franco minimizado. Por si fuera poco, a este lo acompañan, con idéntico precio, Hitler con el brazo en alto y Bernhard Rust, el ministro de Educación de la Alemania nazi. Hay más estatuillas que decoran lo indecoroso allí, pero las nombradas me sobran para una sensación de desagrado.

Lo cierto es que en esas figuritas se concentra una torpeza enorme. Los turistas quizás concluirán después de visitar Objetos de Arte Toledano que en España escasea la inteligencia, algo que ya en los tiempos de la  colonización saqueadora de América podría interpretarse.

Como sea, la realidad demuestra que ante los ojos del capital poco importan las estupideces garrafales. Todo se vuelve mercancía. Todo es cambiable por dinero. Todo, incluso Franco y Hitler.

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