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El S.O.S de una melodía

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Para los trabajadores, la fabricación de violines de souvenir es también una estrategia de subsistencia. Foto: Leandro Armando Pérez Pérez

Cerca de 40 años tiene esa instalación de la cual emana lo mismo el sonido de una sierra y un martillo, que el olor de la madera recién cortada y alguna que otra tonada musical. Desde hace casi 40 años los pobladores del municipio Minas, de Camagüey, asisten al milagro de ver nacer un violín con el esfuerzo de las manos de unos hombres que aprendieron por la sabiduría de un autodidacta.

Para los foráneos puede que el aroma los engañe y no crean que en esa calle, algo alejada del centro del pueblo, se erija la Fábrica de Violines, la única atrevida en el arte de construirlos artesanalmente en Cuba y en Latinoamérica. Y es que la característica majestuosidad de lo único, la elegancia de lo especial, la arrogancia de lo inigualable… no son frases que la describen. Sin embargo, las palabras que la identifican son la sencillez, la humildad de los que allí laboran y una rusticidad que emula con el deterioro de sus instalaciones.

Ubicada en un municipio alejado de la “capital” musical, esta fábrica, lleva algún tiempo pulsando las mismas notas graves de una situación que desespera. La materia prima se acaba, la instalación amerita reparación y lo peor “estamos en un bache productivo y hasta se ha interrumpido la producción, por suerte solo un mes”, explica Zoraida Vernon Gremidge, jefa de producción.

Historia de una composición

Las manos constituyen el principal instrumento de estos obreros, quienes tallan casi todas las partes de los violines. Foto: Leandro Armando Pérez Pérez

En Minas, hace varios años el carpintero Álvaro Suárez Ravinal tuvo un sueño. Había adquirido, gracias a manuales que le obsequiaron, una nueva pasión por la construcción de violines, de forma autodidacta. Con la misma rapidez que inició esta nueva labor se difundió su fama, que llegó hasta los oídos del Comandante de la Revolcución Juan Almeida Bosque, quien apoyó la idea de inaugurar una escuela taller para enseñar a construir violines en esas tierras.

El 23 de diciembre de 1976, gracias al empeño de muchos, se fundó la fábrica, la cual mantiene las mismas características constructivas de aquellos años, solo ha cambiado la producción. “Aquí se hacían guitarras, tres, violines, laud… Pero la fábrica ha pasado muchas transformaciones y dificultades, sobre todo después del período especial. El problema es que se trabaja con maderas preciosas importadas y si no entran al país no se puede producir. Lo mismo pasa con las cuerdas para los violines y guitarras”, explica Zoraida, la también tecnóloga en fabricación de instrumentos.

Cerca de 30 constructores de instrumentos de cuerda enfrentan día a día malas vibraciones que impiden sentir las notas de las guitarras y violines que allí nacen. En el año 2012, de la noche a la mañana, pasaron de la Industria Nacional de Instrumentos Musicales, su representante desde el primer momento, al Centro Provincial de la Música, pero los problemas continuaban.

¿Qué hacer? Fue la pregunta que todos se hicieron porque, como recuerda Gustavo Noy Misa, especialista en tallado de tapas y fondos, “nosotros no queríamos quedarnos sin trabajo”. Además, podría perderse este arte, ya que no se enseña en las escuelas y solo sobrevive gracias al amor que impregnan a pie de obra, y en sus discípulos, los seis integrantes de la brigada de fabricación de violines.

Al parecer, en la diversificación del objeto social se han puesto todas las esperanzas.  Nuevas estructuras y medidas la solventará, como aclara Zoraida: “por ahora hemos incorporado a la producción violines y guitarras pequeñas, porque en estos momentos no tenemos las condiciones para producir instrumentos más grandes. Nos faltan materiales de importación como la cuerda, el clavijero, el arco que se hace de la crin del caballo”.

En busca de Sol

La elaboración de violines de estudio los hace únicos, por eso no quisieran perder su esencia. Foto: Leandro Armando Pérez Pérez

Aún cuando estos hombres dejan a un lado la producción de instrumentos de estudio, la paciencia y lo minucioso de su trabajo no merma. “Entre un instrumento profesional y el souvenir la diferencia solo está en el tamaño, –acota el especialista Iván Valls García – por ejemplo, tallar un brazo lleva la misma complejidad en los dos tipos y si algo sale mal se debe comenzar otra vez”.

Es que los trabajadores de este colectivo se caracterizan por la entrega, por eso, en aras de mantenerse en pie, solicitaron una licencia comercial para reabrir la tienda de ARTEX, en la cual años atrás comercializaban sus productos y se incluían como ruta turística.

Estos apasionados atesoran 37 años cumpliendo con el horario laboral, con los planes, con la tradición. No se amilanan cuando falta madera, cuando la hoja del sinfín y la sierra se parten, cuando el único juego de gubias, procedentes de la antigua URSS, continúa desgastándose sin posibilidad de sustitución… más bien se consagran aún más porque son útiles a centros penitenciarios, escuelas de música, casas de cultura y a disímiles intérpretes cubanos que reconocen que un violín hecho a mano le da un sello particular y único a su presentación.

Zoraida Vernon Gremidge, jefa de producción, muestra parte de la poca madera con que contaban en el almacén, cuando se realizó la entrevista. Foto: Leandro Armando Pérez Pérez

 

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