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Alfredo Velázquez en la memoria

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Uno de los más destacados coreógrafos y maestros cubanos del momento, Alfredo Velázquez, falleció este fin de semana en Guantánamo, víctima presuntamente de un homicidio.

El artista tenía 44 años y una carrera impresionante. Era el director de Danza Libre, la principal compañía de Guantánamo, una ciudad que cuenta con uno de los más consolidados movimientos coreográficos en Cuba.

Al frente de esa agrupación, Alfredo Velázquez siguió la obra de la maestra y bailarina norteamericana Elfriede Mahler, de la que fue alumno. Danza Libre, fundada por Mahler, se caracteriza por asumir el repertorio folclórico y contemporáneo.

Velázquez era un coreógrafo de singular inspiración: la amplitud de su vocabulario, la belleza de sus obras y sus profundas implicaciones fueron reconocidas por la crítica y el público.

Era también un destacado maestro, puntal de la enseñanza de la danza en Guantánamo, muy vinculado a la Escuela de Arte de la provincia.

Desde su ciudad, la capital provincial más alejada de La Habana, Velázquez trascendió en el ámbito nacional. Fue el artífice de un encuentro de maestros de danza que reunió a las más importantes figuras de ese arte en Cuba.

No se sentía víctima del «fatalismo geográfico»: «Yo no me siento apartado, marginado. Esos conceptos muchas veces solo están en la mente. De espaldas al mundo puede estar una compañía en Guantánamo, pero también una en La Habana. Lo que hay que hacer es dialogar, establecer vías de comunicación, trabajar, romper muros. Estoy en Guantánamo porque quiero, porque este es mi contexto» —afirmaba en una entrevista publicada hace unos meses por este periódico.

Nunca quiso ser el único coreógrafo de su compañía, promovía la creación entre sus bailarines (de hecho, Danza Libre ha devenido un interesante laboratorio coreográfico) y propiciaba montajes de artistas invitados.

“¿Quién soy yo para aplastar el sueño de alguien? Aquí todos tienen espacio para expresarse, para explorar su potencial. No te digo que sea fácil, pasamos trabajo para garantizar las producciones, hay que inventar mucho. Pero en la experimentación, en ese deseo de probarse está el comienzo de todo», decía en la entrevista.

Gracias a su empeño y al de sus compañeros, Danza Libre se presentó en importantes escenarios de Cuba y el mundo. Solo un ejemplo: la compañía tuvo una exitosa temporada en  la Opera Royal House de Londres.

Precisamente en Gran Bretaña, Velázquez trabajó  como coreógrafo, con la compañía JazzXchange. En ese país también ofreció clases de danza contemporánea. Era invitado habitual de universidades norteamericanas.

Entre sus obras se destaca Intimidad, a partir de un poema de Regino Boti, uno de los más hermosos dúos del repertorio cubano de los últimos años. Asumió además la gran tradición afrocubana, con piezas de gran colorido e imaginación.

Alfredo Velázquez estudió hasta finales de los años 80 en la Escuela Nacional de Danza Moderna y Folclórica en La Habana. Fue bailarín fundador de la Compañía Profesional de Danza de Guantánamo, semilla de Danza Libre. Era Licenciado en Artes Escénicas, con especialidad en Danza Contemporánea, del Instituto Superior de Arte (ISA).

Su sepelio tuvo lugar el domingo, en el cementerio de Guantánamo. Centenares de personas —amigos, compañeros de trabajo, artistas, admiradores— acudieron; su compañía bailó en su homenaje.

Alfredo Velázquez estaba satisfecho con su vida y con su arte. Concluía así la entrevista: «Yo soy una persona extraordinariamente feliz. Siempre he disfrutado lo que he hecho. Miro a mi alrededor y me siento satisfecho. Hemos hecho mucho por el desarrollo artístico en Guantánamo. Queda por hacer, claro. Eso nos inspira a seguir trabajando. Pero cada cosa que hacemos es un acto de plena felicidad”.

 

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