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La parábola del continuo agresor

Por Rafael González Escalona

Lo volverán a hacer. Como esos guiones de los mejores bodrios del cine comercial, en los que ni se molestan por cambiar una coma de la trama, y a veces -como es el caso- ni los actores. El gobierno de Estados Unidos y sus compañeros de ruta se lanzarán otra vez sin el consentimiento de su pueblo (ni el de ningún otro pueblo) en una guerra que seguirá sumando muertos a la lista interminable, que enriquecerá al 1% mientras el resto pone la crisis, los ataúdes y los muertos que van en ellos.

Ahora es el turno de Siria y la trama se desarrolla según lo planificado: un escenario de una inestabilidad política extrema, una ola de levantamientos populares, un ejército de rebeldes que luchan contra la dictadura, un ataque químico de dudosa procedencia pero que será imputado al gobierno hasta en los libros de historia, un aumento de la palabrería patriotera y la retórica belicista por parte de los voceros del Eje del Bien.

Qué importa que la ONU esté o no de acuerdo, qué importa que Rusia y China movilicen tropas –pura pantomima, actores de relleno, figurantes sin derecho a un hueco en los créditos-, qué importa que la opinión internacional condene la agresión; el gobierno de Estados Unidos continuará rodando la 3ra Guerra Mundial en su nuevo set –sí, la 3ra Guerra Mundial; ¿qué cosa es sino eso que empezó en 2001, que ha involucrado a más de medio centenar de países, que ha tenido un costo superior a los 4 trillones de dólares (solamente para Estados Unidos) y 300 mil muertos, y con unas consecuencias económicas y políticas incalculables?-. Claro que, como las bombas no destruyen la lacónica Londres ni el toque de queda es en París, una parte del mundo apoya sin cargos de conciencia la cabeza en la almohada.

Mientras, en la soleada California, el séptimo mayor fuego en la historia del estado sigue imparable su rumbo, devorando hectáreas de bosque en el Parque Yosemite. Para enfrentar –es un eufemismo, apenas ha logrado detener el 20 %- semejante desastre, el gobierno de Estados Unidos destina solo 4 mil bomberos. No sé ustedes, pero veo algo de parábola bíblica en todo esto.

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