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Pelotón Femenino Mariana Grajales: La integrante ausente

“Pocas personas podemos contar esto sobre Clodomira, y yo lo hago con mucho orgullo”, asegura Lilia. Foto: Heriberto González Brito

Su nombre no aparece en la relación de las integrantes, ni hasta hoy se ha dicho, pero Clodomira Acosta Ferrales perteneció al Pelotón Femenino Mariana Grajales, oficialmente creado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 3 de septiembre de 1958.

La aseveración proviene de Lilia Rielo Rodríguez, fundadora de esa unidad femenina, quien accedió a conversar con Trabajadores acerca del acontecimiento que tanto entusiasmó a todas:

“Días después del contundente rechazo a la Ofensiva de Verano del ejército de la tiranía contra la Sierra Maestra, en la Comandancia de La Plata se comenzó a hablar de la creación de un pelotón femenino, lo cual provocó nuestro júbilo, en especial el de Clodomira, quien gozosa saltaba en el camastro donde dormía, en la cocina de la Comandancia.

“Su alegría se vio opacada por la necesidad de realizar un viaje a La Habana con una encomienda del Comandante en Jefe, quien de alguna manera se percató de su frustración y le aseguró que ella pertenecía al pelotón y podría incorporarse a su regreso.

“La noche antes de su partida, Norma Ferrer fue a verla. Cuenta que Clodomira lloró mucho, porque quería quedarse. No obstante, disciplinada y cumplidora, partió al día siguiente, muy tempranito.

Pocas personas podemos contar esto sobre Clodomira, y yo lo hago con mucho orgullo”. Pero esbirros de la tiranía impidieron el retorno de la valiente joven, porque el 12 de septiembre Clodomira y Lidia Doce Sánchez, también mensajera de Fidel, fueron detenidas en una casa del reparto Juanelo, en San Miguel del Padrón, en compañía de los combatientes clandestinos Alberto Álvarez Díaz, Onelio Dampiel Rodríguez, Leonardo Valdés Suárez y Reynaldo Cruz Romero, conocidos como los Mártires de Regla. Días más tarde, horriblemente torturadas, ambas mujeres, aún con vida, fueron lanzadas al mar.

Formación del pelotón

En los últimos días de agosto se esperaba la llegada de unas armas, y Fidel, convencido de que habría que perseguir a los guardias porque estos no entrarían más a la Sierra, comenzó a hablar de formar un pelotón de mujeres, a quienes solo les faltaba combatir con un fusil.

“Esa determinación no fue del agrado de la mayoría de los hombres, pues decían que cómo iba a armar a las mujeres cuando muchos carecían de armas. Se pusieron bravísimos, sobre todo unos cuantos oficiales que se encontraban en el hospital.

“Pocas personas podemos contar esto sobre Clodomira, y yo lo hago con mucho orgullo”, asegura Lilia. Foto: Heriberto González Brito

“Fidel se molestó y una noche, ya un poco tarde, se apareció en el hospital con todas las que estábamos allí, que no éramos muchas, y en reunión en la cual participaron los hombres, habló, entre otras cosas, del desempeño de las mujeres en las guerras de 1868 y 1895; de Clara Zetkin; de la situación en que vivía la mujer, discriminada y en muchos casos obligada a prostituirse para subsistir, y de la necesidad de reivindicarla. Cuantos se oponían permanecieron callados”.

La organización del pelotón fue muy rápida. Lo integraron 13 compañeras: las tenientes Isabel Rielo Rodríguez y Delsa Esther Puebla Viltres, Teté, como jefa y segunda jefa respectivamente; Olga Guevara Pérez, Eva Palma Rodríguez, Lilia Rielo Rodríguez, Rita García Reyes, Angelina Antolín Escalona, Edemis Tamayo Núñez, Norma Ferrer Benítez, Flor Pérez Chávez, Juana Peña Peña, Orosia Soto Sardiña y Ada Bella Acosta Pompa.

De entrenarlas se ocupó el propio Fidel:

“Como la Sierra ya era nuestra, pasábamos días enteros subiendo y bajando lomas. Fidel, que iba con nosotras, a veces nos llevaba para Vegas de Jibacoa, otras a la escuela de reclutas, en Minas de Frío. Escogía los horarios más difíciles y cuando estábamos agotadas hacía una paradita debajo de cualquier árbol, sacaba un libro de literatura marxista y nos leía algún pasaje.

“Celia no perteneció al pelotón, por sus responsabilidades en la Comandancia, pero fue su principal promotora. Y en cuanto a Clodomira, es justo que esa historia se sepa”.

El primer combate de las Marianas como tales fue el 27 de septiembre en Cerro Pelado, donde fueron ubicadas en una curva por donde podría llegar el refuerzo enemigo. Sobre este particular, en su obra La contraofensiva estratégica, Fidel reseñó que lo hicieron “(…) soportando firmemente, sin moverse de su posición el cañoneo de los tanques Sherman”.

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