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El sueño de que todos bailen

Crónicas de hombres con abanicos, de Esteban Aguilar. Fotos: Yuris Nórido
Crónicas de hombres con abanicos, de Esteban Aguilar. Fotos: Yuris Nórido

Por Lester Vila y Yuris Nórido

Guantánamo siempre  fue una plaza peculiar  para la música y el baile.  Ahí se fundieron, como  en pocos lugares de la  isla, disímiles influencias,  caminos creativos.  Ladislao Navarro, coreógrafo  y maestro, habla de  la gran tradición francohaitiana,  que se mezcló  con el acervo africano  y español, con los bailes  campesinos y ya en el  siglo XX con la música  estadounidense —particularmente  el jazz— que  se escuchaba en la cercana  Base Naval. “Y en  medio de ese panorama,  aparece (la bailarina  norteamericana) Elfriede  Mahler, con toda la  experiencia de la danza  contemporánea. Algo tenía  que salir de ahí”. Y  salió. Gracias al trabajo  de Mahler y de sus alumnos  (Navarro entre ellos)  la ciudad consolidó un  movimiento coreográfico  e interpretativo considerable.

Primero fue Danza  Libre, y ahora ya se  cuentan tres agrupaciones  profesionales. Danza  Fragmentada, la compañía  que fundó y dirige  Ladislao Navarro, celebra  por estos días su  aniversario 20. “Yo primero  no pensaba hacer  una compañía —cuenta  Navarro—, hice mi tesis  de grado ensayando una  novedosa forma de enseñar  la danza, con nuevos  métodos, estructuras…  lo que se dice: un laboratorio.  Quería que gente  con cierta edad y que  nunca hubiera soñado  con bailar, se acercara  al arte de la danza. Una  cosa llevó a la otra y ya  tenemos una agrupación  consolidada”.

No es una gran  compañía, el elenco lo  integran menos de 20  bailarines, pero está  perfectamente establecida.  Su hermosa y funcional  sede, en el centro  de la ciudad, es al mismo  tiempo local de clases y  ensayos, academia artística  para niños y jóvenes  y escenario de presentaciones.  El trabajo cultural  con la comunidad es  uno de los blasones del  colectivo.

La bailarina Lídice  Correoso piensa que  Danza Fragmentada,  además de un centro  profesional muy riguroso  (“con el nivel artístico de  los mejores conjuntos del  país”), es una verdadera  familia. “Aquí se forman  valores”. Esteban Aguilar,  bailarín y coreógrafo,  habla de la dimensión  popular de la compañía:  “No creamos solo para  un público conocedor, lo  hacemos para todos los  públicos. Tratamos muchos  temas sociales, bailamos  en el teatro, en las  plazas, en las escuelas y  los barrios. El arte siempre  convence. La danza  es la respiración del  alma”.

Danza Fragmentada  atesora un repertorio  amplísimo, en el que  confluyen coreógrafos  de diversas formaciones  e intereses temáticos y  estilísticos. Pero hay un  denominador común:  los desafíos del hombre  contemporáneo. Algunas  creaciones son líricas y  hermosas, otras hacen  más énfasis en la carga  conceptual, algunas son  francamente experimentales…  pero todas proponen  un acercamiento  esencialmente humano.

El sueño de Ladislao  Navarro se hizo realidad.  Algunos de sus bailarines,  incluso, no estudiaron  en academias  de arte y han alcanzado  relevantes resultados  artísticos. “Que todo el  que quiera bailar, baile.  Nosotros le abrimos  nuestras puertas” —concluye.

Esquizofrenia, del coreógrafo invitado Yoel González Rodríguez. Todas estas obras fueron presentadas en la más reciente gira nacional de la compañía.
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